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viernes, 30 de octubre de 2015

APROXIMACIÓN AL SONETO

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Agueda Gondolveu

OTOÑO
 
Alfombra que en brusca, crujiente danza
en forma de dorado remolino,
va rodando sin un claro destino
mientras el otoño bramando avanza.

La tierra dulces frutos nos alcanza
sabiendo que eso marca su camino,
lo mismo que la rueda del molino
que en el grano ofrece su bonanza.

El trigo que dorado resplandece,
al viento sacudiendo las espiga
siendo del campesino su sustento.

Ese que pronto al surco amanece
ignorando del cuerpo las fatigas
deja su cansancio cara al viento.





RAMO DE AMOR

 Como la gota de rocío, yo te amo,
que temblando resbala en tímida flor,
como un mensaje que te lleva calor,
anhelo reunido en fragante ramo.

Que él te lleve mi ardiente reclamo
más allá del asombro y del dolor,
que te brinde de mis labios el calor
y que lo sientas en los tuyos, clamo.

Amada ya el tiempo se nos acaba,
si sigues mi ruta habrás de decidir
a mi reciedumbre suma tu bondad.

Un día te dije lo que yo soñaba,
sé que en mi socorro podrás acudir
toma mi mano, calma mi ansiedad.


MENSAJE EN UNA BOTELLA

 Un mensaje para tí desde lejana tierra
que forma de mi América su dulce corazón
si vives en otros lares,te daré una razón
para que puedas gozar de lo que ella encierra.


Aquí no participarás de ninguna guerra,
para conocerla quizás vendrás de polizón,
en el alma sentirás una fuerte comezón
cuando veas al sol despuntando en alta sierra.

Este mensaje salió al mar en una botella
arrojado a ese río tan basto que nos acerca,
deseando que la encuentres he puesto mis esfuerzo.

Que despierte en tí como brillante estrella
de los que forman el cortejo de la luna
anímate, tu compañía anhelante espero.








    

martes, 6 de octubre de 2015

LOS OBJETOS DE LA CASA

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Águeda Gondolveu

Mi hermano y yo formamos parte de este hogar. No somos 0 km porque fuimos adquiridos por la dueña de casa (en adelante  la llamaré mi amiga) a un vecino que viajaba a Buenos Aires. Cuando nos vio, sin preguntar nuestro precio, dijo "Me quedo con ellos".
Nos trajo, nos llenó de flores y nos puso en el modular (que no es el mismo de ahora) que hay en el comedor, desde donde se  domina toda la casa. Mi hermano no es muy observador y se limita a dejarse estar, así que con él no tengo mucho diálogo.
Mi amiga vivió doce años sola, desde el momento en que su compañero tuvo que partir, hecho que la sumió en una profunda tristeza que le costó mucho superar. Hoy la acompañan sus hijos y su vida ha tomado otros rumbos. Desde que yo la conocí (hace cuarenta y seis años) está siempre con su cuaderno y una lapicera a mano y con un libro cerca.
Cuando trajeron la TV color hubo un gran revuelo en la casa, pero lo que más me gustó fue que a causa de ella nunca se cortó el diálogo de la familia. Mi amiga suele leer en voz alta alguno de sus escritos, cosa que yo escucho con gran interés sobre todo ahora que la veo contenta, puesto que tiene nuevas amigas provenientes de un taller literario que funciona en la Biblioteca del barrio.
Allí trabajan en equipo y suelen reunirse a discutir la forma de encarar los diversos temas propuestos. También les sirve de pretexto para conocerse y compartir un café y una charla. De esos grupos han surgido interesantes historias que han enriquecido el conocimiento.
La casa se ha transformado, son otros los pisos, los azulejos, los muebles, pero nosotros seguimos aquí. Cuando le instalaron la computadora, mi amiga, aunque tardó en adaptarse al ratón que le llevaba la flecha para cualquier lado, descubrió que el mismo la llevaba a introducirse en cualquier rincón del mundo.
En eso transcurre su vida, nutriéndose de todo lo que le interesa y esforzándose siempre por lograr la plenitud y la paz. Yo no extraño el lago, ni la admiración que sabía despertar, porque aunque soy un cisne de porcelana, como el patito feo, aquí he encontrado mi verdadero hogar. 


martes, 29 de septiembre de 2015

SUEÑO Y REALIDAD

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Águeda Gondolveu


La había entrevisto muchas veces en sus ensoñaciones. Menuda fue su extrañeza al ver materializada esa imagen tantas veces repetida en ellos. Primero fue su andar, seguro, desafiando dispuesto a enfrentar con éxito el mayor de los obstáculos. Fue subiendo hasta el torso, marcado bajo la liviana tela de la camisa, para llegar finalmente a encontrar su mirada. Esa que, atravesando la niebla difusa de sus sueños, se iba encontrando con la suya en un mudo lenguaje de deseo intenso. No pudo evitar la evocación de sus manos entrelazadas, de la corriente que la estremecía cuando la estrechaba entre sus brazos, de la muda súplica que temblaba en sus labios al pronunciar su nombre. ¿Sería una jugada del destino ese encuentro que había vivido tantas veces cuando se desbordaba su fantasía? Sin saber cómo, sus pasos fueron inevitablemente a su encuentro. Él la reconoció, no supo cómo, pero ciegos y sin discernimiento se miraron y sus ansias los llevó uno a brazos del otro, dispuestos a materializar ese mágico sueño, que increíblemente se convirtió en realidad.

viernes, 25 de septiembre de 2015

EPÍGRAFE

 Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Agueda Gondolveu

Desperté a media mañana. El día estaba nublado y ventoso. Bebí café y comprobé que el dinero estuviera en su escondite.
"El elogio de la nieve". Hugo Burel.

El hombre dobló la esquina mirando a todos lados  con aire distraído.
Había preparado el golpe con gran precisión.
Días enteros comprobando los movimientos de los habitantes de la casa.
El jefe de familia era un reputado hombre de negocios, un corredor de Bolsa que día a día jugaba con la suerte y casi siempre ganaba.
Su esposa, una dama de alto prestigio, repartía su tiempo entre partidas de bridge y tés a beneficio de obras sociales siempre codeándose con las distinguidas esposas de altos funcionarios, a la altura del suyo propio.
Los hijos, varón y niña, de 10 y 12 años, pupilos en un colegio bilingüe, disfrutaban de todos los privilegios inherentes a su rango.

El hombre había entrado a aquella casa, en carácter de empleado de alta seguridad, dotada de la más avanzada tecnología.
Pudo apreciar, puesto que tenía debilidad por ello, las obras de arte que adornaban el salón principal, todas auténticas llevando las firmas de pintores de renombre.
Allí imperaba el lujo y el buen gusto, desde las delicadas porcelanas hasta los cristales de Bohemia que temblaban en los caireles de las majestuosas arañas.

¡Qué esplendor! No hay derecho, -pensó- y allí germinó la idea de apoderarse de alguno de aquellos cuadros que sabía, valían una fortuna.
Ese era el día. Estaba totalmente compenetrado con el sofisticado sistema de alarmas. Se presentó provisto de una ganzúa que sabía manejar con destreza y no tuvo dificultades para entrar.
Sabía que la casa estaba sola. El personal de servicio ocupaba una vivienda a los fondos de la misma. Se trataba de un matrimonio mayor que hacía varios años desempeñaban las tareas domésticas y sabía que en ese momento estaban entregados al descanso.
Con singular maestría, con la ayuda de una afilada navaja, procedió a sacar de sus marcos tres de las valiosas pinturas y luego decidió probar a abrir la caja fuerte en busca del dinero y otros valores que en ella pudiese haber.
Se le ocurrió que la combinación podía tener conexión con la edad de los niños y utilizando los números de distintas formas logró su cometido.
La caja se abrió y maravillado contempló el brillo de las alhajas que contenía y se apresuró a meter las mismas, añadiendo un grueso fajo de billetes en la bolsa que había llevado a esos efectos.

Consumado el hecho, conectó la alarma nuevamente, cerró la puerta principal y se perdió entre las sombras de la noche.


lunes, 14 de septiembre de 2015

Me gustaría para mí…

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera

Águeda Gondolveu

Me miré al espejo. ¿El me encontraría atractiva? La cita a ciegas que había concertado por internet, más a instancias de mi amiga Clara que por mi propia decisión, me había sacado de mi habitual quietud.

¿Y él, cómo sería? Habíamos conversado de varios temas, teníamos de acuerdo expresiones similares, inquietudes, una multitud de sueños y la necesidad de encontrar alguien con quien compartirlos.
La foto que aparecía lo mostraba alto, atlético, con unos ojos color niebla, al menos así los veía yo.

¿Qué hacer? Me había puesto la blusa que tanto me gustaba, recogí mi cabello rubio y como único adorno la pulsera de perlas, regalo de mi madre.
Bien, lo haré –pensé ¿Qué podía perder?

A lo sumo me llevaré una desilusión más de las tantas que me tocó afrontar. En realidad, lo que me gustaría para mí, sería un ser sensible, amable, tierno. Sin embargo, tenía mucho miedo, no sabía si me animaría a ir a su encuentro.
Pero –pensé, si no me agrada no tengo más que volver a lo cotidiano, a lo seguro. No seas cobarde –me dije- la vida es una prueba y hay que someterse a ella. En cualquier caso, sería una nueva experiencia.


Quizás en este momento se estaría tejiendo mi futuro.

domingo, 13 de septiembre de 2015

LAS PIEDRAS DE MI CAMINO

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera

Águeda Gondolveu

Me llamo Marcela Aguilar, tengo cincuenta y tres años. Soy Gerente de un canal de televisión Nacional. Mi tarea consiste en dirigir el personal, seleccionar el material a emitir, elegir a quién lo presente y también preocuparme de que quien está encargado de la limpieza, dirija a su equipo con eficiencia. ¿Cómo llegué a ocupar este puesto? No ha sido nada fácil. En primer lugar, desde mi adolescencia, mi espíritu creativo me llevaba a idear todas las cosas que pensaba a plasmar en el futuro.

Mi primera cuña fueron mis propios padres.

-Nena, para que te complicás la vida, tenés todo en casa. Además no te vemos pasta para meterte en esos proyectos, dejalos estar.
Debido a mi extrema juventud, lograron convencerme de que mis ideas no servían y seguí disfrutando del bienestar que se me brindaba.

Pero algo bullía en mi interior no queriendo claudicar. En una oportunidad, viendo un programa televisivo, ya con veinte años, noté una serie de modificaciones que consideraba debían hacerse para que resultara exitoso.
Con mi carpeta a cuestas, me presenté en el canal pidiendo una entrevista con el Director.

Como podrán imaginar, me dieron mil excusas y por supuesto no conseguí la entrevista.
Una vez más, me dejé influenciar por estos hechos y volví a pensar que no interesaba a nadie y por lo tanto no tenían valor ninguno de mis pensamientos de avanzada.
Seguía martillando en mi cabeza la idea de dar forma a lo que deseaba y decidí lanzarme de nuevo a la conquista del éxito.

Tomé varias fotografías de acontecimientos de interés y nuevamente me presenté, no a ese, sino a otro canal con el fin de poder avalar una idea en la que ese material se pudiera irradiar en un programa con un nivel apropiado al mismo.

-Señora -me dijo uno de los secretarios de Gerencia- su nombre no me es familiar, no puedo pedir una entrevista a ningún Directorio…es usted una perfecta desconocida. Le aconsejo que se dedique a otra cosa. Buenas tardes.

Así fui recorriendo varios lugares y tocando muchas puertas, hasta que finalmente una
de ellas se abrió. En una conferencia de prensa a la que concurrí, hice una pregunta a un alto dignatario extranjero, la que lo sorprendió sobremanera.

Pidió datos sobre mí y para mi sorpresa fui citada a un estudio donde se me informó que tenía una entrevista con el conferenciante. Éste me manifestó que en su país, hacía falta una corresponsal que, desafiando los riesgos, se aventurara a cubrir sucesos de notoriedad. Pensó en mí y me ofreció el puesto mencionado.

Viaje a Etiopía, a Uganda, a Marruecos, cubriendo los más insólitos hechos. Mi inglés lo perfeccioné en un curso rápido y mi rostro comenzó a verse a través de la pantalla con asiduidad.

Sorpresivamente, en esos momentos en mi país, consideraron que esa perfecta desconocida ya tenía un nombre y ahora sí, mis ideas tenían la oportunidad de manifestarse.

Dejé el peligro de otras regiones y con la rica experiencia adquirida, me dediqué de lleno a mejorar la imagen de este canal que hoy felizmente dirijo.




domingo, 9 de agosto de 2015

BOCHORNO

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Águeda Gondolveu

Otro día de bochorno ¡Qué calor! No tengo ganas de ir a la distribuidora a buscar los helados que debo llevar para vender en la playa.
Siempre sacrificio. Mi padre trabajando hasta que se jubiló para mantener la casa, mi madre haciendo malabares para hacer rendir al máximo el dinero que los tres aportamos, ya que ella realiza algunos arreglos de costura, yo estudiando de noche para terminar mis estudios de arquitecto.

Debo esforzarme por mí y por la ilusión de mis padres que desean y luchan para que termine mi carrera. Desde luego ellos no quieren que realice este trabajo de verano, pero es lo menos que puedo hacer para ayudar en la casa.
Cuando me reciba, les pagaré todo lo que están haciendo por mí.

-¡Conaprole, helados, barritas, vasitos, bombón heladoss!
El estribillo ya lastima mi garganta, pero si no grito no vendo.
Mirá ese tirado indolente en la arena. Al lado de una rubia impresionante que le pasa bronceador en la espalda, esperando que él haga lo mismo. ¡Qué suerte tienen algunos!
Sin duda maneja un súper sport, en dueño de un chalet de veraneo y frecuenta lo más selecto en cuanto a restaurantes.

De lo contrario no tendría esa hembra al lado. Semi-calvo, panzón, casi tan gordo como la billetera que debe tener ¡Qué desperdicio!
Mientras le cobro los helados que se digna comprarme, me acuerdo de otro verano, cuando era adolescente y no sabía lo que lamentablemente ahora sé. Indolente, sin darme cuenta que mi viejo había hecho varias horas extras para que yo pudiera acompañar a Sebastián y sus padres a pasar una semana en Solymar, me asoleaba como ahora, en este verano.

Había varias diferencias, no era Punta del Este, ni había una rubia infartante a mi lado. Pero, ¡Qué feliz fui!, gracias viejo, ojala pueda edificar un palacio para vos y mamá.

No envidio a este ejemplar aburrido, tengo veintiún años, estoy terminando mis estudios y tengo una morocha sencilla y fresca que me espera al término de la jornada.
Chau, veterano, que seas feliz, aprovechá tu cuarto de hora.

-¡Barritas, vasitos, bombón, heladosss!

domingo, 5 de julio de 2015

FANTASMAS EN ACCIÓN

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Águeda Gondolveu

El viejo castillo conservaba muy poco de su antiguo esplendor. Enclavado en lo alto de una montaña, con el mar rugiendo a sus pies, presentaba un aspecto tétrico. Las ventanas salidas de sus goznes golpeaban contra la apolillada madera de sus marcos, las puertas batían sin cesar los embates del viento que se colaba por las abundantes aberturas y el piso rechinaba como si pasaran por él, pies de distintos tamaños. Sin embargo, no estaban del todo aislada, pues, a prudente distancia, se hallaba unja residencia que estaba habitada por humanos dueños, unos simpáticos ancianos que se habían negado a abandonarla.

La familia Wilson, compuesta por el matrimonio y su vieja ama de llaves, salió del destartalado ropero donde dormían para hacer sus correrías nocturnas. Era medianoche, los truenos retumbaban y las luces que se encendían en el cielo eran las delicias de estos fantasmas, antiguos habitantes del castillo.

Utilizaban las deshilachadas cortinas para cubrir sus siluetas difusas y se asomaban como siempre a la ventana. Sentían el placer de asustar a la Sra. Smith, su cercana vecina, puesto que, a raíz de la tormenta, su casa permanecía a oscuras.

Su marido como de costumbre se acostaba tranquilamente, pero la señora encendía una vela y su luz titilante hacía que mirara cada vez con más terror hacia el castillo y viera danzar tres figuras apenas insinuadas rodeadas por multitud de murciélagos, también habitantes del castillo posados sobre sus cabezas. No podía dejar de mirar hacia allí y a ello se agregaba el sonido estrepitoso de las ollas que a modo de improvisado tambor, hacían batir para acrecentar el temor de la buena señora.

La desdentada loca del ama de llaves, sonreía con deleite de ver que una vez más, los coches policiales se marchaban de la casa de enfrente, convencidos sus conductores de que la pobre Sra. Smith estaba tan vieja que no podía dejar de delirar.

  

lunes, 29 de junio de 2015

DISPARADOR

EXTRAVÍO

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera

Águeda Gondolveu

Laura es una muchacha solitaria. La tristeza se instaló en ella desde aquél inolvidable 17 de mayo del año anterior, cuando su alma se quebró en mil pedazos.  Está rodeada de cariño, su madre que le prodiga solícitos cuidados no consigue arrancarla de su aislamiento, pues ella no manifiesta interés por cosa alguna.

Sus obligaciones las realiza en forma mecánica sin poner en ellas emoción ni ilusión. Trabaja en una oficina céntrica y goza de aprecio de sus compañeros y superiores, pues su labor la efectúa con la eficiencia de siempre. Todos se afligen, pues saben el motivo de su apatía, esa que nubla sus ojos verde esmeralda, antes tan alegres y con una chispa que inundaba su rostro de luz.
Ese que ocupaba sus pensamientos, ese Mario a quién se sentía unida por un profundo amor, le había asestado un golpe que nunca soñó recibir de él.
Había tronchado todas sus ilusiones, su fe, todo lo maravilloso que soñaba vivir junto a él. Lo descubrió cuando ese día llena de alegría quiso darle una sorpresa y se presentó en su despacho de abogado. La secretaria no se encontraba en su sitio habitual, por lo que entró directamente en su oficina. Encontró a la secretaria en brazos de Mario. Sin poder articular palabra abandonó el lugar. Cruzó la calle como una autómata, las lágrimas le impedían ver nada a su alrededor, ni siquiera reparó en los insultos de los conductores que debían frenar a su paso.

***

Fernando también había pasado por una mala experiencia. Había perdido la confianza no solo en las mujeres, sino que renegaba del amor, ese que había colmado su corazón en un tiempo, que se le antojaba remoto, aunque había pasado solo seis meses.
Nunca más voy a querer, se decía, porque llega siempre la traición. Me voy a vengar en todas lo que una me hizo a mí. Elena, su prometida, la mujer con la que pensaba casarse en cuanto resolviera un tema económico de poca magnitud, le dijo un día: -No te quiero más, perdóname pero a través de tu amistad con Ernesto y dado que lo veíamos con asiduidad, sentí una fuerte atracción por él que fue correspondida y por eso debo dejarte. Deseo que seas feliz, olvídame y buscá a la persona que te merecés por tu calidad humana. Yo me lo pierdo.

Emilio se espabiló de golpe ¿Qué le había pasado? ¿Por qué no se estaba cumpliendo con lo que tenía programado? Esos diez minutos de sueño estaban a punto de cambiar el plan que había preparado, pues era tiempo de reunir a aquellas dos personas que estaban a su cargo, pues para algo tenía su nombre: DESTINO. ¿Cómo reparar el error? Tenía que cambiar su estrategia para poder lograr su cometido. Esa tristeza debe desaparecer de las vidas de Laura y Fernando y es tiempo que esto ocurra.

Era complicado, pertenecían a distintos barrios, no se conocían, tampoco sus empleos eran cercanos, por lo tanto el encuentro habría de producirse de distinta manera a lo planeado. Se le ocurrió una idea. Iría como un cliente común, al trabajo de Laura y le encargaría un trámite engorroso que, le diría, debía realizar él mismo, pero no tenía ni el tiempo ni la capacidad para hacerlo, por lo tanto, consideraba que ella en era la persona indicada para ello.

Se trataba de concurrir a cierta oficina del Estado (claro, debía elegir la que estaba a cargo de Fernando) y arregló las cosas para que fuera él que tomara el caso.
Esa tramitación debía llevar varios días y necesitar intercambio de documentos e información para que poco a poco se fueran conociendo. A partir de ahí, él se encargaría del resto. Ya no se apartaría de su rol, por algo era el Destino.

Puso manos a la obra y se encaminó a la oficina donde se desempeñaba Laura para poner en sus manos el trámite de referencia. De ahí en adelante, todo iba a ir sobre ruedas y dos personas que estaban destinados el uno al otro, iban a encontrar su lugar en la vida y la tristeza abandonaría para siempre el sitio que ambos le habían asignado.





sábado, 20 de junio de 2015

FANTASÍA Y REALIDAD


Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera

Águeda Gondolveu

La Doctora Teresa Márquez se dispuso a encarar un nuevo día. Era cirujana grado 5 y tenía esa mañana una difícil intervención. Se trataba de un muchacho joven, que manejando una moto había salido disparado de ella al ser embestido por un automóvil que cruzó con luz roja. Naturalmente, como casi todos los conductores irresponsables, se había dado a la fuga.

El muchacho se había fracturado un brazo y tenía contusiones en diversas partes del cuerpo. Por fortuna, el caco había amortiguado el golpe de su cabeza, por lo que allí no recibió ningún daño.
Le había dicho, ante la nerviosidad de sus padres, que permanecían a su lado en forma permanente.
         -No te preocupes, mañana te opero, tendrás que llevar un tornillo en tu brazo pero al cabo de uno o dos meses no te quedará secuela alguna. Sos joven y te vas a recuperar.

Terminó su desayuno y se encaminó a la cínica. Su esposo, un escritor de cierto relieve, para distraerla, la noche anterior le contó parte del argumento de su nueva novela que ésta vez había encarado en una forma distinta a su estilo. Se trataba de una novela fantástica. La protagonista, una joven muy soñadora se refugiaba en la lectura y le encantaba encarnar los personajes que en ella se perfilaban.
Un día era la malvada ama de llaves que buscaba la manera de envenenar a su patrón para quedarse con su herencia; ya que le había hecho firmar un legado a su nombre con un pretexto, dado que el hombre por ser anciano no tenía noción de lo que firmaba. Se aprovechaba de la situación que ella era la única persona que estaba a su cuidado pues él ya no tenía familia.
Otras veces era la tímida muchacha que se enamoraba del estudiante pobre que alquilaba la bohardilla de su casa y al que, en los descuidos de sus padres, le alcanzaba un plato de sopa o algo para que pudiera comer, ya que lo notaba muy pálido.

De pronto se convirtió en una actriz que se deslumbraba con los flashes y sonreía sin prestar atención a nada más que a su persona. Se sentía hermosa y deseada.
Pero, he aquí que un día al levantarse, sintió que de sus hombros le brotaban alas y ésta no era una de sus muchas fantasías, ésta era una realidad.

-¿Qué me pasa? –Se preguntó y corrió a verse en el espejo- ¡son alas! –Gritó- entonces puedo volar, pensó. ¿Me aflijo por algo que no alcanzo a comprender, o me aprovecho de estas alas nuevas para echar un vistazo al mundo entero?
Ahí quedó el relato de su marido. María Teresa sentía una enorme curiosidad por saber cómo terminaría esa ficción.

Dejó de pensar en ello y entró en su consultorio. Habló brevemente con el anestesista y preguntó quienes formarían parte de su equipo para la delicada intervención del muchacho.
Todo transcurrió con normalidad, la operación como de costumbre fue un éxito. Dejó al chico completamente despierto. En su brazo tenía insertada la vía para pasar el antibiótico y el calmante y descansaba sobre una almohada auxiliar.
Saludó y dio el informe correspondiente a sus padres y se encaminó a su casa. Estaba cansada, pero satisfecha. Todo había salido bien. Cuando llegó, su marido la miró con extrañeza.

-¿Qué has hecho? ¿Fuiste a algún baile de disfraces? 
-¿Por qué me preguntas eso?
-Porque de tus brazos han brotado dos alas blancas. Son tan reales, ¿dónde las               conseguiste? ¿Te inspiró el argumento de mi novela?

María Teresa no supo que contestar. Corrió al espejo y las alas estaban allí.

-Por favor Ernesto –dijo a su esposo- decime como termina tu trama, porque                   siento unos enormes deseos de volar.

martes, 16 de junio de 2015

TRAMA TENTACIÓN

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Águeda Gondolveu

No sé cómo ocurrió. Doy vuelta en mi memoria y todo parece tan lejano, como si le hubiera pasado a otro, no a mí.
Siempre sostuve que hay que tener una vida digna, no apartarse de los valores, que en lo simple se centra la verdadera felicidad. He sido un esposo fiel, un buen padre. Mis dos hijos fueron siempre mi orgullo y mi alegría.
Mi vida ha transcurrido por carriles normales, del  trabajo a casa, a la tranquilidad del hogar.
En ocasión, reuniones con amigos, un asado, una copa, una cena con la familia, todo eso representó mi mundo hasta ese día.
Esa tarde, González, mi compañero de oficina me pidió que fuera a su casa porque deseaba que le diera una idea para la adquisición de un cuadro, dado que conocía mi afición por el arte.

Fuimos en su coche; la casa estaba ubicada en pleno barrio de Pocitos, un moderno apartamento amoblado con gusto y carente del detalle por el cual solicitaba mi opinión.
Me presentó a su esposa, Julia, una preciosa morena que me produjo un fuerte impacto.
Me pareció que ella respondía a mi insistente mirada, no quería, pero mis ojos no podían apartarse de su persona; sus ojos grises, su cabello negro, su cuello grácil, toda su figura me atraía como in imán.
Quería prestar atención a las preguntas de mi compañero, pero mi mente estaba en otra parte, preso de su magnetismo, de su seducción.

Ella me dijo sonriendo: Sentate, ¿Qué te puedo servir? No sé qué contesté, pero me vi ante un vaso de refresco y un trozo de torta que no sé siquiera de que gusto era.
Le sugerí a González un par de cuadros que armonizarían con el ambiente seleccionado y, me apresuré a despedirme. Al llegar a casa no me sentí como siempre, contento. Mi esposa, solícita me preguntó cómo había sido mi día.
-Bien –contesté en forma maquinal.
-¿Qué te pasa Eduardo? ¿Tenés algún problema? ¿Todo bien en la oficina?
-Estoy cansado –respondí.

No sé cómo pude sentarme a la mesa, no quería estar allí, sino en aquel apartamento de Pocitos, que sabía iba a volver a visitar. El pretexto sería por supuesto el cuadro, pero ¿Cómo haría para verla a solas?...solo para conversar, me dije, total, eso no tenía nada de particular, sería un cambio de opiniones no más.
La ocasión se me presentó a los pocos días, cuando a González le encomendaron una tarea que implicaba un viaje de dos días a Colonia.
Esa tarde me presenté en su casa llevando nuevas fotos de pinturas con el fin de que Julia las examinara.

-Pasá –me dijo- mi marido no está.
-Ya lo sé, pero no sé qué me pasó desde el momento que te vi. No puedo sacarte de mi mente.
-Sabés que a mí me pasó lo mismo. Acostumbrada a la rutina de un matrimonio sin emociones, el ver en tus ojos ese brillo de admiración me hizo sentir distinta, deseable. No me había pasado otras veces, te lo aseguro.
-Quiero quedarme esta noche contigo.
-¿Te parece que esté bien?...es una locura.
-Nadie se va a enterar. Te necesito, quiero mirarme en tus ojos y acariciar tu piel.

Así sin más, ocurrió. Un torbellino de emociones se apoderó de mí y no vi nada más que esa mujer que me había trastornado.
Viví un romance a escondidas, robando el tiempo de mi familia y pensando que tenía derecho a vivir esa pasión.
Sin embargo no podía evitar la sensación de culpa que me asaltaba a veces, pero era más fuerte la tentación de lo prohibido.
¿Cómo terminó esta locura? Mirando los ojos de mi mujer, tan limpios, tan transparentes.

Tomé la gran decisión; cortar por lo sano y sentí un alivio enorme. Comprendí que nunca había dejado de amar a mi esposa, que mis hijos me arrastraban a ese hogar, que estuve a punto de destruir.

Fue difícil para la mujer que desató mi locura la ruptura, pero le hice comprender que esa vorágine que nos envolvió, me hizo notar cual era nuestro camino.


Ahora, pasada esta etapa he madurado y también aprendí pese a la rigidez de mis principios, esos que siempre había sostenido, que la tentación está al alcance de la mano, que todos alguna vez hemos sucumbido a ella. Yo debí poder sustraerme, pero por fortuna estoy a tiempo de reconstruir lo que por mi insensatez estuve a punto de perder para siempre.

lunes, 8 de junio de 2015

DISPARADOR: Estaba levantando los restos del desayuno, cuando...

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera


Águeda Gondolveu

Estaba levantando los restos del desayuno cuando el cristal de la ventana se hizo añicos cayendo a mis pies. ¿Quién podría haber arrojado una piedra? Me puse un abrigo sobre el pijama y con gran cautela salí al exterior. No vi a nadie ¿Será un accidente? No podrás creer que alguien tuviera interés en lastimarnos.

Hacía poco habíamos llegado al barrio, mi esposo, un abogado criminalista, mi hijo adolescente y yo.
La casa estaba en silencio, Jorge mi esposo había ido a su despacho y Javier al instituto donde cursaba sus estudios. Al acercarme a la casa vecina advertí que algo estaba ocurriendo los gritos de un hombre, los sollozos de una mujer y el llanto de una niña, me alertaron de lo que pasaba. La violencia de hacía sentir claramente y en ese caso, aparte de las víctimas de la ira de ese hombre, involuntariamente yo había sido involucrada.

Afortunadamente sólo tuve que lamentar la sustitución de un vidrio, pero ¿Esa familia cómo podía salir de ella? ¿Qué hacer? ¿Acudiré a la Policía? ¿Me lavo las manos como si nada hubiera ocurrido?

No debería tomar partido y así lo hice.
Con mi intervención, lamentablemente no lograría que las cosas tomaran un rumbo normal, pero debía intentarlo.
Al tratar de entablar un diálogo me di cuenta que nada podría hacer. Generalmente este tipo de cosas no son denunciadas por quienes las padecen y el infierno se desataría en esa casa una y mil veces más.

Di media vuelta y regresé, no podía alejar esa escena de mi memoria y calladamente agradecí la seguridad de mi hogar, basado en el respeto y en el amor.


domingo, 31 de mayo de 2015

MI SUEÑO

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Águeda Gondolveu


¡Qué día tan agobiante!
Había tenido un año agotador. Con miras a una buenas vacaciones, pensaba donde iba a descansar para eliminar las tensiones acumuladas en esa dura etapa de mi vida.
Nada me parecía atractivo, había mirado por internet las mil ofertas que allí había pero ninguna conseguía entusiasmarme.
Estaba paseando por el puerto, ocupada mi mente en oscuros pensamientos, cuando lo vi.
¡Qué magnificencia! ¡Qué líneas! ¡Qué porte!
Parecía surgir de algún cuento de hadas. Pensé que albergaba en su vientre los sueños de alguna princesa de tierras lejanas.
¿Cómo describirlo? Parecía una gigantesca ballena emergiendo del fondo del mar. Volví a mirar sus líneas armoniosas, el gallardo ondular de su bandera de origen y la de nuestro país, que luciendo orgullosa pedía paso como ofreciendo nuestras tierras a tantas miradas extranjeras. Desde luego estoy hablando de uno de esos majestuosos cruceros que todos los veranos nos visitan, albergando turistas de todas las naciones, de personas que como yo quieren poner una pausa en su rutina para poder disfrutar de un sueño.
Ese gigante de once pisos, según supe, tenía en su interior una sala de cine, teatro, varios restaurantes donde se podía elegir el menú, un atractivo free shop y para los más divertidos, varias salas de baile y un casino donde tentar suerte. No pude menos que convertirme en uno de esos afortunados seres que veía desembarcar con la alegría pintada en sus rostros. Rostros amarillos con sus ojos oblicuos que miraban queriendo atrapar en un solo momento todo el paisaje, rostros blancos que parecían no haber recibido la caricia del sol, rostros de alabastro de un lejano continente, hábitat del león bravo, un crisol de razas comenzaba a desfilar frente a mis ojos.

Ellos todavía tenían que tocar otros puertos, respirar otros aromas, disfrutar otros paisajes, sin duda, al regresar no podrán discernir qué lugar había dejado más impacto en sus retinas y por qué no también en su corazón.
Mi patria les tiende los brazos, les regala su cerro, sus suaves salinas y sobre todo la calidez de su gente.

Cuando emprendí el regreso supe sin lugar a dudas cómo iba a disfrutar de mis vacaciones.