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viernes, 30 de octubre de 2015

HABÍA UNA VEZ UNA MARIPOSA

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
María Cristina Bossio

Había una vez una mariposa, que se levantaba muy temprano todos los días. Se lavaba, se peinaba, se vestía, tomaba el desayuno y salía a recorrer el barrio, muy contenta, con vivir su vida a todo pulmón, a sus anchas, como diría alguien.
Además de volar por volar, le gustaba ver las casas y entrar en ellas. Había casas encantadoras, eran casas de puertas abiertas., allí se respiraba olores, sabores, y colores, eran casas con vida.

Se podía pasear en ellas. La mariposa se sentía cómoda.
En cambio, había otras casas, que para entrar ellas era necesario buscar una hendija, colarse por entre sus paredes. 
Una  era, en particular, cuadrada, todos sus muebles, colores, sabores y afectos estaban geométricamente dibujados en cuadrados perfectos. Todo allí, entraba en esa cuadrícula, es más la casa hacía gala, se sentía orgullosa, de que todos sus ángulos rectos eran perfectos. 
La mariposa tenía que volar por sobre las líneas rectas, sólo hasta el próximo ángulo y de allí hasta la otra línea, hasta el próximo ángulo, una encerrona de ángulos y líneas rectas que la agobiaban. A ella le gustaban las casas de líneas onduladas, qué bien se sentía en ellas!
Y sobre todo buscar un punto en la línea y que los demás puntos de la línea se reacomodaran para darle un lugar, porque eso sí, ella pensaba-está bien que yo busque un lugar en la línea, pero si las demás líneas no me dan un lugar, es imposible que yo tenga estabilidad. 
Lo malo de todo es que cuando no se da ese corrimiento natural, la mariposa tendía a robar un lugar y las demás líneas se enojaban mucho con ella. 

Así pasó en la casa de la cuadrícula, cuando ella quiso encontrar un lugar y no se lo dieron, la aplastaron un millón de cuadrados, perfectamente dibujados en negro, grandotes, orgullosos, mezquinos. Salió muy mal herida esa vez... y moraleja, no te metas en casas ajenas donde no se te brinda naturalmente un punto en el espacio, por más que tu luches por conseguirlo, es inútil, no eres bienvenida.




    

miércoles, 21 de octubre de 2015

APROXIMACIÓN AL SONETO

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
María Cristina Bossio

Hoy les quiero hablar de Fortunato
mi nuevo gato que es camandulero
a la vez timorato y bandolero
mi bienvenida gato Fortunato.

Gustazo en verlo Don Segundo Gato
pastillas no, para Ud. sólo puchero
debajo de su piel veo que es fiero,
ya viéndolo aquilato su mandato.

Más, ¿porqué será tan extravagante
siendo además un buen pelagato
querrás tú hacer conmigo una alianza?

Ten fé ahora sólo quiero, tunante,
tenerte entre mis brazos un buen rato
sentirte sólo mío es una ordenanza.

El título: Un gato especial


martes, 6 de octubre de 2015

LOS OBJETOS DE LA CASA

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
María Cristina Bossio

Aquél día estábamos haciendo los deberes en la mesa gris de mi casa, tachonada de chiclets duros y pegados, y de pronto, nos quedamos sin luz, como solía ocurrir, cuando hacía mucho viento. La primera impresión fue de un miedo impresionante. Sin luz se podía oír nítidamente y con más intensidad el ulular del viento golpeando los postigos en las ventanas. Papá y mamá habían salido. Estábamos solos.
Le hice un guiño a mi hermano para asustar a mi hermana con una sábana. Ella corría por toda la casa.
¡Dios mío! Cómo nos reíamos, hasta casi perder el aliento y tosíamos mucho también. Al rato recobramos la calma y nos sentamos en el suelo para prender el farol a mantilla que nos había traído de regalo mi querida tía Tita, en realidad se llamaba Eloísa. Yo la quería mucho.
Era farol, era faro de Alejandría, iluminando los ángulos más oscuros, devolviendo las formas a los objetos y tranquilizando las almas asustadas. Era la luz propia de la infancia, transparente y confiada que ora pudiera ser también una idea, una sonrisa, una esperanza o un deseo muy fuerte.
Era energía que da luz propia, era un sol que brillaba y por medio de esa energía poder conocernos mejor, saber quiénes somos, de lo que somos capaces de hacer,  hurgar en el miedo hasta destrozarlo.
Si te aterrorizas... Si te pueden...Lo que es el miedo y aun así seguir viviendo, siendo fuerte ante él, detrás de él o debajo del miedo  o al otro lado de la frontera del miedo. ¡Y querer triunfar del miedo!

    

viernes, 25 de septiembre de 2015

EPÍGRAFE

Desperté a media mañana. El día estaba nublado y ventoso. Bebí café y comprobé que el dinero estuviera en su escondite.
"El elogio de la nieve". Hugo Burel.

María Cristina Bosio

La Sra. Vonhaus se despertó temprano, como lo hacía todos los días. Primero puso su pie derecho en el suelo, para recordar que debía escribir aunque fuera una línea en su diario.
La rutina que ella seguía era siempre la misma: bañarse, vestirse, tomar una tacita de café recién hecho y salir a hacer la compra.
La ciudad en la que vivía era limpia, limpísima, no se veía un solo papel en el suelo, tampoco había árboles que ensuciaran las veredas con sus hojas caducas y los contenedores de basura estaban bajo tierra, de manera que con un botón se abría la tapa y la basura desaparecía.
La gente de la ciudad era pulcra, amable y respetuosa del espacio urbano tanto como del personal.
Desde hacía unos días, en la puerta del supermercado al que concurre habitualmente, se veía un muchachote de tez oscura, cabellos enrulados y negros, alborotados. Sonriente. Con una sonrisa abarcadora. No pedía limosna, sólo observaba a quién pasaba por ahí. Derrochaba alegría y vitalidad. Hoy sólo tengo ésta moneda -Se dijo- mañana, Dios dirá.
Entró al supermercado, y sonriendo a la empleada compró una manzana y un pan chico.
La Sra. Vonhaus acostumbraba pasear por un parque vecino, ese día se quedó contemplando largamente las variaciones de colores de los arces y abedules que iban tornando del naranja al marrón rojizo. Era otoño y empezaba a hacer frio. El muchacho no podía quedarse quieto, daba unos pasos para aquí y otros para allá, no quería perder el calor de su cuerpo. La ropa era escasa. Su respiración se hacía humo en el aire.
La Sra. Vonhaus sacó una campera que era de su padre y se la llevó. Él se deshizo en agradecimiento, aunque la muralla del idioma los separaba, se entendieron.

El Sr. Enns compraba en el mismo supermercado. Su figura contrahecha no le permitía estar de pie mucho tiempo. Se apoyaba en un bastón para caminar.
Cuando salió del supermercado con la bolsa de la compra, el muchacho se le acercó para ayudarlo.
El Sr.Enns le dejó hacer, aunque a regañadientes.
La Sra.Vonhaus conocía a su tacaño vecino, así que vio cuando le daba sólo unos pocos céntimos de euro como propina. La increpó y le dijo que fuera un poco más generoso.
Así pasaron los días y la Sra. Vonhaus no paraba de pensar qué otra cosa podía hacer para ayudar a aquél muchacho. Se le ocurrió darle albergue en el sótano del edificio donde estaba la caldera de calefacción. Allí le armó un futón y un hornillo para que se hiciera algo de comida. También había un baño pequeño. No lo pensó dos veces e instaló a Jonathan, ese era su nombre, en su nuevo hogar.
El sótano se llenó de olores  y sabores que despertaban los fluidos estomacales. Los chiles, los tomates, las cebollas y los pimientos asados le daban  alegría a Jonathan y le recordaban a su país, tan lejano.
Luego vinieron las tertulias de los sábados, que le servían para aprender algo de aquél idioma tan difícil para él.
Sin embargo  la felicidad pasó pronto. El siniestro Sr. Enns amenazó a la Sra. Vonhaus con denunciarla a la Oficina de Migraciones por darle albergue a un indocumentado, cosa que estaba penado con prisión.

Unos días después no se vio más a Jonathan.

La Sra. Vonhaus sospechó de inmediato del Sr. Enns y se dirigió a las oficinas del aeropuerto para recabar información. Efectivamente le dijeron que lo habían deportado y que no lo intentara hacer de nuevo porque iría presa.

Esa noche estuvo pensando y sacó el dinero que tenía en su escondite. Calculó cuánto le costaría un internado para cuando se hiciera más mayor y no pudiera depender de sí misma. Con el resto hizo un giro bancario a México donde Jonathan pudiera empezar una nueva vida.

Se sentó en su sillón favorito, se sirvió un café recién hecho y empezó a escribir en su diario la línea diaria que se había propuesto. Su cara lucía feliz.

 

         

sábado, 19 de septiembre de 2015

COLORES, SABORES Y FORMAS

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera


María Cristina Bossio

Aquel día cuando toqué el timbre de su puerta, sentí que emanaba un perfume encantador. Abrió su puerta y me condujo al living comedor, como si fuera una reina. Allí había una mesa servida para una cena especial. No faltaba un solo detalle. Un ramo de rosas rojas parecía sonreírme desde el jarrón, las velas encendidas daban un toque de magia al momento.

Observé los platos preparados, la ensalada Waldorf con manzanas, yogurt, nuez, apio y mayonesa, otra ensalada fantasía con repollo cortado en juliana como finos dedos con cuadraditos de jamón cortado finamente. Más allá se confundían traviesamente los colores del pimiento con el tomate y roquefort. La infaltable pasta a la boloñesa que tanto me gustaba. Y a los postres nos esperaba el ananá con cerezas y el omelette Surprise que él diestramente puso en el plato para que lo pudiera degustar.


Eran platos sencillos, pero hechos con amor; se abrieron todos mis sentidos y fuimos eligiendo las porciones amorosamente. Nos acompañaba la música de Chopin para redondear este encuentro tan especial. Al terminar, caminamos lentamente al dormitorio para poner el broche final a esta fiesta de los sentidos de puro erotismo.

domingo, 5 de julio de 2015

AGGIORNAMIENTO

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera

María Cristina Bossio

Era una familia de fantasmas especial, como diríamos hoy, progresista. Ese día estaban reunidos: el padre y la madre fantasmas con sus dos hijos. Todos ellos, fantasmas de ley, asustaban a la gente desde atrás de los espejos, hacían ruidos espeluznantes de cadenas sueltas a la medianoche y mucho más. 

Vivían en una casa abandonada y eso los molestaba un poco. Pensaron que tendrían que cambiar bastante para que la gente los aceptara de otra manera. Desde ahora en adelante, usarían desodorante de ambiente cuando reaparecieran, se anunciarían con una música de Vivaldi, según la estación del año en que estuvieran y llevarían túnicas de todos colores, rojas, amarillas, azules, naranjas y sus ojos irradiarían luz verde esperanza.
Consideraron que hoy en día la gente se ven grises, muy agresivos en el tránsito, estresados en el trabajo e intolerantes con la familia. Ver de pronto un fantasma sonriente y bien oliente sería una buena cosa. Ellos sentían que habían encontrado un lugar en el mundo. 
Querían ser los benefactores de la humanidad. Desde ahora en adelante trabajarían para aparecer en las casas de los demás en el lugar menos pensado, así que tendremos que estar muy atentos, quizás hoy cuando apaguemos el televisor podamos ver el simpático fantasma que abandonó la casa solitaria y se mudó a la nuestra para hacernos la vida más amable y feliz.


viernes, 26 de junio de 2015

UNA HORMIGA DE VERDAD

  Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
María Cristina Bossio


  
De tanto no dormir de noche ni de día, se me obsesionó la cabeza de tal modo que un día cuando me miré al espejo, me vi antenas que salían de mi cabeza y un cuerpo extraño que no era el mío. Sí, me dije ¡al fin! me había transformado en lo que yo quería. Ahora era una hormiga de verdad.

Y salí al jardín en busca de mis compañeras de vida. Por supuesto las encontré trabajando, como todos los días. Allí estaban recogiendo trocitos de coles, granos de trigo, cáscaras de frutas, pétalos de rosas, hojas de clavel. Incansables en su labor, trabajando de día y de noche, con frío o con calor, y a ellas me sumé.

Volvimos tarde al hogar, bajo los peñascos y las arenillas estaban las celdillas, el dormitorio de su reina y el almacén para guardar los alimentos que las abastecerían durante los días de lluvia y frío.

Como todo buen emprendimiento requería de una buena administración Había una buena división del trabajo, Las obreras cuidaban a las larvas, las alimentaban y las lavaban; además, mantenían y defendían el hormiguero y por supuesto cuidaban a la reina, que como ustedes saben es la única hembra desarrollada y fértil. Otras tenían que ver con la supervivencia, el comer o ser comidas. Uno de los problemas era el oso hormiguero, que con su trompa finita  chupaba a cuantas podía.

En ese hogar reinaba paz, todas nos comunicábamos con nuestras antenas, nos contábamos las peripecias del día, los sobresaltos, los parabienes, y ese gesto me emocionó. No estábamos separadas rumiando cada una su experiencia diaria, sino que la dábamos a conocer, y compartiendo todos podíamos opinar  para mejorar sobre la marcha las peripecias diarias. Pero en ese matriarcado también habían surgido problemas. Las obreras se rebelaron porque lo tenían  que hacer todo. La solución estaba a la vista: había que redistribuir el trabajo

En ese momento aproveché para hablarles de mi mundo, en que éramos todas hormigas iguales a ellas,  pero el comportamiento era distinto, allí había una competitividad feroz. Allí se luchaba en forma continua por ascender en la escala de poder de la colonia  y esa lucha no solamente era desigual, sino que nos desgastaba hasta enfermar y morir. De ahí que me propuse no vivir más con ellas, alejarme definitivamente. Y aquí estoy, dispuesta a empezar una nueva vida con ustedes, si me aceptan Pero con una condición. Debían aceptar mi mediación para solucionar ese problema de trabajo que había surgido.
 
Me miraron y vi como las antenitas subían y bajaban dándome su aprobación. Era tal mi alegría,  que me sentí feliz como en la cuna de mi infancia otra vez. Me  sentía plena...cuando  pronto a lo lejos sentí la voz de mi hija, mamá, mamá ¡se está quemando el arroz!  Aquél arrobamiento primario se convirtió en un dulce sueño, que podía volver a recrear cuando quisiera.


UNA TARDE CALUROSA DE VERANO

Trabajamos con el destino
Escritores Creativos Ernesto Herrera
María Cristina Bossio

Una tarde calurosa de verano, en la hora tediosa de la siesta, me preguntó mi nieta:
-“¿Qué es el destino, abuela?”
-Un poco difícil tu pregunta, le dije, pero vamos a ver cómo puedo explicarte.” Para una niña pequeña como tú, de tan sólo seis años –le dije- tienes que imaginarte  que el destino, esa palabra tan fuerte es como una paloma posada en la rama de un árbol, que está pensando sobre la vida de los demás.

Ese Sr. Don destino, con ese nombre tan rimbombante es nada menos quién nos vigila constantemente, no dejándonos mucho margen para actuar. Bien sabes tú que la vida está llena de ilusiones y que para crecer necesitamos creer en ideales, son esas ideas que nos forjamos por ejemplo: cuando sea grande quiero ser... médica, o profesor de matemáticas como papá y seguimos estudiando para llegar algún día a ser lo que queremos ser.
Bien, hasta ahora, creo que vas entendiendo, ¿no?
Pon mucha atención porque ahora viene lo más difícil.

Ese Sr. Don Destino tiene dos caras. Una de ellas es complaciente, o a veces está durmiendo y por eso no actúa. Otras veces es intolerante, y más aún es implacable.
¿Qué no me entiendes? Bueno, piensa tan solo en que lo que él decide hacer es así y no de otra manera. Tú sabes eso porque eres una niña que sabe que tiene que respetar a sus padres y hacer lo que ellos dicen. Te pido que cuando pienses en Don Destino, lo respetes tanto o más que a ellos.

te preguntarás porque no lo ves. No se le ve. No tiene cara ni pies. Pero tiene poder de decisión. Puede decidir nada menos que sobre la vida de los demás. De todos nosotros.
Te voy a poner un ejemplo para que me puedas entender más fácilmente.

Cuando tu mama y tu papá se conocieron, no sabían que Don Destino estaba también presente aunque no se le veía. Ellos se gustaron, se empezaron a querer mucho, mucho y decidieron casarse para formar una familia. Este buen Señor que se mete en todo y con todos en ese momento estaba durmiendo y no pudo hacer nada. Cuando despertó tus padres habían decidido por ellos mismos hacer planes de casamiento y tener su hogar. Lo que es más, al tiempo viniste tú a llenarlos de alegría y este Sr. Invisible tampoco pudo decir nada.

¿Sabes por qué? Porque la voluntad y el cariño que se tenían tus padres  en ese momento, era más grande que la suya. En una palabra lo que él hubiera opinado, no les importaba para nada. Y así pasaron las cosas, para bien.

Escúchame bien, un consejo que te da tu abuela es que estés muy atenta, ojos abiertos y oídos atentos  porque es invisible. Quiero que pienses que a veces impide que las cosas sucedan como uno quiere, y las personas sufrimos por eso, pero ese sufrimiento es necesario para ser mejores personas aún. ¿Me entiendes un poquito ahora?
Bueno,  hasta aquí  llegamos nomas.

Ella me miró y dijo: Abuela, qué suerte que los abuelos existen para respondernos las preguntas. Además, son las únicas personas grandes que siempre están contentas con nosotros. Esta fue sólo una aproximación al tema filosófico de la muerte, quise con pequeñas palabras decir mucho.  

La reafirmación de la vida sobre la muerte y  la fe en nosotros mismos  más allá del determinismo. Para qué hablarle de la gran ausencia que significa perder a nuestros seres queridos y aún así seguir viviendo. Sólo iba a complicar las cosas. Hasta aquí fue suficiente. Lo demás  se lo contaré cuando sea mayor.   

sábado, 13 de junio de 2015

TRAMA TENTACIÓN

Aplicación de distractor

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera

María Cristina Bossio

Cuando éramos niñas, nos llamaban “Las mellizas”, porque habíamos nacido el mismo día, aunque con media hora de diferencia. Nos vestían iguales, íbamos al mismo colegio y nos sentábamos en el mismo banco de clase.

Nuestras tías, como madres, nos confeccionaban la ropa ellas mismas, nos hacían lindos vestidos para salir los fines de semana o para ir a los cumpleaños. Todavía recuerdo la minifalda que usé para ir al Dámaso en la época de preparatorios. ¡Aquella sarga azul interminable!
Más tarde cuando empecé a trabajar me enfundé en el uniforme que nos daba la firma. Así que el vestirme se hizo fácil para mí; no tenía que elegir mucho ni hacerme la cabeza de qué iba la moda. En realidad, no soy una persona consumista. Me compro algo cuando realmente lo necesito. Tampoco soy una esclava de lo que se usa en el momento.
Ese día me había salido mal. Había discutido con mi marido, el hijo recientemente divorciado, que vivía con nosotros ese día no le apetecía hablar y caminaba dentro de casa como si fuera un zombi.

Entonces, decidí ir de compras para aliviar la tensión y distraerme un poco. Cuando llegué al centro comercial había una cantidad de gente que se amontonaba caminando por los pasillos sin un destino fijo. Además el calor era insoportable. Los equipos de aire acondicionado no soportaban tanta cantidad de gente. Como ellos caminé y deambulé un buen rato, tratando de encontrar algo que me llamara la atención. Que si un vestido entallado, seguro que no me entraría, mis medidas habían cambiado, ya no eran las mismas de antes, que si un dos piezas, pero para qué lo quiero ahora si ya no soy más secretaria, chalinas, zapatos con plataforma. 
Todo se movía dentro de mi cabeza como una danza de objetos sin fin. Me sentía embotada, me senté a ver la gente pasar, siempre es una fuente de inspiración ver lo que hacen los demás, qué llevan puesto, y para qué, si lo necesitan de verdad…etc., etc. Los negocios nos hacen ver que tú lo necesitas, por eso está aquí y cómpralo ya, esa es la consigna.
De pronto, una prenda me deslumbró. La rodeaba una luz brillante como de mil estrellas que me guiaron al escaparate. Yo la vi y ella me vio. Elígeme, no te voy a defraudar, me dijo. Fue la gran tentación. La sal de la vida, eso que en algún momento nos apasiona y le da sentido a la jornada. No lo dudé un instante. Entré a la tienda, me la probé. Me quedaba perfecta. Era mi talle. Sin pensarlo dos veces abrí la cartera y aboné en efectivo, para no engrosar la tarjeta de crédito.

Salí contenta con mi prenda bajo el brazo y volví a casa. Cuando Flavio, mi marido me vio dijo: está lindo lo que te compraste. En cambio mi hija cuando me la vio puesta me dijo: “Pero mamá, ¿no ves que una ruana es una prenda de vieja”?


Yo, sin bajar la cabeza y por primera vez dejé caer sus palabras en saco roto. Como era la hora de la siesta me quedé sola, me senté en el sillón con mi ruana nuevecita, mi gato en el regazo y un hermoso libro que había sacado ese día de la Biblioteca Ernesto Herrera. 
Pensé ahora sí puedo esperar a Don invierno y una sonrisa involuntaria salió de mi boca en agradecimiento a ese llamado que me hizo la prenda desde el escaparate, exclusivamente para mí.

lunes, 8 de junio de 2015

SECCIÓN: CARTAS DE AMOR

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
María Cristina Bossio
Leerdam, 27 de mayo, 2015
Querida Silvia

¿Te acuerdas cuando nos conocimos por Internet? Fue en aquel foro sobre los Guns and Roses. Un día que recordaré por siempre. Chateando empezamos una linda amistad que poco a poco sentimos como se fue transformando en cariño verdadero.

Tú estabas en la universidad y yo estaba trabajando en un astillero en Amsterdam. Un día, me levanté con un propósito determinado, sentado como estaba en la computadora reservé un pasaje para Sudamérica, para conocerte personalmente. En el fondo me sentía asustado, nunca había salido de mi País.

Llegué un frío día invernal  y con un “Nice to meet you”, me presenté a tus padres y hermanos que me estaban esperando en tu casa. Recuerdo que me daban la bienvenida queriendo abrazarme, como es la costumbre allá. Yo en cambio, me conduje parco, manteniendo la distancia, porque no me gusta que me toquen. Con el tiempo conocí el mate, esa infusión que se sirve en calabaza y se toma con bombilla, y se pasa de boca en boca. Jamás lo probé. Sin embargo, me gustó muchísimo la cocina uruguaya, la pasta rellena de tu mamá y el asado con papas y…sweet potatoes o boniatos como le llaman ustedes. En poco tiempo me hice ciudadano legal. Ahora podía trabajar. Era tu madre la que me acompañaba a las entrevistas de trabajo y con un perfecto spanglish nos hacíamos entender. Tenía que aprender un nuevo idioma, me dije.

Sin querer empezaron los problemas. El jornal que yo ganaba no me permitía mandarles dinero a mis padres, dependían de mí. Por lo que decidimos volver a Holanda juntos a probar suerte. Allí empezaron los contratiempos. Podías quedarte con visa de turista sólo por tres meses, luego debías salir del País y volver a entrar. 

No conseguí la visa de residencia para ti. Vivíamos en la casa de mis padres, o sea que la situación era la misma que en Uruguay. En mi trabajo me despedían cada tres meses, en el período de prueba para no pagarme el despido, y si bien nos manejábamos con el subsidio estatal, no nos daba suficiente estabilidad económica para hacer planes de futuro. These ups and downs were the worst for our relationship. 

No obstante, contigo conocí los museos de mi País, el Rijksmuseum en Amsterdam con cuadros de Rubens, Van Gogh o Vermeer, el Museum Rembrandt, que no conocía a pesar de tenerlos tan cerca.


En el fondo no queríamos separarnos, pero decidimos volver cada uno a su País y seguir carteando a través de Internet. Fue una decisión equivocada, poco a poco nuestros sentimientos se fueron debilitando, nos sentimos fracasados por no haber podido hacer realidad nuestro sueño. 
Yo no fui capaz de retenerte a mi lado, soy el único culpable de nuestra separación, no fui capaz de encarar el problema económico con la suficiente madurez. Tenía claro de que yo quería casarme contigo y no supe como sortearlos con inteligencia.

Esta carta es una carta de despedida, no llores por mí. Estoy seguro que conocerás a otra persona a quien puedas querer y que te de la estabilidad económica que yo no pude darte.

Adiós mi Princesa, mi querida y encantadora Silvia.

Tuyo por siempre

Cornelis

jueves, 28 de mayo de 2015

CAJA DE IDEAS

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera


María Cristina Bossio

En una palabra, esto significa que yo podía hacer uso de mi computadora personal solo en contadas ocasiones. Esto es lo que saqué en conclusión después de la última discusión que tuve con mi padre.
Pero esto no va a quedar así –me dije-, tengo que contárselo a mis amigas. No paraba de pensar ¡qué injusticia!...el enojo no me dejaba pensar.
Tengo que hacerle entender a mi padre que soy una persona normal. Que uso el teléfono celular todos los días, las iPod, las iPhone y las Tablets, además de Internet. Yo sé que esto es como hablar en chino para él. Porque, vamos a ver padre ¿Qué crees tú que es Internet?...déjame explicarte qué es y para qué sirve.
Para hacértela fácil, imaginemos una nube gigante con múltiples archivos que sirven para subir y bajar información. Esa información es la que necesitamos para hacer las tareas diarias que nos piden los profesores en el liceo.
Convéncete papá que no existen los libros de estudio como antes. Aquellos diccionarios de inglés-español o italiano-francés. Hoy en día todo lo encuentras en Internet. Aquellos mapa-mundi de antes, hoy apretando un botoncito llamado ENTER y con u click de tu dedo sobre uno de esos enlaces a la nube gigante, se despliega todo el mundo a tus pies.
Si necesitas saber algo sobre la Revolución Industrial que comenzó en Inglaterra o sobre la Revolución Francesa, ya no necesitas concurrir a las bibliotecas y mojarte si llueve o abrigarte si hace frío. Allí, cómodamente sentado en tu casa, lo encuentras todo, todo lo que necesitas ¿En dónde?... ¡En Internet!
Ahora bien, porque soy una persona que vivo en éste siglo XXI es que uso además Internet, para comunicarme con mis amigas y conocidos.
De hecho, ese día que mi padre me pescó en la computadora, fue un día fatal. Yo estaba hablando con un precioso rubio de ojos celestes que conocí el otro día cuando estaba paseando con mi amiga Elena en la Ciudad Vieja.
¿Qué cómo se llamaba? Sinceramente no lo recuerdo. Lo primero que hicimos fue intercambiar nuestras direcciones electrónicas y esa noche nada ni nadie podía detenerme.
Allí estaba yo desparramada en el suelo de mi cuarto con la compu en acción y sobretodo con el ojo de la cámara bien abierto, escrutando todo a su alrededor.
¿De qué hablamos? De todo y de nada, como hace todo el mundo. En un momento me quedé pensando… ¿Sería ésta una de las pocas ocasiones en las que no podía utilizar la computadora?
Papá, nosotros siempre nos hemos llevado bien tú y yo.

¡Negociemos una vez más!

domingo, 10 de mayo de 2015

¡ADIÓS AL STRESS!

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
María Cristina Bossio

Rezaba un cartel en el planta baja del edificio de la otra cuadra. Me llamó la atención y le pregunté al conserje de qué se trataba.
Me hizo entrar y de paso fui a visitar a mi amiga María, del noveno piso.

-Hoy no hay ascensor –me dijo el conserje.- Se rompió y no sabemos cuándo lo podrán arreglar, cuesta mucha plata y los consorcios no quieren gastar ni un peso más.


Me dispuse a subir la escalera. Cuando llegué al tercer piso, casi  sin aliento, encontré en el rellano de la escalera un sofá, una mesa, un jarrón con flores, un caso con agua y una ventana abierta por dónde entraba la luz de la mañana.
Un viejito amoroso me dio los buenos días y me dijo si quería tomar asiento. Disfruté su compañía y seguí subiendo.
Cuando llegué al sexto piso, me faltaba el aire pero me tranquilizó ver la misma escena anterior. Allí había dos ancianos jugando a las cartas. Tomé asiento y me contaron que ahora se veían las caras, ahora sabían los nombres de los otros vecinos. Ahora las personas mayores salían al pasillo a hacer ejercicio y andar. “Hablamos más unos con otros”, me dijeron.

Además me contaron que entre los más jóvenes había surgido la idea de ayudar a los animales que quedaban solos y ladraban todo el tiempo, molestando a los demás.
Los inquilinos de común acuerdo les dejaban a sus mascotas durante el día “en custodia”. Los perros estaban bien cuidados por la gente joven que se alternaban unos con otros para llevar adelante la tarea. Los perros no solamente comían y bebían sino que socializaban con los otros perros de la comunidad. Algo parecido sucedía con los gatos que ya no se suicidaban tirándose de los pisos más altos.

Es una auténtica revolución de solidaridad –pensé.
Llegó un momento en que ya no se acordaban de que existía el ascensor. A quienes tenían exceso de colesterol en sangre, les bajó. Quienes tenían unos kilos de más, adelgazaron. A los niños les abrió el apetito. Todos aquellos que pudieron subir y bajar se sintieron más fuertes, más animados, con más vitalidad.

A los cuatro meses el ascensor ya estaba arreglado ¡Por fin! Exclamaron los que celebraron poder subir y bajar más cómodamente.
Entonces los vecinos dejaron de verse. Otra vez las articulaciones volvieron a doler, pero el ascensor funcionaba perfectamente.

Por un momento pensé que había conocido el mundo al revés.