Responsable: Mónica Marchesky

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viernes, 27 de noviembre de 2015

CIERRE DE ESCRITORES CREATIVOS 2015 BIBLIOTECA ERNESTO HERRERA


TAREA CUMPLIDA

Entre los tres Talleres de Escritores Creativos 2015, se han presentado
en 7 meses:

145 textos de cuentos

3 juegos colectivos

5 juegos electrónicos

2 guiones de cortometraje

1 artículo.

Todos corregidos y publicados en el blog:

Ha sido un buen año productivo y creativo. Agradezco a todos los integrantes de los tres talleres por la buena onda y la participación.

Hasta la próxima:
Monica Marchesky.

lunes, 23 de noviembre de 2015

LA NIEBLA: CUENTO Y GUIÓN

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera. 

Águeda Gondolveu
¡Tengo que volver! No puede haberse disipado en la niebla. 
Esta misma niebla que hoy nos atrapa, dibujando apenas la silueta de los viejos edificios de la calle Ituzaingó. Estaba en aquel zaguán. Llevaba un fino abrigo y parecía la imagen de la desolación. Me acerqué. Le pregunté si podía ayudarle. -Si, dijo, necesito tomar algo caliente. Tengo mucho frío.
-Vení, le dije, vamos hasta el bar de la esquina y tomás lo que quieras, yo te invito.
Sus pasos menudos se adaptaron a los míos. Llegamos al bar. Le pregunté su nombre. No quiso decírmelo.
-Pensé que mi nombre es niebla, como ésta que nos envuelve.  Todo pasó en forma vertiginosa.
-Le pregunté, ¿Tenés adónde ir?
-Si, me respondió, vivo en la otra esquina.
-¿Cuál?, quise saber. No importa, me encontrarás alguna vez en el zaguán.
-Te acompaño, le dije.
-No, me respondió. Gracias. Hasta cualquier momento.

A la tarde siguiente, al salir del trabajo la busqué. No había niebla. Tampoco estaba ella en aquél zaguán. Pensé que el nombre que me dijo se adaptaba perfectamente a ella. La niebla estaba en sus ojos. No podía apartar  de mi mente esa mirada. No la encontré. Me quedé largo rato en ese lugar. Por fin, decidí irme a casa. Durante varias semanas fue mi obsesión volver a verla. Por fin me decidí. Golpeé la puerta de aquella casa y espere. Salió una desgreñada mujer con una bata agujereada, que dejaba ver retazos de esa vida miserable que le tocó vivir.
-¿Qué buscás?, me dijo.
-A ella.
-¿A quién?
-A niebla.
-¿Qué decís, estás loco? ¿Qué querés?
-Verla.
-No sé de quién estás hablando.
Le expliqué como pude que una tarde de niebla,  un mes atrás, estaba en ese zaguán una muchacha con frío.
-Acá no vive nadie más que yo, el desgraciado de mi marido se mandó mudar.
-No, le dije, me contó que vivía a una cuadra de acá.
Pensé que la conocería ya que aquí la encontré.
-Preguntá en la farmacia. Ahí trabaja una mujer que puede ser la que buscás. Te digo porque ésta suele venir a molestar y cada vez que la veo la tengo que echar.
-¿Sabés porqué se queda acá? Porque cada tipo que para la lleva a tomar algo y de esta manera, aprovechando el atractivo de la juventud se va con la barriga caliente.
Perplejo  fui adonde me indicó la irascible mujer.
-Buenas tardes, dije, busco  a una muchacha que trabaja aquí.
Tiene ojos claros, es menuda y triste.
-¿Cómo se llama?
-No lo sé. Niebla me dijo
-Ah, muchacho, con esos datos no sé de quién hablas.
-Esperá que te presento a una de mis empleadas, Recién empieza el turno, la otra se retiró hace unos instantes. La chica se acercó y no era ella. Como pude, di las gracias y mis pasos volvieron a dirigirse a aquél zaguán.
En ese momento la vi, me fui acercando pues estaba a cierta distancia. Un hombre se detuvo. Hablaron y salieron rumbo al bar de la esquina. Sentí que me envolvía en ella. Derrotado, regresé a mi refugio. Otra ilusión que se esfumó.
Quizás había sido sólo un sueño, quizás esa muchacha nunca existió y le dieron vida mis ansias, mi soledad.
Mañana, tomando otros rumbos, quién sabe en qué me encontraré.





LA NIEBLA.
Guión literario para cortometraje de 10 minutos.
Autor: Águeda Gondolveu

SECUENCIA 1 EXTERIOR. TARDE.
Hay una niebla espesa. Cubre los edificios de la calle Ituzaingó. Vemos a una mujer en un zaguán (Mujer 1). Es menuda, de aspecto frágil, tiene frío. Vemos acercarse un hombre (Hombre 1) caminando con paso rápido. Se detiene, se acerca a ella.
Hombre 1
-¿Te puedo ayudar en algo?
Mujer 1
-Invitame con un café


SECUENCIA 2 INTERIOR BAR, TARDE:
Se ve al hombre y la mujer sentados a una mesa. El hombre se dirige al mozo

Hombre 1
-Traeme dos cafés

OFF.  Ella se calienta las manos en la taza, bebe con avidez. Sus ojos miran al vacío.


Hombre 1
-¿Tienes adónde ir?
Mujer 1
-Sí, vivo en la otra esquina.
Hombre 1
-Te acompaño
Mujer 1
-No es necesario, gracias…adiós


SECUENCIA 3 MAÑANA EXTERIOR.
OFF: Un mes después.
Vemos al hombre 1 que vuelve todos los días al zaguán. Se ve al mismo hombre golpeando en la casa. Al rato sale una mujer desgreñada (Mujer 2), la cual viste una bata agujereada y desprolija. La mujer 2 tiene en su rostro muestras de desconfianza, no conoce al hombre 1. La mujer cierra la puerta con violencia. Vemos que el hombre 1 se aleja.

SECUENCIA 3 EXTERIOR ATARDECER  DIA SIGUIENTE.

Se ve al hombre 1 volviendo al mismo zaguán. Se lo ve golpear la puerta de la misma casa de la secuencia anterior. Se ve a la mujer 2 abrir la perta sin soltar el seguro. El hombre 1 pone un pie para impedir que la mujer cierre la puerta como la secuencia anterior.

Mujer 2
-¿Qué quieres?
Hombre 1
-No tema, solo busco a una muchacha que estaba aquí un día de niebla.
La mujer 2 vuelve a cerrar la puerta. Vemos a hombre 1 que golpea nuevamente de forma insistente.
Mujer 2
-Otra vez, ya te dije que no molestes más (se oye su voz a través de la puerta)…voy a llamar a la Policía.
Hombre 1
-Dígame quién es la chica que vi aquí un día de niebla.
Mujer 2
-Será la loca que trabaja en la Farmacia. Pregunta allí, no vuelvas, no te voy a abrir.

SECUENCIA 4 INTERIOR DE FARMACIA, DÍA
Se ve al hombre 1 que entra en la Farmacia. Se acerca el dueño. Es un hombre rechoncho, bajo, de gruesos lentes.

Hombre 1
-Buenas tardes, no vengo a comprar nada.

Farmacéutico
-¿En qué puedo servirlo entonces?
Hombre 1
-Busco a una empleada suya.
Farmacéutico
¿Para qué? Está en horas de trabajo.
Hombre 1
-Será solo un momento.
Farmacéutico
-¡Nina!, ven un momento.
Se ve aparecer a una joven morena, de ojos inexpresivos. No es ella.
Hombre 1
-Le pido disculpas. Se ve al hombre 1 retirándose de la farmacia.

SECUENCIA 5 EXTERIOR TARDE
Se ve el rostro del hombre 1 con una sonrisa, por fin ve a la muchacha (mujer 1 de la secuencia 1) que estaba buscando. Se acerca apresuradamente, teme que se desvanezca en la niebla. En la misma, se ve a otro hombre (hombre 2) que habla con la muchacha. Ambos se encaminan al Bar de la esquina, el hombre 1 los sigue.

SECUENCIA 6 INTERIOR, BAR, DÍA.
El hombre 1 contempla a la pareja. Recuerda que es el mismo recurso que utilizo con él. Las manos de ella buscando el calor de la taza. Tratando de no ser visto, sale del Bar.

SECUENCIA 7 INTERIOR NOCHE
Habitación del hombre. Se ve al hombre 1 entrando en la habitación. Ambiente de soledad, frío y oscuro, pocos muebles, no hay retratos. Se ve angustia en su rostro, mirando por la ventana hacia la calle.

SECUENCIA 8 EXTERIOR, TARDE
Vemos al hombre 1 caminando cabizbajo en otra calle, otro camino y la niebla como telón de fondo.
FIN
Autor: Águeda Gondolveu

Noviembre de 2015

EL INDOCUMENTADO

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera

Guión literario para corto metraje de 7 minutos

Autor: María Cristina Bossio

Secuencia 1 interior, mañana
Se ve una mujer en su dormitorio, se despierta, se levanta de la cama. Se da una ducha, se viste. Va a la cocina, prepara café. Lo toma y sale a hacer las compras.

Secuencia 2. Exterior. Mañana.
La mujer camina hacia el supermercado. Se ve la calle del barrio donde vive. Sin árboles ni jardines. Balcones sin una flor. Calles limpias

Secuencia 3.Exterior. Mañana. Puerta del Supermercado.
Se ve un muchacho parado en la puerta. Tez oscura, cabellos alborotados. Sonriente.
La mujer extrañada de su presencia le pregunta:
                                   
Mujer
-Sos nuevo en el barrio?
-Buscás alguna dirección?

Muchacho
-No, soy extranjero.

OFF: Mientras habla camina inquieto, viste prendas livianas. Parece que siente frío, porque tirita y se frota las manos. La mujer le deja algunas monedas.

Secuencia 4 exterior, puerta de supermercado, día
OFF: Tres días después
La misma mujer vuelve al supermercado y ve nuevamente al mismo muchacho, parado en la puerta del comercio. Sonriente,
Le entrega una campera de abrigo. El muchacho le agradece vivamente con varios movimientos de cabeza.

Secuencia 5. Exterior Mañana.
Vemos un hombre viejo caminando con dificultad, de semblante huraño. Va hacia el supermercado. La mujer de la secuencia anterior lo conoce, es su vecino, lo saluda, pero él no le contesta.
Entabla el siguiente diálogo:

Mujer
-Mire, que el muchacho que está parado allí, en la puerta del
supermercado, necesita ayuda.
-Qué le parece si entre todos lo ayudamos con algunas monedas para
su sustento?

Hombre viejo
-No tengo ninguna obligación. Y se va.

Secuencia 6. Exterior. Mañana.
La mujer se acerca al muchacho y con un gesto de su mano, le invita a que la acompañe. Se ve a los dos entrando a un sótano, junto a la caldera de calefacción. Hay un viejo futón, una cocinilla y un pequeño baño. Mediante el lenguaje de los gestos, le manifiesta que es su nuevo hogar. El muchacho le agradece vivamente.


Secuencia 7. Interior.Noche.
En el living comedor de la casa de la mujer se celebra una reunión de amigos. Se ve a Jonatan (muchacho de la secuencia anterior) entre ellos. Le están enseñando palabras del nuevo idioma. Se muestran unas tablets, donde él dibuja el país donde proviene:México.

Secuencia 8. Interior, Noche.
Se ve al hombre viejo, huraño y malhumorado mirando a través de la ventana la reunión de amigos de su vecina.

Secuencia 9. Interior del supermercado.Mañana.
Se encuentran la mujer y su vecino.

Hombre viejo
-Lo ví.
Ud. le dio alojamiento a un extraño, indocumentado,  para peor.
-La voy a denunciar a la Oficina de Inmigraciones.

Secuencia 10. Interior. Mañana.
Se ve el sótano vacío. Arriba de una pequeña mesa una tarjeta con el nombre y la dirección del muchacho un gracias enorme y una flor.

Secuencia 11. Exterior Mañana.
La mujer viaja rumbo al aeropuerto. Entra por una puerta y el muchacho sale por la otra custodiado por 2 policias de aduana.

La mujer vuelve a la ciudad. Entra en el Banco donde tiene sus ahorros. Se le ve firmar un formulario. Es un giro para México donde vive Jonathan (el muchacho de la secuencia enterior) Saluda al empleado que la atendió y sale del Banco satisfecha.
OFF: alguien podrá encontrar un lugar en el mundo.

FIN
Autor: María Cristina Bossio

Noviembre de 2015

miércoles, 11 de noviembre de 2015

LEYENDAS URBANAS

Escritores Creativos Experimental de Malvin
Nedy Varela

LA  MARCA
Falta poco...Casi son las siete. Lo único que quiero es irme a casa, sacarme estos zapatos que me están matando, prender la tele y descansar. Dormir... poder dormir, será más difícil.
Cómo me gustaría dormir de un tirón sin despertar hasta mañana.
Hoy recién es miércoles, no veo la hora de que llegue el viernes para no verle más la cara al jefe, por lo menos el fin de semana no tengo que soportar su mal genio y su olor a transpiración.
Héctor me sigue llevando la carga, me tiene un poco cansada, aunque no dejo de admitir que cuando se me acerca siento una sensación extraña.
Me encanta verlo cuando estoy en el pasillo de la oficina, desde su escritorio, sus narinas se abren como si me estuviera olfateando y su mirada parece devorarme.
   Al fin...las siete. Ordeno los últimos papeles sobre mi escritorio. Tomo mi cartera y mi saco del perchero y corro para llegar al ascensor que justo se cierra delante de mis narices. El taconeo de mi zapato derecho me delata. Me siento como una fiera a punto de salir de una jaula.
Luego de unos instantes el ascensor abre de nuevo sus puertas, lleno, pero no me importa, igual voy a subir, sea como sea.
-Planta baja...Salida...
Este ascensorista es insoportable, dice la palabra “salida”, me mira y se ríe.
Sí...que hay de malo, me quiero ir ¡ya!
Tengo que correr de nuevo si no quiero perder el ómnibus que pasa siete y veinte.
Casi llegando a la mitad de la cuadra tropiezo con una anciana que caminaba lentamente hacia mí.
-Perdone, no la vi. Uno va tan apurado...
-No te preocupes Raquel, no pasó nada...
-¿Cómo sabe mi nombre? ¿Usted me conoce?
-Sí te conozco, pero no de ésta vida...
-Sí, claro- le dije.
 Pensé que estaba un poco chiflada y que era mejor seguirle la corriente, total el ómnibus ya lo había perdido. No tenía porqué contestarle mal a la pobre señora a la que casi tiro al suelo por ser tan atropellada.
-Sé que no me crees, insistió la anciana, pero lo que te digo es cierto.
Tú eres hija única, desde muy pequeña tienes pesadillas raras, tus padres nunca prestaron mucha atención a ese problema y aún no lo has podido superar...
-¿Usted cómo sabe eso? ¿Quién se lo dijo?
Seguro que alguien me está haciendo una broma...
-No, no es ninguna broma. Yo te conozco hace mucho tiempo, más del que tú te imaginas.
A esta altura yo ya había perdido el segundo ómnibus a pesar de haber llegado a la parada.
¿Por qué seguía hablando con esa mujer? No tenía la menor idea. Quizás por el respeto que me habían inculcado mis padres a las personas mayores. Quizás por lástima. Quizás porque en el fondo la curiosidad puede más que nuestro criterio.
   Miré detenidamente a la anciana, no estaba mal vestida. El cabello de un tono grisáceo estaba prolijamente ordenado en un moño. Sus ojos de color marrón  tenían  un brillo muy extraño y su voz ronca me parecía conocida.
Miré la hora...
-Ahora que nos encontramos no podrás olvidar lo que hablamos -dijo la anciana- te esperaré en la esquina mañana a la misma hora, estoy decidida a hablar contigo, si tú quieres...
-Sí claro, mañana hablamos...
La  anciana cruzó la calle aprovechando el cambio de luz del semáforo y yo quedé con muchas dudas dando vueltas en mi cabeza.
El ómnibus... por suerte.
   Llego a mi departamento. Son casi las nueve. Una inmensa red de luces titila  bajo mi ventana.
Me saco los zapatos y los tiro en la mitad del living, me pongo las pantuflas y busco ropa para cambiarme.
No quiero pensar en este encuentro...mejor me doy un buen baño.
No voy a dejar que una vieja chiflada me arruine la cena.
La ducha está lista, debajo del chorro de agua, me imagino bebiendo en las orillas de un arroyo.
Al llegar a la parte posterior de mi cuello la esponja enjabonada se detiene.
Nadie hasta ahora me supo responder qué son estas marcas hundidas.
Recuerdo que mi madre me llevaba desde niña al médico, pero nunca nadie le supo decir de qué se trataba. Quizás algún problema durante el embarazo, que no tenía ninguna explicación científica  y que como no me causaba ningún problema, fue olvidado.
En vuelta en la toalla de baño pongo la cena en el microondas.
Luego me visto y me extiendo sobre  el sillón.
Mientras ceno, prendo la tele.
El cansancio me está venciendo, pero no quiero dormirme...no quiero...no quie...
Corro, el aliento sale a bocanadas, estoy desesperada...siento la red sobre mí... me atrapan, sería capaz de morder a alguien. La red sigue apretándome, mi hocico y mis patas están juntos...
Despierto sobresaltada...otra vez la misma pesadilla...
¿Por qué me siento como un animal atrapado? ¿Por qué  esa mujer conoce mis pesadillas?
   Tomo un café. Son las cinco de la mañana .Tengo tiempo para pensar.
Hace frío, encendería la estufa a gas si no le tuviera tanto miedo al fuego, eso lo heredé de mi padre, le tenía terror al fuego.
   Otra vez a la oficina, los trámites del Sr. Hernández, los recibos para el Sr. Gutiérrez, ir y venir de la oficina del jefe y Héctor con su mirada tan rara siguiéndome a todos lados.
   ¿La veré a la salida? ¿Vendrá? ¿No será una cachada? Si viene, me voy a sacar las ganas de dejarla callada, porque no podrá contestar  las preguntas que le voy a hacer.
   Final de jornada. Otra vez el ascensorista, pero esta vez soy la única persona que baja y entonces se atreve a decirme, hay que cuidar esas ojeras...parece que durmió muy mal anoche -y se sonríe.
Lo miro como para incrustarlo en los botones del ascensor o mejor, saltarle encima, pero ya llegamos a planta baja, así que decido sólo gruñir un poco masticando la bronca entre los dientes.
   Me apuro, pero increíblemente no es para alcanzar el ómnibus, es para llegar a la esquina y ver si la anciana está allí.
En la esquina la veo, me acerco a ella...
-Sabía que vendrías...responderé a todas tus preguntas...si quieres podemos sentarnos en el café de la esquina...no creas que quiero que me pagues nada, yo pagaré mi café.
Realmente sus palabras me desarmaron, no tenía opciones.
La miré a los ojos y creí reconocer esa mirada.
No tuve más remedio que aceptar el  café.
Sentadas en la mesa, me miró nuevamente  y me dijo: sé quien eres, no de esta vida si no en tu vida pasada. Compartimos la misma jauría, las dos fuimos lobas, pero yo ya estaba un poco vieja, así que en general no salía a cazar. Tú eras la que llevaba adelante los ataques a las ovejas de los granjeros, en esa época no había forma de combatirnos, éramos muchos.  Decidieron atrapar a uno de nosotros...
No lograba salir de mi asombro, mientras la anciana prosiguió.
-Te emboscaron una tarde con unas redes, luchaste y aullaste toda una noche, pero no te pudiste soltar.
Casi inocentemente pregunté.
-¿Qué me hicieron?
-Querían domesticarnos, para poder vencernos. Una loba joven domesticada, quizás podría ser cruzada con sus perros guardianes y sería de una gran ayuda...
Te pusieron una cadena...
En ese instante, la anciana estiró un brazo y su mano suavemente me tocó por debajo del cabello en la nuca y dijo: ésta es la marca de la cadena.
Te dejaron encadenada a un árbol durante muchos días. Venían a ofrecerte carne para que accedieras a comer de la mano del hombre... Pero tú no aceptaste y te dejaste morir.
Ahora en tu siguiente vida eres humana, igual que yo. Las dos bebíamos del mismo arroyo  cuando apenas comenzaba a salir el sol y éramos felices como el resto de los lobos.
   Su taza de café terminó demasiado rápido.
-No tengo más nada para decirte. Lo que pienses no me interesa. Sólo quería que supieras el origen de esas marcas...que comprendieras tus pesadillas y que pudieras ser ahora, feliz como entonces...
Se levantó lentamente y se fue.
   Yo estaba petrificada. Muda. Ya no estaba segura de lo que pensaba respecto a esa anciana.
Pedí otro café y me cambié para una mesa más cerca de la ventana.
Los pensamientos comenzaron a golpear en mi cabeza, como las gotas de lluvia se estrellaban al caer en la vereda.
A media cuadra del café veo a Héctor. Me había visto. Seguro vendrá hacia aquí, no dejará pasar esta oportunidad...
Su llegada no me molestó.
Entró y se sentó a mi lado.
Ahora, la lluvia golpeaba despiadada contra el vidrio.
Los dos miramos hacia la calle.
Nos tomamos de las manos.
La ventana mojada del café, reflejó nuestros ojos fosforescentes.