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domingo, 1 de noviembre de 2015

RASHOMÓN "EN LA CASA ABANDONADA"

Escritores Creativos Experimental de Malvín

Técnicas utilizadas: Rashomón y Cajas Chinas.


Dificultad del juego: Alta

1. Ana - Mabel (domingo de tarde)
2. Luis - Walter (domingo de tarde)
3. Hija - Sergio  (domingo de tarde)
4. Hijo - Diego F. (domingo de tarde)
5. Vecina  y Oficial - Diego V. y Daniel (domingo de tarde)
6. Leonor - Stella (domingo de tarde)
7. Investigadores- Célica y Sebastían (5 años después)
8. Narrador – Ruth

En la inmobiliaria estaba a la venta la casa de la costa, donde hacía algunos años había sucedido una desgracia. El empleado se resistía a ir hasta allí, porque era supersticioso.
Luego de darle vueltas al asunto, un día no pudo sacarle más el cuerpo y con paso decidido, se le ocurrió entrar. La casa tenía dos plantas, amplios ventanales y mucho desorden.
De los muebles poco quedaba. Subió al segundo piso y en el suelo encontró una fotografía del rostro de una mujer. Al darla vuelta, leyó en cursiva:
         “Luis, para que nunca me olvide, tuya siempre Leonor.”
Testigo mudo de una desgracia -pensó depositando la foto sobre una mesa.
Finalmente se supo que una nueva investigación había llegado a revelar el suicidio. La esposa al morir, había dejado tras de sí un halo de misterio que no se resolvió por mucho tiempo; pero luego de cinco años y a instancias de otro investigador  el caso se había cerrado. “Suicidio” fue la carátula del expediente que se archivó por disposición del Juez.
No sé cómo voy a hacer para vender esta propiedad, -dijo mirando hacia el patio y la imagen de la occisa, vista en aquel diario, una vez más asaltó sus ojos. La palidez del cuerpo desnudo de la mujer y un hilo de sangre que comenzaba a salir de su cabeza lo trasladaron hacia el pasado...

ANA (Esposa muerta) Mabel
Estoy cansada, me levanto porque soy una máquina que responde a un dictamen impuesto, cada día es una copia del anterior.
Hoy domingo, me reúno con las chicas, ¡como odio eso!, es una rutina estúpida, todas actuamos sorprendidas por el último chisme.
Dios ¡tengo que vestirme! para ese juego tonto y aburrido. Todo es una farsa, si nos rascan un poco encontrarán un montón de basura putrefacta. No puedo más, esto me asfixia, me consume. Me miro desnuda ante mi juez, el espejo, solo veo un montón de huesos, cubiertos por una piel seca, despojada de cualquier tipo de humanidad.
Me pregunto cuando me perdí, en este mundo de sombras. Vendí mi alma al mejor postor y este me exprimió sin piedad. Elijo el mejor disfraz para la ocasión, acorde a mi posición social.
¿Cuándo empezó esto?, ¿Cuándo la bebida se convirtió en mi confidente y la depresión, en mi mejor amiga?
Hace una eternidad que me casé con Luis, yo era joven, él me deslumbró. Hasta compró a mis padres, como si fuéramos objetos expuestos, a la venta.
Al principio todo era perfecto, hasta que un examen ginecológico, dio la estocada, y derrumbó ese castillo de felicidad. Una sola palabra terminó con todo: ESTÉRIL.
Me fueron robadas todas mis ilusiones y mis sueños fueron cortados por la guadaña del destino.
Estaba seca, mi vientre muerto, para Luis fue un golpe a su hombría, a su apellido, había perdido su perpetuidad.
Todo comenzó a desmoronarse entre nosotros, solo nos convertimos en una pareja de apariencias, yo me dedicaba a dar clases de jardinería japonesa y a eventos triviales, y Luis se hundió en su trabajo.
Éramos la familia ejemplar, Luis, los  niños y yo, todos nos celaban. Nuestras fiestas de fin de año, se destacaban por un cálido toque familiar.
Yo me perdí entre copa y copa, miraba a toda esa gente, ajena, superficial y pensaba: si supieran que todo es una puesta en escena.
Que esos niños, a los que llamo hijos, no lo son; son hijos bastardos de Luis, de sus amantes de turno. Aprendí a esconder los secretos familiares, cada vez que una de sus amantes aparecía embarazada, yo viajaba a Europa, con la excusa de que tenía un problema en la sangre, y necesitaba medicina especializada, de lo contrario perdería al bebé. Era una maestra en la mentira, por si algún curioso preguntaba.
 Un timbre interrumpe el silencio del cuarto.
Bajo con desgano las escaleras, en la puerta de entrada visualizó una figura femenina.
Abro la puerta, preguntado
-¿Que desea?
 - Buenas tardes, soy Leonor, la otra.
Mis piernas no me responden, la tomo del brazo, cierro la puerta y la llevo a la biblioteca.
Ella habla y habla, no puedo escucharla, estos minutos me parecen interminables, solo la miro, joven, bonita, yo vieja y gastada.
Le digo que me deje su teléfono, que luego me comunicaré con ella. Lo escribe en un pequeño papel que encuentra en su cartera y me lo entrega, agarrándome con fuerza la mano y con lágrimas en los ojos, diciéndome:
-Espero su llamada.
La empujo y le grito, ahogada en mis propias lágrimas, la echo a la calle, como quien desecha algo sucio, repugnante.
Subo a mi cuarto con las pocas fuerzas que me quedan, todo mi ser me dice que la historia se vuelve a repetir, mi corazón ya no aguanta tanta humillación, tanto dolor. Me despojo de mi ropa, que me ahoga, mi mente comienza un camino sin retorno. Desnuda, como vine al mundo, subo a la azotea, libre de deudas, sin ataduras, miro hacia atrás buscando la salvación, pero estoy sola, como siempre lo estuve. Me acerco al borde de la azotea, y en el vacío veo mi liberación, la muerte me extiende, su mano cálida.

LUIS (Esposo) Walter
Es una tarde de domingo, llego a casa, conduciendo mi auto, volviendo de un viaje de negocios y al ver a la policía y ambulancias en mi puerta, bajo corriendo y me encuentro con el cuerpo de mi esposa muerta! No puedo creer lo que ha sucedido. Estaba sola en la casa ya que mi hija y su hermano estaban en casa de amigos y tíos. Que terrible desgracia!

LETICIA (Hija-18 años) Sergio
Soy Leticia, tengo dieciocho años y muchas ganas de vivir la vida con todas las enseñanzas que nos da. Dicen que soy alegre, simpática, bonita y muy sociable. De cuerpo elegante, hermosas facciones y juveniles todavía, que no demuestran haber pasado la adolescencia. Vivo con mis padres y hermano menor. Una enorme casa de dos plantas, tres habitaciones, dos baños, cocina, comedor, living y un gran patio exterior. Finalizando el terreno, hay una variedad de árboles frutales, los cuales son la devoción de mi padre. La relación con mi madre fue fructífera, hasta que un día lo dejó de ser; cuando ella comprobó que mi padre tenía una amante, quien era su secretaria Leonor. Desde entonces ella fue decayendo abruptamente con extraño carácter impulsivo por momentos, de quien se adueñó la depresión. Pocas ganas de comer tenía; vistiendo siempre la misma ropa sencilla. No se pintaba ni perfumaba. Cada vez con más frecuencia tomaba alcohol. Conclusión: se sentía abandonada y muy decepcionada; pues el entendimiento con mi padre era diferente. Él siempre me sonreía y preguntaba por mí. Muchos no eran los diálogos, ya que por razones laborales, viajaba constantemente. Lo que sí me hacía pensar, eran las veces que lo escuchaba hablar en voz baja con su secretaria desde casa. Oía entre frase y frase, cosas que no eran precisamente temas de trabajo. Tenía la característica de ser simpático, sociable y de buen humor. Lo demostraba al entrar y salir de casa, cuando la vecina detectaba su presencia, ambos no escatimaban el tiempo en diálogos cortos, suspicaces y dejando al descubierto el doble sentido de la conversación. También los piropos sutiles y respetuosos, fluían de ellos, haciendo caso omiso al qué dirán. El tiempo transcurrió y sucedieron cosas terribles. Entre ellas, la muerte de mi madre que hasta ahora, no se ha podido esclarecer.

GABRIEL – (Hijo 10 años) – Diego F.
Soy Gabriel, tengo diez años. Son las 10 de la noche y mis padres aún no han venido a recogerme a la casa de mis tíos. Por lo general los domingos de tarde ellos me traen y luego de tardecita me levantan, pero por alguna razón se están demorando.
Me gusta mucho venir a este lugar, no solo por lo divertido que es jugar con mis primos sino también porque al ser una chacra convivo con un entorno que en la ciudad no tengo. Algunas veces mis padres se han quedado aunque no lo hacen muy seguido y creo yo porque mi tía y mamá que son hermanas no se llevan muy bien. A papá sí creo que le gusta venir, porque aquí jugando con nosotros lo noto contento y no malhumorado como suele estarlo en casa a causa de alguna discusión con mamá o cuando las cosas no andan bien en su trabajo.
Mis tíos llamaron por teléfono a casa un poco preocupados por la tardanza, pero no me han dicho nada que contestaron mis padres. Ahora los dos están extraños mi tía en un rincón callada, con la mirada perdida y mi tío concentrado en el fuego. Todo esto me da un poco de miedo, pero me parece más bien a lo tenebroso que ha sido el día de hoy y no a la demora de mis padres.
En la tarde mi tío nos llamó a mis primos y a mí para que viéramos algo que según él necesitaríamos aprender para cuando seamos grande.
Al llegar al galpón donde se encontraba vimos una oveja colgada de un palo con la cabeza hacia abajo. Mis dos primos se sentaron en el piso cruzados de piernas como dispuestos a ver algún espectáculo, yo preferí estar parado. La oveja estaba viva ,con sus dos grandes ojos abiertos, moviéndose, como queriendo escaparse, cosa que le era imposible por la manera que estaba dispuesta y por sus patas atadas. Mi tío arrimó un latón debajo de la oveja, desenvaino un cuchillo que llevaba siempre atrás en la cintura y le cortó el cuello. Mientras la sangre caía a chorros en el latón yo escuchaba impávido aquel repiqueteo. Mis primos a mi lado se reían, creo que de mí. Culminada la tarea mi tío nos ordena salir a jugar, cosa que hicimos, en mi caso como forma de salir de inmediato de aquel lugar.
La tarde resultó entretenida y creo haberme olvidado de lo que pasó en el galpón pero cuando mi tía nos llamó apenas ocultado el sol para tomar la leche me vino nuevamente el miedo. Ella tenía la costumbre de leernos algunos cuentos junto a la estufa. Por lo general eran cuentos de terror por lo menos para mí. Ella se divertía, mis primos creo que también. Ese día leyó unos cuentos de Horacio Quiroga, uno se llamaba “la almohada de plumas”, cuyo personaje postrado en una cama va debilitándose lentamente sin una razón aparente hasta que al final luego de su muerte se comprueba que un insecto cobijado dentro de las plumas de su almohada se encargaba de saciar su sed con la sangre de su víctima. Luego nos leyó el de una madre que degollaba una gallina mientras sus tres hijos bastante idiotas la observaban sentados en un alambrado mientras planificaban repetir la escena con su hermana menor días más tarde.
Mi tía me resultó siempre un tanto extraña no solo por los cuentos que elegía para leernos sino porque tenía, en una pieza por lo general cerrada y que yo por curiosidad logré entrar, muchas velas, algunas encendidas, máscaras raras colgadas de las paredes y ramos de yuyos por todos lados. Nunca supe que hacia mi tía sola o a veces con otra gente desconocida ahí adentro.
Ahora estoy acostado solo en una pieza sin poder dormirme. Sigo con miedo, no sé si a causa de lo que me ha pasado el día de hoy o porque nadie me dice nada sobre qué pasó con mis padres.

VECINA   (Diego V. y Daniel G.)    
 -Buenos días oficial. Soy la vecina ¿Pasó algo?
- Por favor señora, circule que estamos trabajando.
-¡Pero hombre, qué carácter! Déjeme pasar.
-Por favor señora…
-Vivo en la casa contigua, tengo derecho a entrar a mi casa y a saber qué pasó. Mi hermana está en la casa, sola.
-Quédese tranquila señora, su hermana está bien. Nos llamaron porque… bueno, su vecina apareció muerta en el…
-No me diga que la quisieron robar, yo sabía, ahora van a venir…
-No señora, no es eso... no puedo darle información, pero todo indica que fue un suicidio.
-¡Ay qué horror…
-Pase señora, vaya a su casa y no salga por un buen rato. Después vamos a ir hacerle unas preguntas de rutina.
-Muchas gracias joven. Es que me ponen nerviosa las luces de los patrulleros… Voy a ver cómo está mi hermana, seguro que recién se despertó de la siesta y no se enteró de nada. Muchas gracias.
Así que la vecina apareció muerta. Dios me libre y me guarde. Pobrecita. Seguro que le dio algo en la cabeza de tanto tomar whisky. ¿Y si no se mató? ¿Y si hay un asesino en el barrio? ¿Uno de esos loquitos que les da por matar en serie? Qué cosa la vida. Teniéndolo todo como en bandeja. Bien dicen que cada casa es un mundo. Qué cosa; justo qué el anda trabajando; qué disgusto; y los chiquilines… Angelitos…

LEONOR – AMANTE  ( Stella)
Soy la amante de Luis. La noticia de la muerte de Ana. Su suicidio es lo que me decide. No puedo contarle nada a Luis, las cosas que le dije hoy cuando me enfrenté a ella. Tal vez eso la llevó a tomar esa decisión. Esta es su venganza.

Pasaron cinco años de la muerte de la mujer y la investigación se reabrió. Se designó el caso a los investigadores Trías y Ferrerese, los cuales continuaron hasta las últimas consecuencias.

INVESTIGADORES  (Célica y Sebastían) -  5 años después
-Buen día Trías, tenemos este caso para investigar
-Cinco años atrás, ¿Qué pasa?
- La nueva ley de “Violencia Doméstica” exige ver si realmente fue suicidio, además, es un caso sin resolver.
-Lo estudiaré y en los próximos días necesitaré comenzar las entrevistas a los sospechosos. Tomá nota Domínguez. Primero a los hijos. Hoy con quince y veintitrés años, esto es bien diferente…Segundo quiero a Leonor, la amante, dejó el trabajo y se mudó. Luego al esposo, se fue al otro día de la casa dejando todo abandonado hasta fotografías. Personalmente visitaré a la vecina en su domicilio. Me extraña lo poco que aparece en el expediente a pesar de que es su primera y única declaración queda claro que además de la cercanía, tiene un gran conocimiento de toda la familia. Averiguá a qué hora está en su domicilio.
-¿Las entrevistas para la mañana o la tarde?
-Prefiero al mediodía
-Bien.
-Esperá, también hay que saber si la muerta tiene padres o hermanos, lo mismo el marido. Avisá si encuentran algún otro dato.
-Por supuesto, ojalá que cerremos el caso.

LETICIA (Hija-23 años) Sergio – 5 años después
Soy Leticia. Hoy a cinco años de lo acontecido, recibo una citación judicial con el fin de aclarar los hechos. Doy mi testimonio, recordando aquellos momentos tan dolorosos y llenos de incertidumbre. El día que murió mamá yo no estaba ahí. Era domingo y había salido con una amiga a distraerme un poco. Tocamos varios temas; entre ellos mis problemas. Ella me invitó muy amablemente a pasar unos días en la casa, hasta que tuviese un panorama más claro. Agradeciendo, le respondí que si no tenía inconveniente, le aceptaba irme con lo puesto, esa misma noche, y ver con más calma y tal vez el día siguiente lo resolvería. Así lo hice. Cuando volví a casa, ese día, ya estaba oscureciendo, no encontré a nadie y en vano fue que llamara en voz alta a mi familia, una y otra vez. En ese instante tocaron timbre; era la vecina, que el verme llegar, me dio la noticia del fallecimiento de mi madre. Quedé tan sorprendida, que no lo pude creer. Sin escuchar más, salí corriendo a mi cuarto. Puse algunas pertenencias en mi bolso de viaje y regresé a casa de mi amiga.

GABRIEL – (Hijo 15 años) – 5 años después - Diego F.
-Hola tío como estas.
-Que tal Gabriel. Debo decirte que no tengo muy buenas noticias.
-¿Paso algo?
-Mientras te encontrabas en el ensayo llegaron dos agentes policiales con una citación por el caso de tu madre. Tomá aquí está.
-Tío disculpa, me voy a leerla a mi cuarto.
-Comprendo, ve tranquilo.
Maldición, nuevamente abrir la caja de pandora. Un investigador me cita para interrogarme, lo único que me sirve como consuelo es saber que alguien, por algún motivo que desconozco, abrió el caso nuevamente porque lógicamente no le cierra que mamá se haya suicidado. Y todo esto un día antes del concierto cuando más necesito estar calmado.
Me voy a la sala a practicar los dos movimientos más complicados para ver si me sereno.
Este piano ha sido mi refugio, lo es ahora cada vez que necesito introspección y lo fue antes mientras ocupaba un lugar en casa simplemente de adorno y yo me recluía en sus sonidos cada vez que explotaban las interminables discusiones entre papá y mamá.
Que haya avanzado en el aprendizaje se lo debo al estímulo que mamá me brindaba y al de mi empeñosa profesora Celina que confiaba en mí, ya que el interés de mi padre al respecto era nulo, diría más, intentaba por todos los medios disuadirme, llegando al colmo de hacerme regalos ostentosos como coacción.
Nunca quise a mi padre, y ni siquiera sé porque. Tampoco lo odiaba. Simplemente nunca hablamos. La muerte de mamá siempre se había interpuesto entre nosotros, como una espesa cortina de silencio que ninguno de los dos se había atrevido a descorrer para tender la mano al otro.
Aunque hoy soy muy bien conceptuado en la orquesta juvenil, todavía no estoy convencido de mi verdadero talento.
Cuando fue asesinada mamá, y debo ser de los pocos que creo en esto, me recluí en el piano con frenesí, en jornadas agotadoras que me evitaron pensar en el dolor que padecía por esa época. Hoy tal vez diluido con el tiempo, vuelvo al piano una y otra vez, tal vez como forma de seguir huyéndole por si me toma desprevenido.

LEONOR – AMANTE  ( Stella) – 5 años después
Soy Leonor, la ex amante de Luis. Cuando recibí la carta de mi tía Águeda, no podía creerlo. Frente a mi tenía la citación del despacho de investigaciones.
Se había reabierto el caso de la muerte de la mujer de Luis y me citaban a declarar.
Otra vez tener que enfrentarme a esa tragedia después de cinco años. Yo que creí que era suficiente desaparecer, mudarme de ciudad, dejar el trabajo, para que Luis no se enterara del nacimiento de Ángela,
Pensé en no ir, mi tía me decía, que no, que tenía que presentarme, que la comprometía y además que de todas maneras me vendrían a buscar.
-Vas a tener que aclarar lo que no te animaste a decir, que fue culpa tuya. ¿A que fuiste a hablar con esa pobre mujer?. Debe haber sido eso lo que la precipito a la muerte, vos sabias que no eras la primera amante de ese hombre.-me increpaba mi tía.
Siempre me quedó el remordimiento de la visita. Yo tenía derecho, cuando le dije de mi embarazo, ella lo tenía que dejar. Nunca esperé que me echara a empujones, llorando y gritando, que fuera culpa mía, que como todas quería sacarle el marido, por interés.
Me asusté tanto, me avergonzó el ser tan estúpida que nunca me animé a decirle a nadie. Ahora todo volvía a empezar.

LUIS (Esposo) Walter – 5 años después
Soy Luis. Después de cinco años me llegó una citación de un investigador por la muerte de Ana. Yo nunca tuve claro la teoría del suicidio de mi esposa.
Me parece mentira que ella se haya quitado la vida, no tanto por mí, sino por nuestros hijos. Debo admitir que no he tenido una vida ordenada y que la he engañado varias veces. Conocí a Leonor cuando se presentó en mi empresa a solicitar empleo. Tenía buenas referencias y experiencia anterior, a mí me impactó su belleza e inteligencia.
Tuvimos una relación intensa y apasionada. Por supuesto que yo me cuidé mucho de ocultarla.
Leonor era muy celosa y exigente y quería que abandonara mi hogar y me divorciara de Ana. Discutíamos mucho, porque yo no me quería tomar esa importante decisión. Leonor se marchó de mi empresa intempestivamente y nunca supe que ha sido de su vida en estos cinco años.
Cuando encontraron el cadáver de Ana, a su lado había una foto mía y de Leonor con una dedicatoria de ella... ¿Tendrá alguna relación  mi ex amante con la muerte de mi esposa?

VECINA   (Diego) – 5 años después   
Otra vez la policía con la cantaleta de la casa de los (apellido de la familia). Digo yo ¿No tendrán otra cosa mejor para hacer que venir a pasearse por el vecindario dele entrar y salir de esa pobre casa? Para colmo, dicen que está igualita. Así como la dejaron después de aquel domingo fatídico, así se mantiene. Si ni a los ladrones se les dio por meterse ahí. Y con la cantidad de robos que hay hoy en día, ¿preocuparse por algo que pasó hace tantos años? En fija que alguno de la jefatura precisa hacer mérito para acomodarse en algún cargo de importancia, sino no tiene sentido…
Para peor voy a tener que aguantar otra vez los interrogatorios. Dele que te dele con la preguntadera. Que si conoce a la familia, que si se daba con ellos, que si notó algo raro, que qué opina. Y qué puedo opinar, si Luis era un lujo de vecino. Y ella también, aunque era media antipática, poco sociable, como que le costaba darse con los demás.
Me acuerdo que con ella nunca hablábamos, ni yo ni mi hermana, y eso  que la cruzábamos a cada rato. Con ella todo era de hola y chau. Ahora, con Luis no, con Luis era otra cosa. Siempre un buen día, un cómo anda vecina, una sonrisa pintada y ofrecida sin interés alguno. Es que Luis era un sol, un sol de vecino claro. Siempre preocupado por si una precisaba ayuda, si necesitaba algo,  que el portón de la entrada, que el pasto del jardín, que viajo a Buenos Aires y no me cuesta nada quédese tranquila, que qué se hizo vecina, pasó por la peluquería, porque hoy está radiante… en fin, Luis era así: un lujo, atento y galán.
Y ella un poco, bueno… como que mucho no lo cuidaba. Me parece a mí, no sé. La verdad es que siempre, siempre andaba desarreglada, con las mismas ropas; en cambio él, tan elegante, con una presencia… yo creo que ella un poco capaz que se sentía menos… no sé, me parece.
Pero de ahí a matarse… lo que pasa es que el hombre era muy mujeriego, o por lo menos esa era la fama que tenía. Siempre andaba con alguna palomita bajo el ala.
Mi hermana decía que le gustaban las muchachas jóvenes y que el día en que la esposa apareció muerta, en realidad él no estaba porque hacía ya varios días que había abandonado la casa. Eso dice mi hermana pero para mí que son puras macanas. Lo que ocurre es que Luis viajaba mucho por trabajo y además no creo que haya dejado la casa porque él era muy pegado a los hijos.
Y ahora otra vez a darle vueltas a la perinola. Con todo esto y los policías yendo y viniendo seguro que volvemos a aparecer en los informativos. Y entonces, además de responder a la policía vamos a tener que responder a las preguntas de los periodistas. Aunque por lo menos esa parte es divertida, la última vez vino el Nano Folle, alto, grandote, con ese pelo largo y esa voz gruesa; enseguida llamó todo el mundo: que te vi en la tele, que para qué salís a hablar, que la próxima vez hacerlo pasar y arréglate un poco, que cómo vas a decir que discutían.   Y si era verdad.  Hasta el día de hoy me acuerdo que discutían bastante seguido. No sé exactamente por qué razones pero lo más común era que ella le recriminara a los gritos la cantidad de viajes que él hacía en el trabajo. Y él, sin levantar la voz y hasta con cierta dulzura, siempre la mandaba a freír papás. Todo esto dice que lo escuchó mi hermana porque yo nunca distinguí más que murmullos. Dice también que ella chupaba abierto; y de eso doy fe, más de una vez la vi pasearse botella en mano por los jardines del fondo.
Por eso creo que Luis tenía razón en las cosas que le decía. Al fin y al cabo si llevaban la vida que llevaban y si tenían las cosas que tenían, fue gracias a los viajes de Luis, a su trabajo; y no a las clases de no me acuerdo qué cosas que daba ella. Y él se lo decía, así con su manera de ser, sin levantar la voz, casi que sin despeinarse. Pero se lo dejaba bien clarito. Y ella pegaba unos gritos: que desgraciado, que maldita la hora… Eso sí yo lo escuchaba… una vergüenza.
Mi hermana dice que cuando Luis no estaba, de madrugada, se escuchaba el llanto desconsolado de la señora. Yo lo único que escuchaba era el concierto que metían los gatos que se juntaban en el techo del fondo. Para mí que mi hermana, sorda y loca como era, confundía los maullidos con el llanto de la mujer.
De lo que sí no me acuerdo mucho es de los nenes. Bueno, en realidad a la nena casi que no la traté nunca; bastante asquerosita era. Se ve que salió a la madre. Al chico lo veía los fines de semana jugando en el jardín de la casa. Todos los domingos se la pasaba pateando la pelota, y antes del almuerzo Luis siempre se hacía un tiempo para jugar con él. Se notaba a la legua que lo adoraba. Y a la nena también, porque siempre algo decía de ella: que salvó un examen, que se va de animadora a un campamento, que ahora quiere hacer una fundación protectora de animales… Sí, si hay algo de lo que estoy segura es que Luis los quería mucho. Y yo creo que a la esposa también la quería, a su manera, pero la quería. Y es que a veces las mujeres no sabemos llevar los años de matrimonio y sin darnos cuenta echamos a perder al hombre que tenemos al lado. A mí nunca me pasó claro, porque nunca estuve casada. Pero yo creo  que a ella sí, lo que le paso fue un poco eso.

INVESTIGADORES TRÍAS Y DOMÍNGUEZ AL FINAL (Célica Y Sebastían) final
-Cerramos el caso Domínguez
-¿Cómo?
-No pudo enfrentar la verdad, la mentira ganó
-¿Qué decís Trías?
-Hijos y marido no estaban en la casa, no era día de jardinero. El muchacho de la vinería con el cual tenía un vínculo de alcohol y propina trayéndole bebida cuando estaba sola, al ser domingo estaba cerrado. La venida de Leonor con la noticia de su embarazo y que Luis le había contado que sus hijos no lo sabían. Luis, un ausente, nunca la contuvo, por eso su culpa, su huida. No tengo dudas Domínguez. Ana Pensó que la verdad pudiera salir a la luz, no tuvo fuerza para enfrentarlo nuevamente y se suicidó.

Narrador (Ruth) Final
El hombre cerró los ojos  para que la oscuridad le impidiera seguir viendo la macabra escena. Los volvió a abrir para cerciorarse de que en el sombrío patio no estaba estampada la figura de la muerta.
Parsimonioso, y con la certeza de que no quedaban huellas de aquel suceso, rehízo el camino en sentido contrario. A su paso iba cerrando ventanas y puertas, exorcizando el pasado.
Aquella casa sería una más de la cartera  de inmuebles en venta que tenía la inmobiliaria.
FIN


sábado, 25 de julio de 2015

RASHOMÓN

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera


Aquella casa estaba abandonada desde hacía algunos meses. Sus ocupantes se habían ido, dejando todo, mobiliario, recuerdos, fotografías.Cuentan los datos policiales, que la mujer que habitaba la casa, junto a su familia, se había suicidado, en forma dudosa, pues el caso nunca se había cerrado.

EJERCICIO UTILIZANDO LA TÉCNICA DE RASHOMÓN.-  PARTICIPANTES:

  1. Desde el punto de vista del narrador  -  Cristina Bossio. 
  2. Desde el punto de vista de Luis (Esposo)  -  Águeda Gondolveu
  3. Desde el punto de vista de Leonor (Amante) - Alicia Martin
  4. Desde el punto de vista de Ana (Esposa muerta) - Susana Maly
  5. Desde el punto de vista de Leticia (Hija 18 años) - Teresa Escandell.
  6. Desde el punto de vista de Gabriel (Hijo 10 años) - Sonia Martínez
  7. Desde el punto de vista de una vecina (Vecina) - Pilar Leivas.       
  8. Desde el punto de vista de un investigador (Investigador) Elsa Freire.

1.     Cristina Bossio – (Narrador)
En poco tiempo tenía que mudarme de la casa en la que vivía ya que el alquiler se hacía insostenible para mí. Hablé con un agente inmobiliario de la zona por mí buscada y me ofreció entre otras, una casa antigua que conservaba cierto sabor de otra época, cuya puerta de entrada estaba disimulada por las ramas de un pino. Esta casa permanecía vacía desde hacía ya mucho tiempo. Había sido el escenario de una tragedia. Los vecinos se habían tomado el trabajo de ahuyentar a cuanto postulante se acercaba a ella, relatándoles los tristes acontecimientos. Como no soy impresionable, no me importó demasiado lo que me dijo el agente inmobiliario, pero en verdad, me picó la curiosidad.
Cuando entré en la casa, noté en ella unos pocos muebles deteriorados y con mucho polvo acumulado. Constaba de un comedor diario con amplios ventanales que daban al jardín.
A continuación había dos dormitorios grandes. Pero lo que más me llamó la atención fue encontrar un pequeño cuarto pegado a la cocina, un valioso laboratorio fotográfico casi intacto, por lo que, deduje que algún integrante de la familia se dedicaría a la fotografía en forma profesional.
¿Por qué se había abandonado esta casa tan sólida, tan cómoda, tan bien iluminada y con éste equipo fotográfico tan moderno? -me pregunté. Parecía como que alguien en ese preciso momento hubiera terminado de hacer alguna de aquellas ampliaciones fotográficas que se veían colgadas. Noté que a través de ellas se escondía un autor de indudable talento.
Cuando me hallaba asomado a una de las ventanas que daba al jardín, observé la presencia de una persona que parecía intrigada al ver movimientos en la casa. Me acerqué al vecino y después de los saludos de rigor, le manifesté mi interés por ocupar la casa.
         -¿Esta casa? –me preguntó. Y siguió sin escuchar mi respuesta. –Aquí hace tiempo, no se sabe muy bien si hubo un asesinato o un suicidio. En ella vivían un matrimonio con sus dos hijos, uno de ellos adolescente. Lo que más extraño nos pareció fue que después del trágico suceso, no se supo nada más de ellos. Es como si se los hubiese tragado la tierra… Y ahí está la casa que usted piensa alquilar.
Me saludó y sin más siguió cortando el césped, tarea que yo le había interrumpido. Me dijo además que la investigación policial estaba abierta y el expediente según él, dormiría en algún cajón de escritorio, olvidado. Le agradecí su información con la idea en mente de poder ayudar a alguien antes de la remoción de los viejos muebles y se anularan las posibles pruebas.


2.     Águeda Gondolveu –Luis (esposo)
A ocho meses de transcurridos los hechos, conservo en la memoria cada detalle de lo acontecido aquella trágica tarde en la que Ana se quitó la vida. ¿Por qué? Era una fotógrafa muy talentosa y estaba muy satisfecha de su trabajo. No tenía motivos para tomar esa decisión.
Yo por mi parte soy un abogado de prestigio, mi bufete atrae una abultada clientela, a la que procuro servir más allá del beneficio económico que suele ser muy provechoso.
Leonor, mi secretaria, a la que me une una estrecha relación amorosa, se había retirado temprano debido a una indisposición de su madre, por lo que me encaminé a casa sin pasar por el bar de costumbre a compartir una copa con ella. No había recurrido al divorcio para no causarles un pesar a nuestros hijos, Leticia de dieciocho años y Gabriel de diez.
Leonor había aceptado de buen grado su condición de amante, así que no tenía motivos para preocuparme. Ana no estaba enterada de nada y por consiguiente Leonor solía frecuentar mi casa, y en una ocasión, Ana le había tomado unas fotos para una de sus exposiciones.
Mi esposa tenía una afección cardíaca y yo solía tratarla con consideración a pesar que últimamente debido a mi situación con Leonor yo estaba bastante irritable y solía discutir y encontrar defectos a todo lo que ella hacía.
Al llegar a casa me extrañó el silencio, si bien los chicos estaban en sus lugares de estudio, Ana siempre salía a recibirme cuando sentía mi coche.
Colgué mi abrigo y me dirigí al salón para saludarla. Lo que vi me heló la sangre. Ana estaba tumbada en un sillón con la mirada fija y los brazos inertes. Preso del pánico me acerqué y vi que no podía hacer nada por ella. En la mesita había una taza con un resto de té.
¿Habría descubierto mi relación con Leonor y se habría quitado la vida? Esa pregunta aún está sin responder.
No voy a describir lo que sucedió a continuación, la policía, los vecinos, el llanto de los chicos, mi propio estupor.
No pude permanecer más en esa casa y me fui como las ratas cuando abandonan el barco, dejando muebles y todo lo que me recordaba aquella infausta tarde.
Mis hijos no quisieron acompañarme, buscaron el refugio de sus abuelos maternos.
Yo pasé un buen tiempo solo, puesto que me sentí muy afectado por los hechos ya que sentía por Ana, luego de apagado el amor, un sincero afecto. Finalmente, no pudiendo soportar la soledad y ya que amaba a Leonor como siempre, le pedí que viviéramos juntos y tratar de llevar una vida lo más normal posible, a pesar de que sufría frecuentes pesadillas desde aquella tarde.
Me enteré por uno de mis clientes, que es un vecino de la antigua casa que apareció un investigador que está haciendo preguntas, puesto que la policía mantenía abierto el expediente de la muerte de Ana, debido a que habían aparecido algunos indicios que no dejaban claro la hipótesis del suicidio.
Mi pensamiento fue desear que por fin se aclararan los hechos y surgiera la verdad para poder seguir adelante dejando atrás tan trágicos recuerdos.
Una terrible sospecha me asaltó. Si fue un crimen ¿quién lo había cometido? La duda ya estaba en mí…


3.     Alicia Martin – Leonor (amante)
“Luis: para que nunca me olvides, tuya siempre, Leonor”
Ese día me despertó una fuerte lluvia que golpeaba contra las ventanas con un ruido amenazante. Hacía ya tres años que trabajaba con Luis. El bufete quedaba en el centro y solía llegar antes que él. El primer año fue fácil.
A medida que pasaba el tiempo, algo me molestaba, yo acostumbraba a poner su escritorio en orden. Cierto día, no recuerdo cuándo, empecé a colocar el portarretrato contra el mueble. No quería ver en él a Ana y Luis sonriendo. No lograba comprender el porqué de esta molesta sensación. Pero cuando él llegaba, todo estaba en su lugar.
Luis era alto, moreno con lentes que mejoraba aún más su aspecto intelectual. Se había recibido con veinticuatro años y en los últimos diecinueve se había destacado como gran profesional. Se sentía muy conforme con mi forma de trabajar. Me confiaba tareas difíciles que cumplía a la perfección. Yo contaba con dos años de abogacía.
Ana, la esposa se dedicaba a la fotografía en desfiles de moda. Estaba bien conceptuada en el ambiente. En cierta ocasión me obsequió una foto en la cual le serví de modelo para un aviso de lencería. Me decía que tenía condiciones. Esa misma foto se la dediqué a Luis, sin saber que iba con ella, a detonar un imprevisto desenlace.
Ocasionalmente Luis me pedía que pasara por su casa por motivos de trabajo. Fue un de las tantas veces que frecuenté aquella casa donde no faltaban fotografías familiares. Quedé maravillada ante tanta belleza y tanta vida. A través de los amplios ventanales corría una brisa, apenas detenida por las cortinas,  dejando entrar una luz que hacía resplandecer un cálido ambiente. Supe que eso era lo que yo quería.
Trataba con Ana en forma natural. Con su cabello castaño, suelto y delicada belleza, me hablaba de él y de sus hijos.
Sentía necesidad de volver y hasta me ofrecía para hacerlo. En tantas conversaciones me confesó que tenía problemas con su corazón y por tal motivo Luis la complacía en todo.
En una de esas tantas visitas, Ana me mostró su laboratorio en el cual había muchos frascos. Uno de ellos resaltaba en rojo la etiqueta en la que se leía: NITRATO DE PLATA. Lo tomé y lo coloqué en mi bolso. Ella seguía mostrándome fotos.
Transcurrido cierto tiempo, los sentimientos con Luis se hicieron más intensos. Ya no soportaba la dualidad de la relación.
Sonó el teléfono. Era Ana que me invitaba a tomar el té. Desde hacía un tiempo tenía en mente quitarla de nuestra relación. Quizás ahora se me presentaba la ocasión perfecta. Con la excusa de la enfermedad de mi madre, me retiré más temprano, disfrazando así el motivo real. El recibimiento a abrirse la puerta no fue el mismo de siempre. Su rostro estaba surcado por una sombra de desasosiego. Nos sentamos y ella sirvió el té. Sin espera alguna me confesó el haber descubierto mi relación con Luis. Quedé mirándola estática hasta que la vi desaparecer en la oscuridad. Mi corazón se fue aquietando, me armé de coraje y vertí unas gotas de Nitrato de plata en su taza. Cuando regresó, la vi caminar con pasos lentos, traía con ella la foto que yo le había dedicado a su esposo.
Solo la miré y le dije: Tomemos el té, así lo hicimos. Ella callaba. Tomé la foto de sus manos y subí las escaleras tirándola al piso en la primera habitación que encontré. Descendí rápidamente. Ella seguía callada, algo balbuceé y ella ya no contestó. Llevé mi taza a la cocina y limpié todo sin dejar rastros de mi presencia en la casa. Quedé por unos minutos, extasiada y con  mi cuerpo empapado en sudor. La adrenalina corría por mis venas, traté de calmarme y cuando regresaban las primeras sombras de la tarde, desaparecí entre ellas.


4.     Susana Maly – Ana (esposa)
Estoy harta del cambio de actitud de Luis, no entiendo su extraño comportamiento, antes tan solícito, cariñoso. Ahora sus quejas, que la comida, su ropa, que todo lo hago mal.
Yo también trabajo, si bien tengo más libertad el tomar las fotografías, preparar las exposiciones, entrevistar los clientes me  llevan mi tiempo. Todo esto se cruzaba por mi cabeza  mientras, justamente acondicionaba su ropa y al querer poner su saco sport en una percha se me resbaló de las manos, lo levanté y vi que una cartulina asomaba de su bolsillo interior. La saqué y al verla tuve que sentarme en la cama a recuperar el aliento, mi corazón me latía en la garganta con tanta fuerza que me sentí desmayar. Era una foto de Leonor con una dedicatoria que decía: Luis: Para que nunca me olvides, tuya siempre  Leonor.
No lo podía creer, Leonor, la secretaria de Luis, ahora entendía su cambio de actitud, tenía amante. Recordé esa foto, yo misma se la había regalado a ella. El año pasado cuando organicé una exposición en el Atrio de la Intendencia, la temática fue ¨Rostros Femeninos¨ Le pedí permiso  a ella para fotografiarla ya que su rostro es muy bello  y expresivo y así fue como le regalé una de las muestras.
Y ahora la veía acá y dedicada, tenía que pensar,  quería saber qué estaba pasando realmente, hablar primero con ella, después lo haría con Luis. Así que decidí llamarla e invitarla a casa a tomar el té como antes, como si no supiera nada. Ella frecuentaba mi casa, se sentaba a la mesa con nosotros, que descaro, y se decía mi amiga.
Sé que no soy tan joven  como ella, con cuarenta años me mantengo muy bien, Luis con cuarenta y tres tampoco está nada mal, claro es atractivo y lo sabe. En nuestras vidas  en común pasamos momentos muy duros, pero ahora con dos hijos hermosos y una situación económica estable, no podía creer que pasara algo así, tan devastador para mí.
Tenía que terminar con esto así que la llamé diciéndole que debía hablar con ella en privado. Llegó temprano, a eso de las cuatro y media, le había puesto una excusa a Luis, yo preparé el té, lo serví y sentadas frente a frente le dije- ya sé lo que hay entre Luis y vos, como te da el coraje para fingirte amiga mía y de mis hijos y ser su amante, y antes de que ella dijera nada me levanté diciéndole que traería una prueba y fui al dormitorio a buscar la foto.
Bajé y al mostrársela ella quedó sin palabras, bebimos el té, Leonor se puso de pie todavía sin hablar, quedé esperando…


5.     Teresa Escandell – Leticia (hija 18 años)
No puedo creer que mi padre esté traicionando a mi madre con esa mujer. ¿Quién sabe cuánto tiempo hace que tienen relaciones? Ella es mucho más joven que él, hace más de tres años que trabaja ahí y tuvo muchas oportunidades para envolverlo, en los ratos libres, tomando un café o mirando algún expediente, que si llueve la puede acercar a su casa, confidencias, como pasar las vacaciones, cosas comunes que surgen en el día a día y claro, se presenta siempre con esas faldas bien cortas, o esos pantalones súper ajustados, de los escotes, ni hablar. Mamá en casa, dedicada a su trabajo sin percatarse de nada, mientras mi Papá se pasa más con su secretaria que en casa.
No son inventos míos, vi cómo se la comía con los ojos cuando lo visité en el estudio el otro día. Si mi madre llega a saber, se muere de angustia.
En casa, discute por cualquier cosa y en el trabajo, una seda. Menos mal que mamá está ocupada con la fotografía que le apasiona. Trabaja en casa y fuera también.
Conseguí un trabajo con unos colegas de mi padre que me permite seguir con mis estudios de abogacía. Estaba en el trabajo cuando recibí la noticia de la muerte de mi madre. Quedé en shock, no sabía qué pensar ni qué hacer. Fui por mi hermano al colegio y salimos para casa de los abuelos, mi hermano quiso pasar por nuestra casa. Fue un momento horrible y triste. Traté de que fuera lo menos cruel posible, pero todavía estaba ahí, no pudimos tocarla. Salimos para la casa de los abuelos y al verlos nos abrazaron sin decir una palabra.
Les pedí que se comunicaran con mi padre y decirle que esa noche nos quedábamos con ellos.
Al día siguiente regresé a la casa a buscar algunas cosas nuestras. Cuando entré, hice todo rápido porque el ambiente me ahogaba, decidí que no entraría más a nuestra casa. Veía a mamá en todas partes.
Tenía la seguridad que ninguno de los dos se iría con papá, viviríamos discutiendo, porque la culpa de todo es suya y yo lo sabía. Mi hermano viene conmigo, con los abuelos vamos a estar bien. Compartiremos con Gabriel el dormitorio de soltera de mamá.


6.     Sonia Martínez – Gabriel (hijo 10 años)
¡Yo no sé qué fue lo que pasó con papá y mamá! Últimamente vivían discutiendo y por todo se llevaban la contra. Antes, los cuatro éramos felices. Papá siempre fue un poco gruñón. Leticia y yo estábamos acostumbrados a sus rezongos, pero sabemos que no es malo. Mamá por el contrario siempre estaba a las risas. Tanto, que nos terminaba contagiando a todos. Cualquier motivo lo transformaba en una fiesta. Desde hacía un tiempo los dos casi no se hablaban y nos miraban con cara de enojo. Mamá se levantaba con los ojos hinchados, me parecía que había estado llorando.
Hoy Leticia me fue a buscar a la salida del colegio. Es raro que lo haga porque yo siempre vuelvo en la camioneta del colegio, además ella está trabajando. Por su cara, algo malo pasó. Me tomó de la mano y me dijo…
-Gabriel, no sé cómo decírtelo pero tengo que hacerlo…mamá ya no está con nosotros.
-¿Qué? Nos abandonó, ¿se fue a vivir a otro lado?
-¡No Gabriel, a mamá le dió un infarto, creo y ya no la veremos!
-¡No! No puede ser si mamá estaba bien… ¡No puede ser, quiero ver a mi mamá!
Llegamos a casa. En medio del living apenas vi a mamá, tumbada en el sillón, Leticia se paró delante de mí, luego me sacó de la habitación y no me dejó verla. Siento ganas de vomitar y me duele la cabeza.
Con Leticia nos fuimos enseguida a la casa de los abuelos, los papás de mamá. Ellos son muy cariñosos, nos recibieron con un fuerte abrazo. Mi abuela está preocupada porque hace días que no tengo ganas de comer. Leticia, después del trabajo, pasa horas conmigo; está más cariñosa que antes.
Desde lo que pasó con mamá, no veo a papá. Es raro que no venga a la casa de los abuelos ¿Se habrá olvidado de nosotros? Mi hermana dice que no, que está muy triste por eso no nos ve, para no angustiarnos más. Estaba pensando justo en él, cuando el abuelo me dice que tengo teléfono… ¡Es papá!
         -¡Hola Gabriel! ¿Querés que papá te pase para ir a pasear?
         -¡Sí! ¡Sí!.. Te espero.
Me vestí rápidamente porque papá me dijo que en una hora vendría, tal cual lo hizo. Fuimos a la heladería a tomar un enorme helado de chocolate y frambuesa. Después, aprovechando el día lindo y caluroso, nos sentamos a la sombra de los árboles del Parque Rodó. Allí papá me dijo si quería ir a vivir con él y con Leonor, su secretaria. Que la casa donde viven es muy linda, que yo tengo un dormitorio precioso para mí solo y que estoy cerca del colegio. Además me dijo que iríamos los fines de semana a jugar al fútbol.
-¿Y Leticia viene con nosotros? –le pregunté. Él me dijo que no, que Leticia quiere quedarse en casa con los abuelos. Entonces yo le dije que no quiero separarme de Leticia y que me gusta vivir con los abuelos, que yo los quiero mucho y ellos a nosotros también.
Quedé con papá que nos vamos a ver los fines de semana. Que él me va a venir a buscar para ir a la cancha a jugar fútbol.


7.     Pilar Leivas Vecina-( testigo).
Me llamo Adela Furtado, tengo 62 años, mi casa se encuentra enfrente de la casa de la familia Bermúdez.
Aquí viví desde que me casé, unos 38 años. Mi hija vive en Barcelona, se fue hace 10 años, allí se casó y tiene una hermosa niñita.
Al quedarme viuda, mi hija, que había venido a ver al padre que se encontraba internado por una grave enfermedad, me instó a irme a vivir con ella. En esa oportunidad, no me decidí, pero meses más tarde, me anunció que estaba embarazada y quería que fuera. Acá no me retenía nada, arreglé trámites jubilatorios  y cobros de pensión y marché a compartir mi vida con mi nieta y su familia.
Luego de unos meses, regresé para poner la casa en venta, y así me enteré de la tragedia ocurrida con los vecinos de enfrente.
Cuando citaron a todos los vecinos a declarar nuevamente al retomarse el caso ante la aparición de nuevas pruebas, mi sorpresa fue grande, pues supe que yo estaba ese día en casa, lo recuerdo perfectamente porque era el día de mi partida a España, en mi primer vuelo en avión.
Esa última semana, me había despedido de todos los vecinos, incluidos Ana y Luis y sus hijos.
Todos sabían que me iba; soy modista y tenía una gran clientela entre las señoras y las niñas, además de compartir un poco las historias de cada uno.
Ese día, tenía ya las maletas prontas, recorrí la casa por última vez, revisé mis documentos y pasajes y me senté en la ventana esperando el taxi que me llevaría al aeropuerto. Serían las 4 de la tarde, aún no habían salido los niños de la escuela y la cuadra estaba solitaria. Llegó el taxi y con el chofer fuimos llevando las maletas para colocarlas en el baúl del coche.
En eso, veo detenerse un auto azul, pequeño, que nunca había visto por el barrio, bajándose de él, una joven de ropa moderna y colorida, llamándome la atención un gran mechón muy claro que cruzaba su frente en una larga cabellera castaña .Toca timbre en la casa de enfrente, veo que le abre Ana y me extrañó que no se saludaran. La hizo pasar directamente.
Yo partí enseguida, mi vuelo estaba programado para las 19 horas y debía estar temprano en el aeropuerto.
Nunca más recordé ese hecho, hasta ahora, en que me mostraron una foto y grande fue mi sorpresa cuando reconocí a la chica del mechón que había bajado del coche el día de mi partida.
Peco de muy observadora, recuerdo los detalles, por eso me llamó la atención esa chica que era desconocida para mí.
Uno que vive años en este barrio, conoce a sus vecinos, los muchachos, sus amigos, clientes, familiares, y en esta circunstancia, era alguien que no había visto nunca.


8.     Elsa Freire (Investigador)
A ocho meses de la muerte de Ana Bermúdez, ocurrida el tres de noviembre de 2014, el departamento de Investigaciones de la Policía de la Capital me asignó la tarea de retomar las investigaciones iniciadas en aquella oportunidad y que habían finalizado sin haber podido determinar la causa del deceso. Luego del examen minucioso de todas las pruebas encontradas, éstas no fueron suficientes para determinar si se estaba ente un caso de homicidio o de suicidio.
La víctima había sido encontrada sin vida en el living de su casa recostada sobre un sofá. La autopsia reveló que había fallecido entre las 17 y las 19 horas por la ingestión de una dosis letal de nitrato de plata diluido en té. La sustancia es altamente tóxica y puede provocar la muerte en un corto lapso de tiempo.
Asimismo, la autopsia sicológica realizada reveló que no había rasgos en su personalidad que pudieran haberla inducido a un suicidio como tampoco existían esas pautas dentro de su entorno familiar, personal o laboral.
La Sra. Bermúdez estaba casada con un abogado desde hacía veintidós años, era madre de dos hijos, de dieciocho y diez años respectivamente y trabajaba como fotógrafa profesional para algunas empresas de plaza y también hacía trabajos en forma particular.
Ante estos hechos decidí revisar todas las pruebas nuevamente y concurrir al escenario del hecho. El administrador me facilitó las llaves de la casa para visitarla. Ésta, permanecía sin ocupantes ya que la familia se había ido pocos días después de la tragedia. Aún conservaba muebles y el alhajamiento general aunque en estado de abandono y desorden.
Realicé un recorrido por todos los ambientes de la vivienda muy atento a todos los detalles y tratando de captar la atmósfera del lugar cuando sus moradores la habitaban. En una habitación de la planta alta que era utilizada como escritorio del esposo, tirada en un rincón, había una fotografía de una mujer  muy bonita, sonriente, de alrededor de treinta años, cabello castaño y un mechón rubio que caía hacia un lado de la frente. Inmediatamente pensé que era el retrato de la víctima, pero en el reverso había una dedicatoria afectuosa al esposo de Ana y firmaba “Leonor”.
Abandoné el lugar llevando aquél retrato que supuse la policía no había visto porque de lo contrario, lo hubiera retirado de la casa y agregado a las pruebas.
Seguidamente conversé con los vecinos, que ya habían brindado sus declaraciones, pero ésta vez además, les mostré la fotografía que había encontrado y a todos, el rostro les resultaba desconocido.
En mi recorrida por el vecindario, con expediente en mano, me llamó la atención que no existía declaración de ninguna persona que estuviera domiciliada en la casa ubicada frente a la de la víctima. Allí conocí a la Sra., Adela Furtado quien me manifestó que era modista y hacía muchos años que vivía y trabajaba en ese lugar. Conocía bien a Ana y a su familia y también de vista a otras personas, amistades o familiares, que concurrían a la casa.
Aquel tres de noviembre de 2014, la Sra.  Furtado, viajaba a España a visitar a su hija y su vuelo despegaba de Carrasco a las 19.00 horas. Alrededor de las 16.30 horas ultimaba los detalles para partir hacia el aeropuerto y estando parada detrás de una ventana, esperando un taxi, vio a la mujer de la fotografía estacionando un auto, bajar y tocar timbre en la casa de la víctima. Era alta, joven, elegante y le pareció muy llamativo aquel mechón que le cruzaba la frente y por eso la recordaba. Vio que Ana le abrió la puerta y entraron a la casa.
Relató también que permaneció con su hija en España durante unos meses, y como vive sola, su casa estuvo cerrada por ese tiempo. Al regresar, sus vecinos le relataron lo ocurrido y también que la policía continuaba la investigación porque el caso aún estaba abierto.