Responsable: Mónica Marchesky

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miércoles, 14 de junio de 2017

REUNION FAMILIAR

Escritores Creativos "Jardín de ideas" 2017

PERSONAJES:
Catalina - Susana
Iván - Alicia
Toto - Cristina
Rogelio - Águeda
Magela - Silvia
Juana - Pilar


Catalina -¡Pero fijate como comés, parecés un cerdo!

Iván -¡Te dije que me dejaras comer en paz! ¡y no me apuntes con el cuchillo! ¿Acaso te crees la cuchillera del circo?
Tendría que haberme casado con la mujer barbuda, sería más feliz que viendo tu cara controladora.

C - Y bueno todavía estás a tiempo. Podés irte cuando quieras, ni siquiera me va a importar.

I -Siempre queriendo tener la razón. ¡Estoy harto!

C -Es que siempre tengo razón…

I -Si por lo menos me hubiera ido al billar con los tíos no tendría que estar soportándote

C -¡Claaro!  Al billar con tus amigotes mersas ¿y después a dónde? al bar a chupar.

I -¿No te das cuenta que hasta Magela está flaca para que no la veas y no te metas en su vida?

C -¡Flaca! no come de asco de verte comer a vos.

I -¿Y acaso es divertido el indiferente de tu yerno? siempre está en la luna, lindo diálogo podemos mantener y no te digo nada del marido de la hermana. Ese Rogelio siempre maltratando a Gardel ¡y con una copa de vino de caja!

C -Callate, vos siempre bardeando y criticando tan indiscreto y bruto.

I -Si yo te digo controladora además de amargada, es lo más fino que puedo decir de tu persona.

C - No me digas controladora, Es que tengo razón, al final cada uno es como es. Y Rogelio por lo menos es divertido. La próxima vez que nos inviten a algún lado tendrás que comportarte como la gente

I -¿La próxima? ¡ Ni atado!¡Vamos al cumple de Rogelio! ¡Vamos al cumple de Rogelio!

C -Y claro si con vos no se puede salir a ningún lugar.

I -Callá ese buzón y tragá de una vez  que nos vamos. No quiero dar la nota, por lo menos no se dieron cuenta. 


C -La diste querido, quedamos como la mona por tu culpa, ¿o no te diste cuenta acaso el papelón que hiciste?

MIENTRAS EN EL OTRO RINCÓN DE LA MESA, TOTO Y MAGELA MANTIENEN UNA CONVERSACIÓN POR LO BAJO.

Toto -No veo la hora de mudarnos y vivir solos con nuestro hijo. Cambiar de barrio, tener nuevos amigos. Sobre todo para él que nunca se sabe dónde está y que hace

Magela -Pero hoy es el cumpleaños de tu cuñado y no quiero que Juana se enoje. Además sabes que cuando estamos solos Rambo le pone vodka a la bebida, se encierra en su cuarto y pone la música fuerte. Vos con la tele no te das cuenta y yo estoy afónica de tanto gritar.

T -Acordate de las Navidades pasadas, siempre lo mismo. Tus padres peleando como dos fieras irascibles y en ésta misma mesa familiar. Yo no sé por qué no invitan a personas razonables y amigables, siempre tenemos que ser nosotros los testigos de éstas discusiones sempiternas. Es el último año que asisto. ¡No lo aguanto más!
Pero ya sabés como soy, manso, menos mal que me traje la radio para escuchar la final de Aguada Hebraica Macabi.

M -¿Ese partido de basket ball? ¿Y desde cuándo te interesa? Justo en la reunión. ¡Qué cosa!
Cualquier día te enganchas con las riñas de gallos para no pensar en nuestros problemas.

T –Y yo me pregunto: ¿Por qué no te alimentas un poco mejor? Fijate toda la comida que hizo Juana, mi hermana, con todo esfuerzo y cariño para todos nosotros y tú no haces más que darle vueltas a esa aceituna sin ton ni son

M -Comé vos Toto. Acá no puedo comer nada. Nada de esto es sano. Tiene manteca, grasa, harinas. ¿Y sabés por qué no como la aceituna? Simplemente, porque puede ser un poco salada, me hace tomar agua por demás y ésta luego se acumula en los tejidos.

T -En fin, contigo no se puede, yo mejor sigo con lo mío.

M -Ojalá el postre sea gelatina con frutas. Ya sé que no como otra cosa, pero sólo de ver postres cremosos me hace sentir mal.

Rogelio -Juana, vos siempre con esa pasta. Te dije, no quiero festejar mi cumpleaños con esa gente. Vos sabias que yo quería ir a comer contigo, con Felipe, que tiene siempre lleno el plato y parece no querer tocarlo, y el otro, Tomás, que no hay comida que le alcance. Así lo estas criando, esta gordo como un chancho, no se puede mover, no patea una pelota. 
Después de cumplir con ustedes me iría de farra con los muchachos, estoy seguro que tomaría  un vino como la gente, y no esa porquería que con seguridad lo tenía de clavo en el almacén y te lo vendió el granuja de Pedro y te agarró de candidata . Te hice el gusto y al empezar a brindar con eso que trajiste, que con seguridad lo van a criticar todos, se armó la gorda.
Te das cuenta que esa gente no tiene vergüenza. En mi casa, en mi propia cara, esa vieja avinagrada, le dijo al cristo de su marido, que ella no quería venir acá Pero, que se cree!
Te aviso, no los quiero ver más como invitados. Habla contesta algo, siempre lo mismo. Para vos todo está bien. Ya viste la reunión que organizaste fue un verdadero desastre. El día se nos arruino por esos viejos rasquetas. Y el Toto, ajeno a todo, pegado a la radio como loco. La anoréxica de la mujer, miraba su plato y daba vueltas a una aceituna sin saber si pincharla o no, como si en mi casa no hubiera que comer. Que desastre!. Habla carajo, decime algo, contestame, marmota.

Juana- Decí algo...Deci algo, Si, tenés razón. Siempre me calle para evitar discusiones y peleas y asi me fui resignando a estar en un segundo plano, aguantando todo. Hablas mal de nuestros hijos... y te digo nuestros porque parece ser que solo yo soy responsable de ellos.

Rogelio- Pero que estás diciendo? 

Juana- Si ya sé, no me interrumpas. Es cierto que por tu trabajo faltas de casa tres y hasta cinco días y los pocos que pasas en casa, cuando volvés, o estas durmiendo o te vas de farra por ahi con tus amigotes. Dices que los chicos no juegan a la pelota, ¿alguna vez se te ocurrió llevarlos a una cancha de baby football como te pidieron?. No, nunca podías, tampoco podías llevarlos al estadio, ni siquiera ver los partidos en casa con ellos. Nooooo, te gusta verlos en los boliches con tu barra. 
¿Sabes en que clase están? ¿Revisaste sus cuadernos? Nunca fuiste a hablar con los maestros ni los viste actuar en la fiesta de fin de año. Para eso estas vos, me decías. Y yo, además de cocinar, lavar, limpiar, hacer mandados, llevar y traer los niños de la escuela, debo coser concentrada en casa un montón de camisas y pantalones para cumplir con puntualidad la entrega en la empresa.

Rogelio- No te hagas la mosquita muerta.

Juana- Y encima me tratas de tonta por no saber de vinos, tu eres el que los toma,(y por demás) y ni de eso te encargas. He tenido que llevar a Tomas a la sicóloga, sugerido por la maestra, por el bulling que le hacen en la clase.

Rogelio-Bulling, que es esa palabra! Los psicólogos están más locos que vos y yo.

Juana- Ya sé que no crees en ellos, tampoco fuiste las dos veces que te cito, pero yo sí y hablo mucho conmigo. Dijo que yo también necesitaba apoyo psicológico y me está tratando gratis porque no puedo pagarlo. Y en cuanto a la reunión, solo quise juntar a la familia en tu cumple y no resulto, a pesar de que me mate cocinando. Toto es mi  hermano y lo quiero mucho, el también sufre lo suyo, la unión de la familia en muy importante para mí. 

Rogelio- Que familia? No sirve para nada.

Juana-Tu porque estas peleado con tu padre y tu único hermano y no los ves  nunca. Nuestros hijos ni siquiera conocen a sus primos. 

Rogelio-Para lo que sirven!

Juana- He juntado coraje no sé como para decirte todo esto, pero te garanto que a partir de ahora, esta Juana no se va a callar. Vamos a tener que cambiar muchas cosas si queremos seguir juntos. 

Rogelio- Si no te gusta, te vas.


Juana- Me parece que el que vas a tener que ir sos vos, si no cambias.

sábado, 10 de junio de 2017

EL RIAZOR


Escritores Creativos Palacio Salvo 2017

          


Alejandro Albela

            El reloj de la fachada marcaba en aquel momento las nueve y veintidós minutos.
           
            Alberto Gómez Funes, muerto en un minuto, de elegante traje, engominado e igual de dispuesto a la pelea como a las mujeres, su cuerpo inerte tendido en el piso, y un charco de sangre. El olor de la pólvora aún en el aire, el arma homicida tirada en el piso de mármol. El matador prófugo de la policía y de los testigos que apenas atinaron una reacción al observar la escena.
           
            Muchos años de enemistad lo habían distanciado de su otrora amigo y compinche, Pedro Odriozola. De padres inmigrantes, alto, casi analfabeto y dispuesto a la vida tal como su amigo, Odriozola era amante de la buena vida, del dinero fácil y de las mujeres de igual condición.
           
            Muy atrás habían quedado los días de malandraje, bebida y naipes en los bares del bajo. Noches de historias compartidas habían hecho de ellos personajes inseparables. Famosos por su pinta y su galantería, se habían forjado a fuerza de alcohol, cigarros y no siempre bien habidos billetes, una reputación entre la clientela de “El Riazor”, conocido bar de aquellos tiempos.
           
            La noche lluviosa y fría, los escasos coches a motor y carruajes recorrían las exiguamente iluminadas calles, apurando el paso sobre el empedrado. Odriozola, mortalmente herido, escondido en un oscuro zaguán, anhelando un último cigarrillo. Su cabeza nublada por la pérdida de sangre y el alcohol.
           
            Los testigos del hecho, señalaron a la guardia civil la probable vía de escape del matador de Gómez Funes. A pie, unos cuantos batían las calles del bajo en busca del prófugo.
           
            Un rastro de sangre lo delataba. El rápido y filoso cuchillo de Gómez Funes le había hendido el abdomen, respuesta aquella justa y necesaria. El oprobio que le había propinado su viejo amigo lo justificaba.
           
            El encuentro pareció casual e imprevisto. Aquellos que presenciaron el momento cuentan a este cronista que las respiraciones se vieron contenidas, las cabezas giraron hacia nuestros protagonistas, las conversaciones cesaron y toda la atención se centró en los dos hombres. Únicamente la orquesta, ajena a los hechos, continuó con sus quehaceres, sin inmutarse. Los acordes de las milongas nunca cesaban en los cabarets del bajo, no lo iban a hacer ahora por el encuentro de dos viejos amigos.
            Gómez Funes sentado en una mesa, dos hombres y tres coperas de la casa, lo acompañaban Cigarrillos y barajas como pasatiempos. El alcohol, generoso, riega la mesa.
           
            Odriozola, avisado de antemano de las circunstancias, entró al amplio lugar. El piso de mármol blanco brillante. Las luces iluminando tenuemente el ambiente. Un gran salón central de baile, mesas de madera rodeando el mismo, una barra de expendio de bebidas, mesada de mármol, espejo al fondo, donde se exhiben generalmente los licores y el infaltable humo del tabaco, próximos testigos de los hechos.         
           
            Una fugaz mirada bastó para que se reconocieran. Un destello en los ojos de ambos indicó a todos los presentes los hechos que se avecinaban. El inevitable desenlace de la escena, el cuchillo de uno y el revólver del otro.
           
            Empuñando un arma de fuego, el recién llegado enfrentó a su ex amigo. Los hombres discutieron y se amenazaron, se enfrentaron de palabra. Los acompañantes de ambos se apartaron para hacer lugar a la pelea.

            La hoja del cuchillo del difunto brilló bajo las luces del salón de baile y silbando viajó hacia su blanco. Al mismo tiempo, una bala cruzó el aire hacia el suyo.

            Los dos hombres se hirieron simultáneamente. El muerto al piso. El matador de pie atinó a dar la vuelta y tomándose el abdomen para cerrar la herida y contener la hemorragia salió hacia la húmeda y oscura noche.

            Escapar hacia la derecha o hacia la izquierda no hacía la diferencia. Ya sabía Odriozola que poco le quedaba de vida. Muchas veces había sido testigo de esto, en cuerpos ajenos, de mano y acero propios. Buscó refugio de la lluvia y de la policía que advertida por los testigos ya estaba llegando a la escena del crimen.

           
A sus tumbas se llevaron el motivo del desencuentro los dos muertos. Algunos explican que fue tema de mujeres, otros de dinero y los más informados que fueron problemas de familia. Gómez Funes andaba intimando con la hermana de El vasco, según dicen.
       
Agazapado en el zaguán, desangrándose y anhelando un último cigarro, Odriozola, muerto en un minuto, exhalo por última vez. Un perro pasó, olfateó el olor a muerte y continuó su camino.

            El reloj de la fachada marcaba en aquel momento las nueve y veintidós minutos.

domingo, 21 de mayo de 2017

SOBREVIVIENTE

Belén Solari (14 años)

Cavando para montar un cerco que separaría mi terreno del de mi vecino, me encontré enterrado en el jardín, un viejo cofre lleno de monedas de oro.
A mí no me interesó por la riqueza, sino por lo extraño del hallazgo.
Después de desenterrar mi cofre, lo llevé adentro para inspeccionarlo mejor.
Me senté en la cocina y lo dejé sobre la mesa. Me serví un poco de agua, aún necesitaba asimilar lo que había pasado.
Empecé a sacar las monedas, una por una y entonces me percaté de que las monedas no eran el único tesoro.
Abajo de las monedas también habían unas pequeñas y antiguas cartas, si les soy sincera; la curiosidad me ganó y comencé a leer una de las tantas que había allí, la carta decía: "Hola, soy Naomi Torres, tengo 8 años y...sufro de leucemia.
Hoy es catorce de enero de mil novecientos noventa y tres y no me queda mucho tiempo. Mi familia es de muy buenos recursos, por eso, el que tenga el honor de desenterrar mi tesoro, por favor disfrútelo”.
Naomi 
Leí todas las demás cartas que relataban la vida de la pequeña Naomi, leerlas me dejó alterada. Entonces se me ocurrió seguir investigando sobre la niña. Las preguntas no dejaban de atormentarme "¿Después de eso falleció? ¿Esa fue su última carta? ¿Fue feliz? ".
Entonces, llamé al sujeto que me vendió la casa y le dije:
            -Hola, encontré cartas de la antigua pequeña inquilina.
Quería saber si usted tiene contacto con sus padres. Les alegrará saber todo lo que  la pequeña guerrera escribía.
A lo que me respondió que no tenía datos sobre la familia.
Sin pensarlo, me decidí en encontrar a sus padres, debía hacerlo, ella se lo merecía. Si no se los decía yo... ¿quién lo haría?
Comencé a preguntar a todos los vecinos. Después de haber visitado seis casas al fin apareció alguien que conocía a la familia. Me dijo que después de la lucha y la pérdida de Naomi, la familia se mudó a la ciudad, para despejarse un poco.
Llamé al número que mi vecina me dio.
Llamé y llamé, y nadie respondía. Pero no podía rendirme tan fácil. Finalmente, una tierna voz contestó diciendo "Hola ¿quién habla?"
Le pedí que me pasara con alguien mayor.
Platique con su mamá y le conté todo sobre lo que Naomi escribió y enterró en su patio.
Decidí ir a visitarlos.
Después de una hora y treinta y cinco minutos de viaje, llegué.
Al ir a la dirección que me pasó la mamá de Naomi, quise asegurarme por quinta vez de que tenía las cartas y las monedas, toqué la puerta y esperé. De repente la puerta se abrió y pude ver a una pequeña niña y detrás, a su mamá. Les mostré las cartas a sus padres y a su hermana, Kiara; quién recién se enteraba de esto. Me emocionó ver a su familia, pero me sentí tan bien por hacer que leyeran a Naomi.
Cuando me estaba dirigiendo a la puerta, recordé las monedas, les pedí que por favor las aceptaran, ya que les pertenecía.
Pero quisieron que lo que Naomi dijo se cumpliera. Así que conservé las monedas.
Aproveché que estaba en la ciudad para que las monedas ayudarn a alguien más. Fui a un hospital para niños con cáncer y doné las monedas ahí. Además, pasé toda la tarde jugando con los niños. Me divertí mucho de verdad, estar con ellos me hizo dar cuenta lo mucho que la vida vale. Me hice voluntaria de ese Hospital, y hay muchos niños que marcan mi vida día a día.
Pero ninguno como Naomi, sin ella yo no podía abrir los ojos.
Me gustaría haberla conocido, pero la vida es injusta.
Me siento muy afortunada de haber sido la persona que encontró el pequeño gran tesoro de Naomi...
Naomi sobrevivió en sus cartas, en sus bellas palabras. 


JUEGO PELIGROSO.

Escritores Creativos 2017 "Jardín de ideas"
Susana Maly
 
                              Personajes :Mario Falcón ( la víctima)

                   Ramón Cuello, Alvaro Díaz, Daniel Ifrán. La familia, la policía. 

Las diez de la mañana del domingo. El cuerpo de un joven se encontraba recostado en el banco de la parada del ómnibus como si estuviera dormido. Por esta razón nadie había alertado a la policía hasta varias horas de transcurrida su muerte.
Una señora que se disponía a esperar el ómnibus notó sangre en el cuerpo del joven y llamó al  911.
Según el médico forense presentaba una herida punzante a la altura del hígado y su muerte habría ocurrido alrededor de las cinco de la mañana. 
Algunos vecinos se asomaban curiosos por las puertas entreabiertas pero nadie había visto ni oído nada.
Al revisar los bolsillos de la víctima, la policía encontró su billetera con algo de dinero, su cédula de identidad, la tarjeta del ómnibus y en su mano derecha fuertemente apretado su celular. Se llamaba Mario Falcón y no tenía antecedentes penales.
En la vereda, debajo del asiento se encontró un tosco cuchillo de los que llaman de corte carcelario, pero sin aparentes rastros de sangre. Tampoco se encontró nada en los alrededores donde se tomaron las fotografías pertinentes.
La familia fue informada del triste incidente. Sumamente consternada brindó la única versión que sabían: que  el joven había decidido concurrir a un baile de un club lejano. No podían aclarar nada más pues desconocían que podría haber pasado, aclararon que el joven Falcón no tenía enemigos.
Cuando los técnicos accedieron a la información de su celular se sorprendieron al ver que su última comunicación era a un servidor de juegos online.
La policía se presentó en el club, pidiendo ver la filmación de las cámaras de seguridad. En ella se pudo apreciar a la víctima bebiendo cerveza y luego discutiendo con otro joven que identificaron como un ex preso en libertad desde hacía ya tiempo llamado Ramón Cuello.
Ubicado éste en su domicilio negó categóricamente haberle dado muerte, reconoció sí su cuchillo pero sostuvo haberlo dejado en el mostrador.
También habían observado en la filmación, en un extremo de la barra a otro joven presenciando la discusión con mucha atención, más que la prestada por el resto de los otros bebedores y que se iba acercando lentamente a los contrincantes.
Ramón Cuello declaró que el fallecido había concurrido al club para contactar con él y así procurar un servidor seguro para sus juegos y pagar con su dinero electrónico. La transacción no le pareció correcta y se sintió estafado, solo discutían por los bit coins que finalmente no quiso comprar.
Al entrevistar al barman este aseguró que lo había oído gritar: ¨te  mataré, te encontraré como sea ¨, incluso lo vio exhibir un cuchillo que identificó en las fotografías de la policía como el visto y que había quedado en el  mostrador. Cuando quiso intervenir para acallar la discusión ésta cesó al retirarse Cuello.
Al ser interrogado nuevamente este último  aseguró que sí, que lo había amenazado pero no asesinado. Solo en forma virtual, se habían encontrado en el juego y su alter ego le había dado muerte. ¨Solo fue virtual repetía con desesperación”.
La familia de la víctima fue indagada con más atención y cayó en muchas contradicciones. Se supo que el joven Falcón no tenía trabajo y prácticamente no vivía con su familia, solía reunirse en una esquina cercana con una barra de amigos de muy dudosa conducta.
En su niñez y adolescencia había sido un joven estudioso pero cercano a los veinte años (en el momento de su muerte contaba veinticuatro) comenzó a cambiar su vida, tal vez la falta de perspectivas y su ambición por poseer artículos de última generación, ropa de marca lo llevaron a acciones dudosas que le procuraban dinero fácil. Dominaba la tecnología se podría decir que era un adicto a ésta. La pregunta era la siguiente: casi sin dinero, que origen tenía el teléfono que poseía y como vestía con ropa tan cara.
Se siguió investigando por el lado del otro joven que también contaba con antecedentes por robo, de nombre Álvaro Díaz que había permanecido atento a la discusión del bar y había salido ya en la madrugada detrás de Mario. Al ser interrogado confesó que lo había seguido y antes de llegar a la parada discutieron fuertemente por dinero que le debía desde hacía tiempo. Pero cuando se retiró la víctima seguía con vida.
Volviendo a interrogar al barman este se declaró ajeno a los hechos pero presionado terminó confesando una relación amorosa con la víctima. Esta no solo había decidido terminar esta relación sino que en su juego online lo había ridiculizado y al verlo en la barra bebiendo su cerveza con total indiferencia hacia su persona, sintió crecer en su interior algo tan devastador, tan humillante, que su razón se nubló. Tomó el cuchillo abandonado en la barra y llegó a la parada donde sabía que estaría Falcón, sin intención de usarlo. Pero la víctima lo recibió con palabras hirientes que estallaron en su cabeza y sin pensarlo lo hirió, dejándolo recostado en el asiento. Limpió el cuchillo en su ropa arrojándolo al suelo con horror.
Luego de hecha la autopsia, el forense confirmó con su informe que el joven, había muerto por herida punzante con desangramiento. De haber sido llevado  a un hospital rápidamente después de herido habría podido ser operado y salvado su vida.


miércoles, 19 de abril de 2017

EL CASO MIKAEL BOWN

Escritores Creativos "Jardín de ideas" 2017 
Cuento policial

Cristina Bossio


El murmullo que recorría  los pasillos de la Facultad esa mañana era,  ¡MURIÓ MIKAEL BROWN !
Los estudiantes no lo podían creer, le recordaban como el ser más arrogante y antipático de toda la Facultad. De mirada fría y penetrante, era pura mente analítica, sin el menor atisbo de sentimiento.
En sus clases sólo se tenían en cuenta las expresiones culturales y la Historia, según su punto de vista, era sólo secuencias predeterminadas por los hombres.
El cadáver del Profesor fue hallado por una empleada de la limpieza. El Rector dio parte inmediatamente a la policía del Condado.

COMIENZA LA INVESTIGACIÓN

Cuando el detective Julio García aspirante a Detective Mayor se presentó con su equipo al lugar de los hechos, empezaron a buscar huellas dactilares y algún detalle significativo para iniciar la pesquisa.

El cuerpo sin vida del Profesor se había encontrado sobre la mesa de su despacho. En la misma figuraba el listado de una clase de cien alumnos con la misma clasificación: "MATRICULA DE HONOR."

PRIMEROS PASOS DEL CRONOGRAMA POLICIAL

Dos días después se  dio sepultura a los restos en el cementerio local. Allí se presentó el detective García camuflado entre los concurrentes. Unos, colegas quienes se preguntaban quién ocuparía el cargo de Rector, otros, alumnos. Entre ellos una joven, vestida toda de negro, apoyada por su pareja. Se trataba de su sobrina, hija de un  hermano muerto, única familia que le quedaba, a quién presentábanle las condolencias.

LA CASA DEL PROFESOR BROWN

Mediante una orden de allanamiento, el detective García y sus colaboradores, entraron en la casa del muerto. Se trataba de una vieja mansión victoriana, rodeaba de un gran jardín. Las ventanas estaban completamente cerradas. No había mascotas esperando a su dueño. En la parte izquierda de la misma, una puerta pequeña comunicaba con el ala de servicio. Allí un vieja mayordomo les hizo pasar.

Sobre la chimenea había una foto de quién podría haber sido su esposa.
En la gaveta del escritorio se halló una carta de despedida.  Habían  estado casados durante veinticinco años. Luego, de los cuales, amigablemente se habían separado.

Las paredes del escritorio estaban tapizadas de libros demostrando que aquél hombre había sido una eminencia en su materia. Con su amor y el interés por las palabras, había reconstruido diversos textos escritos, tratando lo más fielmente posible, la cultura que dio a luz esos textos y que aún subyace a los mismos.  Quién se dedique a la Filología de esa manera, era sin duda, un trabajo apasionante.

MOTIVOS PARA MATAR

Todos eran culpables, hasta que no se demostrara lo contrario.
El trabajo recién comenzaba. Los alumnos distinguidos con la Matrícula de Honor, estaban exentos de pagar durante un año, ellos según la lógica policial, no eran materia de estudio.
En cambio, aquéllos que no se habían favorecido con tan codiciado premio, serían objeto de investigación.
Lo mismo con la sobrina y su pareja sentimental.

LOS PERSONAJES

El Profesor Brown era alto, delgado, apuesto, seguro de sí mismo. Tenía cuarenta y siete años y su estado civil  separado, lo hacía apetecible a las féminas de su entorno. A menudo se pavoneaba entre sus iguales, creyéndose el mejor. Era querido y odiado a la vez. 

Su sobrina Isabel era una chica atractiva, pero a la vez tímida y apocada. Concurría a la casa de su tío, que ejercía de tutor en la maestría que ésta estaba cursando en la misma facultad que él.
Desde la muerte de su padre, tuvo carencias económicas importantes. Así que actualmente se desempeñaba como camarera en el restaurante de la Facultad. Alquilaba una pieza en la pensión más cercana.

Muchas veces pensaba cómo se habían conocido con su novio. Había sido por Internet, como se acostumbra hoy en día entre los jóvenes. Luego se dieron cita en una sala de exposición de  pinturas.
                            -Soy Héctor.
                            -Isabel, dijo ella.
                             -Es un nombre precioso
                            -Lo mismo que el tuyo.

La miró fijamente durante un minuto antes de recobrar la postura y extender su mirada al rededor.
       
                            -Ven, quiero presentarte a mis amigos, le dijo.

Le apoyó una mano sobre la espalda y la guio a través  del salón. Le presentó a la pintora cuya obra se exhibía en el salón, también a los dueños de la galería, los pintores y a su socio.

Ella se sintió incómoda en aquél lugar entre gente muy superior a ella. Miró a Héctor, que con su modo suave, la sabía llevar. Le gustaba pensar que él era un hombre que tenía los pies bien puestos sobre la tierra,  y tal como ella suponía se hizo cargo de la situación. Se sentaron a tomar una copa de champan en un rincón silencioso y oscuro. Comenzaron un diálogo sobre el trabajo y la vida misma. El llevaba la voz cantante, siempre. Isabel se sentía feliz. Había encontrado una persona simpática y encantadora.

Con el tiempo, la relación se fue afianzando y fueron pareja de hecho. Él era para ella un sueño hecho realidad, la reencarnación de todo lo bueno, fuerte y fiel que podía tener un hombre.

A menudo, cuando no se veían se mandaban mensajes de texto por Internet.

A pesar de su enamoramiento, ella veía algo raro en él. No sabía nada de su pasado y se negaba a darle algún dato  sobre su vida. Nada le importaba más que el vivir placenteramente cada minuto.  

Poco a poco se fue transformando en un ser manipulador y obsesivo. Le controlaba las llamadas que entraban a su celular. No tenía hábito de trabajo. La convivencia se hacía cada vez más difícil. 
Sin embargo ella le quería. Notaba con cuánta insistencia le hacía ver que no dejara escapar los bienes del profesor que ante su muerte, le pertenecían a ella como bienes sucesorios.

En una ocasión Isabel llegó a la casa de su tío, un día en que no era el habitual y a una hora desacostumbrada, conociendo a una mujer que estaba conversando muy animadamente con su tío. Por primera vez pensó que él podría casarse nuevamente, tenía buena edad,  y quiso conocerla. Constató que era mayor que él, inteligente y profesora de profesión. Supuso que sería suficientemente ambiciosa para  querer compartir la vida con tan buen partido.

Pero esa herencia no la dejaría escapar por nada en éste mundo. Quería salir de las deudas en las que se había metido e inconscientemente empezó a darle forma a una idea nefasta en la nebulosa de su mente, que empujada por fuerzas negativas la llevaron a maquinar cómo darle muerte a su tío. La  influencia de Héctor en su personalidad frágil y pusilánime. Hombre sin escrúpulos al fin había dado con la persona justa para aparecer impune ante los hechos que en poco tiempo se desencadenarían.

EL DÍA DEL CRIMEN

Todo se dio fácilmente. Esa tarde Isabel concurrió al despacho de su tío a terminar uno de los capítulos de la maestría. Nadie la vio. Como no era día de clase, el recinto estaba vacío. Llevaba consigo la aguja envenenada. En un momento de distracción se dirigió a la espalda del sillón de su tío y con un movimiento artero le pinchó en la carótida. Todo fue muy rápido. Los ojos del Profesor la miraron incrédulos y doloridos. No le dio tiempo a nada. Su cabeza cayó sobre la mesa del escritorio pesadamente.

LAS CONCLUSIONES DE LA POLICÍA
En su momento se habían llevado las computadoras de ambos implicados. En ellas encontraron mensajes comprometedores que les dieron pistas suficientes de quién era el asesino.

Una vez seguros se acercaron a la mansión del profesor ahora ocupada por Isabel. La vieron a través del ventanal del living. Ella también los vio. Casi que los estaba esperando. Subió la escalera despacio, peldaño a peldaño abrió la puerta de la biblioteca, se sirvió un generoso vaso de whisky y yendo hacia la ventana abierta, voló como un pájaro indefenso, lleno de remordimientos, al espacio verde que rodeaba la casa.