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martes, 27 de octubre de 2015

HISTORIAS REALES

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Al Mar

Fue en la limpieza de unos estantes que reparé en un objeto que tiempo atrás atesoré por recuerdos de la niñez. Posiblemente legado de generaciones. Casi olvidada e imperceptible acompaña a los libros en sus anaqueles. Es una medalla de metal de unos ocho centímetros de diámetro. Dos guerreros con armadura apoyados en sus lanzas custodian de cada lado, un escudo. Éste tiene en posición contraria tres leones sobre tres triángulos cuadriláteros. Sobre el escudo están los cascos de estas armaduras y sobre éstas un león en posición de ataque y un jabalí. Uno de los yelmos ostenta corona real. En el reverso, el agradecimiento del Marqués de Willingdon con fecha setiembre 1938.
La tomo tratando de recordar el porqué de la fascinación que sentía por ella. Contaba con unos cinco años. El recuerdo nítido era la importancia que el abuelo sentía de poseerla. Siempre brillante en un mueble al que solo accedían los mayores. La acompañaban copas talladas en colores; tacitas de té agrietadas; dos jarrones de gres y dos candelabros de plata que nunca fueron usados.
La vieja casona se comunicaba por los fondos con la casa paterna en una galería de faroles donde se apoyaban las parras donde año a año la chinchilla y la frutilla (todas variantes del buen vino tinto) presagiaban una buena cosecha engrosando los viejos tallos del parral. Éstos subían contorneándose hasta llegar a los tirantes de madera sostenidos por columnas de hierro en ángulo construidas en los talleres del ferrocarril.
Salían del casco viejo para juntarse unos cuarenta metros más adelante con el chalet en tres escalones que salvaban el desnivel de los terrenos. A la izquierda la quinta exhibía la variación de verdes cercados por el orégano donde surgían con altura dos ciruelos y un manzano. En los días de lluvia se sentía el perfume de la albahaca. El camino de hormigón tenía una suerte de canaletas que desagotaban el agua de lluvia, obra de ingeniería que libraba a la quinta de posibles inundaciones.
En días tórridos el agua del aljibe servía para regar los almácigos. El agua de lluvia corría por los caños del techo uniéndose en las esquinas de las paredes. Así bajaba al pozo de piedra que la recibía para llenar los baldes de hojalata cuando se giraba la cadena en la roldana. Del otro lado los galpones con barriles de roble; enormes damajuanas y la prensa que llegó luego de varias cosechas donde pisábamos las uvas con mis primas entre risas, para convertirlas en orujo.
Este objeto posiblemente permanezca aún en muchas casas de descendientes de viejos funcionarios del ferrocarril. Se sabe que este fue traído por los ingleses en la década de 1800, luego pasó al Estado.
En 1938 el Príncipe de Gales, en una época en que el Río de la Plata era una región fuertemente Británica en simpatías oficiales y con intereses empresariales importantes, llegó a nuestro País. El futuro Rey Eduardo VIII realizando una gira por Sudamérica. La política Británica solía manejar muy bien estas visitas oficiales en países donde tenía inversiones. Se alojó en el Palacio Taranco en la entonces Presidencia del Ing. José Serrato.
Fue en esa visita que entregó como obsequio la vieja medalla en recompensa a los funcionarios con más antigüedad. En una Europa conmocionada; Mussolini se nombraba Duce de Italia. En Alemania Hitler hacía estragos con los judíos, provocando en forma casi inminente la Segunda Guerra Mundial, España sufría los fragores de un aguerra civil, impulsada por Franco. El totalitarismo de Stalin hacía lo suyo en la Unión Soviética.
En ese momento una historia de amor emocionó a los románticos del mundo. El monarca Eduardo VIII abdicó en diciembre de 1936 a favor de su hermano menor y cómplice Jorge VI por el amor a una plebeya divorciada llamada Wallis Simpson.
En mayo de 1937 se transformó en Rey en la Catedral anglicana de Canterbury el padre de la actual Reina Isabel II y la Princesa Margarita, hermana menor de un Rey que dejó de lado una nación prácticamente al borde de la guerra.
Este monarca murió joven dejando el trono a su esposa que reinó por muchos años como la Reina Madre. Nunca perdonó a Wallis a quien culpaba de la temprana muerte de su esposo por crearle una responsabilidad tan difícil de sobrellevar por los hechos que se avecinaban, ignorando por así decirlo, lo hermanados que eran, desde la infancia, los dos príncipes.
En una audición radial Eduardo anunció que le resultaba imposible cargar con el pesado fardo de los deberes de un Rey sin el apoyo y la ayuda de la mujer que amaba a pesar del gran amor que sentía por su Inglaterra.
Pasó a la historia como el hombre que prefirió el amor de una mujer al de la corona. Se casaron en junio de 1937. Le fue concedido el título de Duque de Windsor. Recién treinta años después pudo volver solo a su país y visitar a sus nobles parientes en Londres.
Se establecieron en mayor parte en París, viviendo también en Nassau, capital de las Bahamas en el caribe. Wallis dedicó su vida a él.
Hay objetos que nos pertenecen que tienen detrás una historia que involucra mucho más de lo que imaginamos.


martes, 20 de octubre de 2015

NADA

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera

Al Mar
No hace falta que me quites la mirada.
Dime: ¿dónde está el amor? que volveré a pintar de azul el universo
y solo escribiré en estas hojas rimas y un verso.

Aquella ronda que antes nos abrazaba en forma deliberada
ya no nos da el amor que rompía nuestra calma.
Una enorme nube frente a nosotros se detuvo dando oscuridad,
trato de apartarla, de alejarla solo por vanidad.

No sé si en mi ser algo se detuvo y ya no tengo alma.
Empieza a hacer frío va a volver a llover.
Las primeras gotas lentas golpean contra el pretil
So rompen, se deslizan para un mismo lado.

Sé que hay un pozo profundo y oscuro en el que no quiero caer.
Te tenía en una torre de marfil, hoy no tengo a quién amar.
Ya soy otra vez pájaro sobre el tejado.



domingo, 11 de octubre de 2015

EQUILIBRIO

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Al Mar


Armonía entre cosas diversas. Ecuanimidad, mesura, sensatez. Las palabras son ritmo, poesía, tienen vuelo. Ellas nos llevan a paraísos lejanos en su andar. Desdeñarlas, encerrarlas en numerarios me da pesar. No sentir su candor, su color alienta mi consuelo. La brisa las posee, las ondula las eleva a lejanas corrientes. Su unión, su fuerza, su bravura me emociona y saber que en la blancura encierran todo eso que apasiona. Miro las montañas, las sierras y las veo nacer hasta en vertientes. Su silabeo atento a su crecimiento. Las necesito libres y sueltas para exponerlas a mi conciencia. Emoción, desengaño, dolor en su unión hacen pensar En un nacimiento. Festejo quien pueda combinar el arte de escribir con la ciencia de calcular porque ellas son para mí, doncellas que se reúnen solas resueltas y en su profundo relacionamiento quisiera penetrar.

martes, 29 de septiembre de 2015

AHORA

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Al Mar

La cabaña estaba rodeada de pinos mecidos por la brisa. Había un rumor en el viento. El expectante toma los cabellos para que el viento no los toque. Cela al viento. La pinocha era su nido. El mar embravecido rumoreaba despidiendo una tibia espuma que poco a poco se fue acercando a las femeninas piernas en busca de una humedad similar. Él tomó su mano depositándola en su fortaleza. Ella se estremeció. Se juntaron los labios. Luego la fortaleza se introdujo en la plácida humedad. Los grillos hasta ahora silenciosos, se unieron a los gemidos. Las estrellas fueron mudos testigos de la elevación corpórea. Todo quedó en silencio. Tomó su hermoso rostro, ahora distendido y lo apoyó en su regazo, ahora tibio y laxo. El sueño los entrelazó en un perfume desconocido. Desapareció aquel pájaro del sueño recurrente. Una malla de tejido le impedía volar, buscando afanosamente el hueco que no hallaba. Ahora el pájaro volaba mucho más alto sintiendo que el universo le pertenecía.


domingo, 9 de agosto de 2015

TERRAL, VIENTO ONÍRICO

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera

Disparador: Un personaje observa algo por el ojo de la cerradura.
   Al Mar

El cabalgante desmontó de su moro. Cansado de atravesar cerros y peñascos se dirigió a la sombra de un alto muro de piedra. Al cabo de un beneficioso descanso, observó unos pasos más allá una gran puerta cincelada. Se acercó a pedir refugio por una noche al que sería su benefactor.

La aldaba mostraba un león de gran melena. Dio dos aldabazos sin respuesta alguna. Fue entonces que decidió observar por el ojo de la cerradura.
Del otro lado los tréboles formaban en el campo una alfombra verde. La luz de la luna resplandecía en un tranquilo estanque haciendo brillar una estrella que pasaba entre lo que parecían ser damas dormidas. El misterioso paisaje despertó su curiosidad y acomodó su cuerpo para poder atisbar mejor.

La estrella se aproximó a una de las durmientes depositándose en su frente. El caballero observó que las tres, esgrimían un corazón haciendo notar la semejanza. De pronto un viento sopló en el estanque haciendo ondear la plateada cruz y la estrella se fue, llevando a una mujer que empujaba un cochecito verde de niño cubierto en tules. Desapareciendo del ángulo de la abertura sin dejar rastros.

El hombre se sentó sin comprender la extraña visión, sintiendo como el viento amainaba. La curiosidad se acrecentó y volvió a mirar a través de la cerradura.
Ahora la estrella jugaba en el estanque formando círculos, uno, dos, tres, cuatro saltitos y se depositó en otra frente. Volvió el viento tomando la misma actitud. Entonces esta vez la mujer llevaba de su mano a una niña que cargaba con cuadernos de cuero con muchos dibujos. Desaparecieron en otra dirección. Este viento seguía y la estrella ya se depositaba en la última mujer. Esta hacía fuerza para liberarse pero la estrella se agrandó y la hizo elevarse en la noche. Una niña más grande iba de su mano. Con la otra, sostenía la soga de un burro que cargaba a un anciano sin montura.

         El canto del cuclillo hizo un clic en mis añejos sueños grises. No sentí molestia, por el contrario. No quería continuar con ellos. Me incorporé, miré al frente y una luz desbordante trató de secar los cristales que cubrían mis ojos. Salté de la cama dirigiendo mis pasos a la cajita de mis tesoros. Saqué de ella una esquela. La leí en voz baja tratando de aminorar los latidos de mi corazón. La esquela rezaba:
Muy querida mía:
Le escribo esta, únicamente para hacerle esta pregunta, está en usted contestarla ¿Se ha dado cuenta que es cumplir 15 años? Era hace tan poco tiempo vuestro hijo tan pequeño, que necesitaba su protección contra la vida en la que usted debía abrirle el paso. No porque ahora tenga 15 años va a pensar que no la necesita, muy al contrario, tiene que ponerse en su lugar, afrontar con soltura todos sus problemas; cuando esté alegre, pues bien alegrarse junto a él. Usted se preguntará que es lo que ha de hacer cuando esté triste, acompañarlo, demostrarle que hay alguien junto a él que está siempre listo para tenderle una mano cuando más la necesite. 

Y nunca recuerde con pesar el tiempo que ya pasó cuando lo sentía más suyo. Es ahora cuando lo va a sentir alejarse cada día un poco más, es la vida que lo llama, es la adolescencia que abre una ventana para que el alma de ese joven pase a través de ella y vuele, vuele muy alto y usted será la que tenga que enseñarle a tomar impulso. Usted tiene la llave de un corazón muy sensible que quiere soltar las cadenas. 
Suéltelas pero ponga en vez de ellas un hilo de seda, para que cuando la necesite, pueda disimuladamente tenerlo sujeto. El pájaro quiere liberarse pero no soltar sus hilos que lo tienen unido al nido. No tome a mal esta carta y me despido de usted con un beso en su frente. Ahora la necesito más que nunca.
Cariñosamente S


Fue así como comprendí que todo lo que está en la tierra se transforma, todo pasa, ningún acontecimiento ni ninguna emoción son permanentes. Aceptarlos es parte de la naturaleza, porque son la naturaleza misma de la cosas.

ENSAYO DE CREENCIAS O FOBIAS:

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera

Al Mar

Las cuatro amigas nos pusimos de acuerdo con el nuevo disparador. Quedamos en parejas para realizarlo. Yo quedé pensando que no conocía ninguna de las fobias y llegué a la conclusión de que no iba a escribir. Durante la semana me acompañó un extraño sentimiento de culpa. Necesitaba expresarme.
Recuerdo cuando comenté: ¿Dendrofobia? ¿Qué es eso? Donde yo mejor me puedo inspirar es debajo de los árboles.

Unos dos días atrás, mirando los estantes con artesanías de otros países que traía mi esposo de sus habituales viajes de negocios, recordé al Erero; un hombrecito indígena risueño cargado de bolsas que en la región de los Andes lo consideran el guardián personal más popular para la buena fortuna y la abundancia. Un chamán lo pasa por humo sagrado para que se cumplan todos los pedidos de la persona que lo posea.
En diferentes mudanzas el pequeño habitante desapareció. Luego reparé en la pareja de Quechuas. No sabía su significado. El hombre sentado con los brazos apoyados sobre las rodillas. La mujer a su lado con los brazos en forma de vasija y una víbora sobre la cabeza simbolizando un tercer brazo. A su lado un mapuche de madera que con cierto movimiento exhibía su falo erecto.

Dos lechuzas en su inmóvil poder de observación atentas a todo movimiento. Esta ave rapaz fue considerada en la cultura europea un animal demoníaco de la noche. Fue en la antigua Grecia que por su cabeza más grande y los ojos al centro se la consideró la imagen de la sabiduría como lo era la diosa Atenea.

A la izquierda contemplé el tapiz del dios de la Medicina, el Tumi. Recapacité y pensé: si estos objetos eran recuerdos o habían llegado para librarme de desconocidas fobias.
Hice un recorrido por la casa y conté más de veinte de ellos que tenían un significado relacionado con el disparador. En la maceta de la disciplinada tengo recostadas a ella dos herraduras. Estas me acompañan desde la niñez. Me las dio mi abuelo Pedro. Poseía varias en el galpón donde almacenaba los toneles de roble.
Su poder místico protector de los ganados es mayor por el número de clavos que llevan, siempre son siete en cada herradura. La práctica se remonta a más de quinientos años.
En Rutland (Inglaterra)en el castillo de Oakham existe la exposición más extraordinaria de ellas.
En el dormitorio, no había tenido en cuenta el capturador de sueños. Colgaba del modo del soporte que sostiene las cortinas. Simula una tela de araña que oficia de trampas para atrapar sueños desagradables. Contiene elementos de la naturaleza como madera, cuero, plumas que ayudan al vuelo de los sueños buenos para que lleguen a la persona que duerme. Una pequeña semilla simboliza a la araña y varias piedras posiblemente sueños atrapados.

Una leyenda indígena de los Ojibwas de Norteamérica sostiene que en el aire de la noche el viento empuja para penetrar los dos sueños, que pasan por la tela de araña. Los malos se enredan en ella sin poder salir pereciendo a la luz del alba.
Hace ya tiempo, caminando por la Peatonal Sarandí, observé que se propagan cada vez más, centros de venta de toda clase de amuletos de origen mineral.

Entré al comercio a observar la gran variedad de piedras semipreciosas, sin resistir la tentación de obtenerlas. No voy a extenderme en su significado, pero me hice de: ámbar negro, con inmenso poder en la Edad Media, lapislázuli, bello mineral azul intenso, cornalina, esmeralda, jade, hematites, rodocrosita, zafiro, ágata, aguamarina, obsidiana, ojo de tigre, variedad de cuarzo contra el mal de ojo, granate, ónice, turquesa o piedra turca.
Creo que algunas más cuyo nombre no recuerdo. Para que tengan intacto su poder, es necesario lavarlas cada tanto, colocándolas en vinagre y en agua; secarlas y exponerlas al sol para insertar energía en ellas.

Es posible que mientras las piedras aumentaban la energía yo la iba perdiendo con tanto ajetreo. De ellas solo queda un cuarzo rosa que representa el amor.
Cierto escozor me recorrió al ver que la lista seguía cuando me vino a la memoria que cuando niñas, buscábamos afanosamente tréboles de cuatro hojas para colocarlos en los libros de cuentos. De ellos conservo los dos más pequeños. El trébol irlandés es de tres hojas y aparece como amuleto precristiano de los celtas en Gales. Luego fue aceptado por los cristianos como símbolo sagrado para convertir al País al Cristianismo demostrando que las tres hojas representan a la Santa Trinidad.

Solo nombraré la Cruz de Anj , amuleto egipcio o “símbolo de la vida”, anterior a era cristiana en muchos siglos. El ojo azul de Turquía, protector del infortunio en general con la presencia del ojo y el color azul. El hueso de la suerte, formado por las clavículas del pollo o pavo en Navidad. Se dejan secar durante tres días, al cabo de los cuales se tira en dirección opuesta cada uno de los huesos con un pensamiento alegre. Supe esto mucho después que mi padre me invitara a tirar de uno de los codos. Cuando se rompió, yo quedé con la parte mayor. Él me dijo: -¡Te gané! ¡Te gané!, sin saber qué había ganado. El ajo, tradición que se remonta a más de dos mil años. Desde Europa al Lejano Oriente. En muchas viviendas se cuelga todavía ristras de ajos.

Por último un signo que ha sido tan manchado como la antigua svástica. Durante siglos actuó como rueda de la vida y guardián de las personas que la poseían. En un lapso de pocos y espantosos años, se convirtió en el símbolo más odiado del mundo tras haber sido adoptada por Adolf Hitler y sus seguidores Nazis. Tendrán que pasar siglos para que la svástica recupere su papel originario, presente en diferentes culturas. En regiones remotas alejadas de la segunda Guerra Mundial, no perdió su papel protector como en zonas rurales del Tíbet, donde se coloca sobre las puertas de las viviendas para impedir la entrada de espíritus maléficos.

Al girar desprende de sus brazos una luz que representa al renacimiento diario de la vida. Friedrich Krohn, fue el responsable de su introducción en el movimiento nazi. Hitler hizo que simbolizara el resurgir de la vida Nacional. Uno de los símbolos protectores más grandes del mundo, se había convertido en el más despreciado.
Todo esto salió a luz en una pesquisa realizada con el fin de esclarecer el porqué de un libro de estudios en inglés, perteneciente a mi padre de 1921. El libro montado en cuero rojo, esgrime en su parte superior el signo de la svástica en dorado.


Son tantas las fobias o supersticiones que sería imposible definirlas a todas o darse cuenta de cuantas caben en tus tendencias diarias. Las supersticiones afloran en todas las culturas del mundo.

lunes, 29 de junio de 2015

UNA LEYENDA A FLOTE

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera

“La rememoración es sin duda la fuente de toda creatividad”
Kierkegaard

Al Mar

¿Quién de nosotros no rememora a los abuelos? Seres bondadosos que marcaron un surco muy profundo en nosotros, llevándose con ellos parte de nuestra infancia, feliz recuerdo que podemos atesorar.

Fueron épocas diferentes donde los patriarcas participaban activamente de la vida familiar y los niños podían compartir historias y vivencias de otras generaciones y de otros mundos. Las abuelas y el abuelo materno eran muy callados. Con ellos solo compartía los ruidos del silencio, bajo la pérgola que sostenía celestes racimos de glicinas donde hacían gran algarabía una pareja de mirlos enamorados.

En cambio el abuelo Guillermo contaba anécdotas e historias de su querida y lejana Belfast, puerto y capital de Irlanda del Norte. No sin antes repetir incansablemente que: “De Belfast, pero al servicio de la Reina de Inglaterra”, dejando por sentado que quedaban atrás, décadas de violencia entre católicos y protestantes.

Frente al añejo reloj de péndulo me sentaba en su regazo. Cuando se acercaban las campanadas, tenía que demostrar los conocimientos aportados. Sin conocer aún los números, la situación fomentaba en mí cierto clima de horror, que se fue disipando domingo a domingo. En ellos no faltaban los repetidos besitos pinchudos en ambas mejillas, dejándolas tan rojas como manzanas.

El me transmitió la historia del bisabuelo, que en sus años mozos trabajó para los artilleros H&W. participó en la construcción del malogrado crucero Titanic, majestuoso buque que conmueve por su historia.
Contaba Míster James que saliendo de Belfast en 1911 con destino a Southampton puerto de Inglaterra, muy cerca de Londres, para cruzar el Atlántico con destino a Nueva York; destino que no llevó a cabo. Miles de personas acudieron al puerto para ver el mayor objeto del mundo en movimiento y en cuya construcción los astilleros trabajaron más de tres años.

El abuelo contaba que su padre, con los demás operarios, por años no hablaron del suceso. Se sentían culpables por la construcción, hasta que se comprobó que lejos de ser una falla técnica, un iceberg había invadido la ruta del buque, desprendiéndose del norte, hacia el sur.
Hoy el buque pertenece a la ciudad de Irlanda, como ícono de la misma. Los astilleros Harland & Wolff lo declararon patrimonio del País, optando por no derrumbarlo, como se pensó en determinada instancia.
Mi abuelo llegó a nuestro País como otros tantos emigrantes. Inglaterra había instaurado acá los ferrocarriles a vapor, necesitando personal idóneo.
Luego de una niñez en el condado de Galway, aprendió el oficio de carpintero, y con él y como Masón, se afincó en Montevideo.

No necesito cerrar los ojos para imaginarlo sentado en su sillón de hamaca con la manta a cuadros cubriendo su falda que ya no prestaba servicios con el viejo reloj de madera que luego de cien años cayó de su recinto en la pared con gran estrépito.
Como gran lector, sus regalos para mis primeros cumpleaños fueron libros dedicados con una firma cálida y temblorosa.
Aún conservo dos de los libros que me lo recuerdan: “Maya la abeja” de W. Bonsels e “Ivanhoe” de Walter Scott.

De su matrimonio con la abuela Alicia con seis hijos, el único varón no tuvo descendencia masculina culminando así con su patronímico.
Años más tarde me dediqué a buscar el origen del apellido por medio de una firma de plaza. Ésta certificó sobre un pergamino el origen irlandés de Martin. El nombre pasaba del primer portador o progenitor al hijo en forma hereditaria.

Las familias de este linaje se encuentran en los condados de Galway y Tyron. Este apellido tuvo mucha importancia en la Edad Media. En cuanto a la etimología del mismo significa: “Hombre marcial y guerrero”. En un principio fue utilizado por nobles y por el clero.

En homenaje al abuelo que tanto me aportó, busqué afanosamente el Blasón de Armas. Este consiste en un escudo donde sobre un fondo azul predomina una cítara de oro. A cada lado de la misma, dos guerreros en actividad marcial. Sobre la cítara, un león ostenta una corona real. El azul denota nobleza. El oro denota generosidad.
Realmente esto es lo que marcaba a mi abuelo, a quién le doy las gracias por tenerlo siempre conmigo.




lunes, 8 de junio de 2015

SECCIÓN: CARTAS DE AMOR

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
AL Mar
Brasil
Brasilia D/F
27 de Mayo de 1985

Querido mío

Quiero que tomes en cuenta que esta será la última carta que recibirás de mí. Cuando aquel día entraste a la oficina, no sospechaba que eso sería un comienzo.
El salón estaba casi desierto y decidí intervenir.

         -¿Puedo ayudarlo?, están todos en una reunión. Me miraste  y se formó en  tus labios una sonrisa de aprobación…¿Recuerdas? Me lo agradeciste diciendo que tenías que hablar con el Gerente y que volverías. Tus ojos brillaban, no dejabas de mirarme.
Volviste si, vaya que volviste. Tus visitas con la carpeta azul se hicieron asiduas como también se hicieron cada vez más cálidas tus miradas.

Te lo pido nuevamente, no me escribas más.

Al principio nada perturbó mi pacífica existencia. Fuiste persistente y comencé a pensar que contigo iba a comprender el significado de la palabra amor.
Aquel día frío y lluvioso llegaste a la misma hora. No hablaste con el Gerente, en cambio, me ofreciste llevarme a casa. Tenía que suceder.

         Días después cuando atendí el llamado a la puerta de calle y te vi ahí, parado en el porche con tu bondadosa sonrisa, quedé paralizada.

Luego, tus cálidas palabras: -“Vengo a hacer contacto con tus padres, los quiero conocer”. Estas flores son para tu madre. Supongo que captaste que no pude emitir sonido alguno. Era muy notorio que mis padres no estaban al tanto de la situación. En tu forma tan natural de ser, simplemente pasaste sin que te lo pidiera.

Esa forma de ser tan tuya, hizo que ellos te aceptaran en una forma casi espontánea.
         -Es un amigo –dije.

Te lo repito, no quiero saber más de ti.

Esperaba tus cartas con alegría, con ansiedad. Querías llevarme contigo a un lugar muy lejano. Mi pensamiento no cubría para nada lo que pudieran pensar mis padres, mi familia, al alejarme de ellos.

Eran los proyectos que tenías para tu futuro, en el que me incluías, aún sin decírmelo desde un principio.

Cierto día se apoderó de mí un sentimiento de aventura y viajé a verte. Al llegar me sentí afortunada. Nadie me había esperado con tanto anhelo. Te lo digo, querido mío, no supe si se posesionó de mí el amor o un sentimiento de liberación.
Fue en el segundo viaje. Cuando llegué, te comenté que mi familia parecía aceptar la situación no sin cierta tristeza. Estabas algo serio desde que salimos del aeropuerto. Al llegar comentaste.

-Amor, ella va a venir. Quiere saber cómo estoy. Voy a tratar de que se vuelva cuanto antes…
         Sólo tú sabrás si mi semblante cambió. Yo sí sé que mi interior soportó sin palabras mi enojo una enorme presión. En ese momento crucial de nuestras vidas, fuiste el arquero que disparó el dardo, dando en el lugar certero.
-¡No!, no te culpes, el dardo no era venenoso. Sé positivamente que tus sentimientos eras reales. No solo eso, me impulsaste al verdadero gran amor.

Guardo bajo llave tus cartas, las numero, las protejo de miradas indiscretas en una cajita de madera labrada con un corazón.

Ese corazón es el mío y ni la caja ni él, admiten una sola línea más.

         Siempre voy a estar agradecida. La primera experiencia no siempre es positiva y sabrás que la guardo y te guardo en un lugar muy importante de mi corazón.
Nuestros caminos ya no se unen y aun así, esto es un hasta siempre.

Almar


domingo, 7 de junio de 2015

EL ARBOLITO

CAJA DE IDEAS. Asociación de imagen con frase aplicando marcadores
Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera

Al Mar
La quinta exhalaba fragancias. Hasta los macachines le sonreían al sol.
Solo dos árboles se erguía añejos y fuertes e ella. El ciruelo con ciruelas blancas y el manzano que en la época de la maduración dejaba caer su última joya de una pequeña producción sin siquiera madurar.

Aparte, junto al almácigo de perejil se destacaba por su delicadeza en el rosado un altivo duraznero.

En el fondo, se sentía el más joven. Orgulloso de su colorido y juventud, dejaba que el viento acariciara sus pétalos y pistilos en suave ondulación.

En cualquier caso, Don Pascualino se encargaba con esmero de los tres con la misma perseverancia, sulfatando, podando y recogiendo el producto de la fecundación. Don Pascualino se había dedicado a la tierra desde muy joven, era su mayor pasión. Trabajó como peón en las cosechas, luego pasó a jornalero y después de años pasó a ser efectivo en la estancia de los Amoretto.

De igual modo, este corso y su familia; esposa, dos hijos y Labrador, el perro, se dedicaban al cultivo de la tierra, dejando pastar a tres ovejas para mantener el pasto a una altura considerable.

De hecho, depositaron toda la confianza en este hombre que con sus ochenta años, cumplía la labor con alegre dedicación. De lejos se le escuchaba silbar, costumbre muy común en su generación.
Sin embargo algo empañaba la tranquilidad del buen samaritano. Una de las ovejas se acercaba al duraznero golpeando contra él su inmenso lanar. El arbolito era el orgullo del hombre de campo. Él lo había plantado, regado y abonado.

Es decir que se sentía al padre del arbolito. Mejor aún, era orgullo con orgullo. Don Pascualino no sentía ninguna simpatía con el proceder del animal y con el tiempo le fue tomando encono. Cuando no silbaba, se sabía que el merino se iba acercando al duraznero, indefenso al ataque.

Además, este estaba en esa primavera en todo su esplendor. Algo en la mente del padre del arbolito se iba iniciando. Un día encaró al italiano y con su carácter no siempre demostrado dijo: -“Mire patrón”, me gustaría que se deshaga de las ovejas. Andan dejando por todo el campo unas bolitas negras que ya no tengo ganas de juntar. Me cuesta estar agachado. Las junto cuando y cuando me doy vuelta, ahí están otra vez como aparecidas de la nada. Estas ovejas parecen tomarle el pelo a uno y yo ya tengo mis años. En realidad, merezco más respeto.

Don Luis Amoretto quedó bastante confundido, apreciaba mucho al agricultor pero no obstante, quedó sin respuesta.
-En algunos días le contesto –dijo- y partió raudo hacia el caserío. En dos días llegó la respuesta.

-Pues bien, ya que las ovejas le juegan una mala pasada, he decidido juntarlas en un corral. Cuando el pasto esté crecido, usted va a elegir una de ellas para cortarlo. La va a llevar atada con una soga al cuello. Cuando note que ya se alimentó lo suficiente, va a hacer lo mismo con las otras dos. Satisfecho con la respuesta se aprestó a seguir las nuevas directivas, incluso con más bríos.

Así fue como Don Pascualino y el duraznero siguieron erguidos y orgullosos el uno del otro por mucho tiempo y el labrador ya no dejó de silbar.