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lunes, 19 de octubre de 2015

APROXIMACIÓN AL SONETO

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Rosa Cimbler
A MI HERMANA ANA

Hermana querida, mi hermana mayor
pronto estarás a bordo del avión
del mundo tendrás una nueva visión
puedes contar con tu hermana menor.

Abrazarás a tu hijo con amor
recorrerás la tierra de Sión
conocerás de cerca la situación
de quienes luchan por vivir sin temor.

Disfruta tu viaje, hazlo con placer
mereces hacerlo, por set tan tenaz
chance te da la vida de conocer

Irás a otras tierras, serás audaz
fe y optimismo lo debes saber
te harán sentir más fuerte y capaz.


EL MANTEL

De granité blanco, mantel hermoso
hábiles manos maternas bordaron
tu destino, mis ancestros marcaron
digno amigo fiel, luces gozoso

Bellos ramos de color delicioso
en arcos perimetrales se hallaron
en explosión de alegría estallaron
en un ayer, por demás ruidoso

Al descanso, muchas horas robaste
grande mujer, artífice del hogar
cuan firmes lazos estrechar lograste

madre, tu mantel quiero homenajear
mi emoción profunda despertaste
siento que jamás te podré olvidar.


lunes, 5 de octubre de 2015

PERFUME DEL AYER

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Rosa Cimbler
¡Otro miércoles de desafíos!
Pero como de costumbre, hay que enfrentarlos. Para este miércoles 30 de setiembre, Mónica nos propuso elegir un objeto estrechamente ligado a nuestra afectividad y describirlo detalladamente.
¿Qué escojo?, me pregunté.

Abrí el placard de mi dormitorio recorriendo visualmente los estantes. En uno de ellos se apilaban manteles en su mayoría de un blanco que el tiempo amarilleaba inexorable. Los acaricié y mi mano se detuvo en uno. Es que ese se distinguía de los demás por sus delicados bordados multicolores.
Al extraerlo, sentí una oleada de emoción que me retrotrajo a mi adolescencia y juventud. Tenía en mis manos un tesoro, donde la laboriosa acción de mi madre, había transformado un objeto inanimado en otro, pleno de luz, que supo lucir orondo sobre la mesa familiar.
Esa maravillosa mujer, poseedora de una paciencia envidiable que permitió vencer todas las dificultades que no fueron pocas. Se casó con un inmigrante polaco que al igual que ella, llegó al País huyendo de los vientos de guerra que se avecinaban. Lea y David se casaron y se instalaron en la ciudad de Rocha. Tuvieron cuatro hijas, de las cuales soy la menor.

Una de ellas, mi melliza, falleció a los pocos meses de nacida, víctima de meningitis. Nos criaron y educaron con mil sacrificios. Mamá además de ama de casa, atendía la tienda que poseíamos en la calle Zorrilla de San Martín y Julián Graña.
Este mantel representa cabalmente a esa mujer ciclópea capaz de realizar tantas tareas y aún disponer de tiempo extra para bordar. Era además una excelente cocinera. Devorábamos con deleite todo lo que elaboraba: sus “chasques”, especie de galletitas marmoladas, sus “jalot trenzadas” sus “strudel de manzana” y el “lering” que comíamos como abreboca. Lo hacía colocando a fermentar trozos de lachas crudas, en aceite, laurel, sal y pimienta.
Cuando la familia emigró hacia Montevideo, en 1957, el mantel nos acompañó. Ahí, la vida familiar cambió. El ritmo de mayor ajetreo de la capital le impidió a mamá continuar con sus tareas manuales.
Siguieron dedicados al comercio, aunque con cambio de rubro: ahora fue un bazar en Paso Molino. Primero vivíamos en una casa antigua del barrio Cordón. Después pasamos a una en Paso Molino, cerquita del Miguelete y a tres cuadras del bazar. El mantel continuaba luciéndose.

Comencemos a describirlo: es rectangular, de granité blanco, de dimensiones generosas como para cubrir una mesa para doce comensales. Está ribeteado con una ancha puntilla, posee un friso perimetral bordado en forma de un entrecruzado de cuadraditos azules. Dicho friso posee recortes semicirculares tanto en su borde exterior como interior. En cada semicírculo luce un ramito compuesto de diez flores; siete de ellas simulan ser pensamientos y las tres restantes clavelinas. Hay también tres hojas de helecho.
El hilo utilizado era Moliné matizado en colores, violeta, rojo, naranja, salmón y azul. Mientras disfrutábamos de las ricas comidas preparadas con amor por mamá, solíamos escuchar: “Di idishe shu” que significa, “La hora judía”, en CX 46, radio América, su conductor, ya fallecido, era José Jerozolimski. 
En su característico idisch, uruguayizado (por los años de residencia en el país), transmitía noticias, música, eventos de la colectividad, defunciones, etc. Es decir, la dinámica de una sociedad inmersa en otra y que deseaba mantener su acervo sin negarse a la integración.

También lo hacía en español para que toda persona desconocedora del idisch, dialecto empleado por casi todos los judíos de la diáspora excepto los sefaraditas, pudiesen hacerse de la información.
Cuando mis padres se deshicieron del negocio, pasando éste a mi hermana mayor, se mudaron a una casa cercana a los accesos donde llegaron, al término de sus vidas.
Allí también supo lucir el hermoso mantel de punto araña al cual hoy le rindo un emocionado homenaje. Es una hermosa forma de reverencia a esa mujer enorme, pilar de mi familia.
Te quiero…mamá.


lunes, 21 de septiembre de 2015

AMISTAD ENGAÑOSA

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Ejercicio de personaje secundario frustrador.

Rosa Cimbler

Juana Acosta era la tercera hija mujer de una familia modesta. Desde muy pequeña, se había acostumbrado a ver a su madre sobre la máquina de coser.
No solo confeccionaba ropa nueva, sino que también refaccionaba las prendas que algunas clientas le traían. Como era cumplidora y prolija en su labor, nunca le faltaba trabajo. Era considerada en su precio; por ello lo que percibía apenas le daba para pagar el alquiler de la vivienda que compartía con su esposo y sus tres hijas en el barrio Sayago.
Su padre hacía changas en la construcción y por ello el dinero entraba en forma irregular, según lo que hubiese en el momento.
Juanita cursaba quinto año de bachillerato opción humanística. Soñaba con entrar en el I.S.E.F. para ello debía rendir un examen de ingreso bastante exigente. Éste evaluaría sus condiciones físicas en varias áreas, tales como carrera, salto, lanzamiento de disco, natación, etc.
Sus hermanas, mayores que ella, gracias al sacrificio de sus padres, habían logrado diplomarse en peluquería y en maquillaje social y artístico. Ambas se habían insertado en sendos institutos estéticos, lo cual les permitía adquirir experiencia con vistas a independizarse en un futuro.
Juanita, mientras tanto, trataba de estudiar lo más posible. Su físico era no muy atlético, más bien gordita, de estatura media, aunque muy ágil y afecta a cualquier deporte.
Era frecuente que conversara con Flavia, una compañera, sobre sus intenciones de ingresar al I.S.E.F. ésta la desanimaba diciéndole:

-¿Estás segura? ¡Mirá que Fernando, amigo de mi hermano reprobó el examen! Tenés que estrenar mucho…estás muy gordita, tenés que bajar por lo menos doce kilos.

Juanita la escuchaba, no le caían bien sus palabras. Pero, a pesar de ellas, decidió continuar con su idea, sin dar ni un paso atrás. Comenzó a entrenar en una plaza de deportes cercana a su casa.
Practicaba vóley y gimnasia. Lo hacía metódicamente seis horas semanales. Los sábados iba al club Ituzaingó. Allí practicaba estilos de nado.
En poco tiempo estilizó notablemente su figura, ganando agilidad y destreza. El examen de ingreso tan temido fue aprobado con alta calificación.
Al encontrarse con Flavia, le contó su éxito recibiendo tan solo una fría felicitación que dejaba traslucir su recelo. Quedó claro que su amistad no era más que una cáscara.
Juanita lograría con tesón realizar una carrera exitosa.



CRUCE DE PERSONAJES

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Sonia Martínez y Rosa Cimbler

Elizabeth Brum es decoradora de ambientes. Cuenta con una trayectoria en el ramo de siete años, en forma satisfactoria. Tiene treinta años de edad. Posee un sentido de la estética, que lo refleja en principio en su aspecto físico el cual cuida, y en su forma de vestir combinando con gusto colores y texturas en sus prendas.
Es detallista y convincente a la hora de expresar sus ideas. Esto conlleva casi siempre el liderazgo en sus emprendimientos, sumado a la buena comunicación que posee con contratistas, trabajadores y arquitectos. En la mayoría de los trabajos que realiza encuentra soluciones rápidas, de costo no excesivo para el cliente.

Para dar comienzo al trabajo, Elizabeth Brum exige al cliente el pago por adelantado del cincuenta por ciento del costo total para adquirir el equipamiento necesario, especificando que al finalizar el trabajo, se deberá pagar el resto adeudado en efectivo. La semana pasada por encargo de la Sra. Julia Fernández, dio por finalizada la decoración de su apartamento.
La Sra. Fernández a la hora de liquidar la deuda por el servicio prestado, inició una conversación nada inteligente, quedando claro para Elizabeth Brum que aquélla, no tenía voluntad de pagar lo adeudado. Elizabeth Brum prefirió dar por finalizada esa conversación estéril, retirándose posteriormente muy molesta, ya que había dispuesto varias horas de trabajo y esfuerzo para ese emprendimiento, sin verse retribuida.

Es martes 10 de agosto el Dr. Mauricio Vidal se encuentra en su bonito apartamento que posee en la calle Lauro Muller en el Parque Rodó. La luz mañanera se cuela insolente a través de las rendijas  de los ventanales .

El despertador del celular programado a diario a la hora siete, suena implacable. Mauricio lo apaga, se levanta ágilmente y comienza a ejecutar la rutina que le permite llegar a su oficina en el Centro, alrededor de ocho treinta. Atiende de lunes a jueves entre dicha hora y las trece treinta. Los viernes los dedica a su solaz, practicando aikido. Los sábados hace natación en el club Defensor Sporting. Ello le permite mantenerse en buenas condiciones físicas y a la vez liberarse del stress implícito de su profesión: abogacía.
En el trayecto que une su hogar con su oficina, mientras conduce rememora lo bien que lo pasaron en Café Bolero, escuchando oldies con Estela la noche del sábado. En sus pensamientos aparece de pronto la imagen de Florencia, su hija  a quien hoy le toca llevar al ballet. Es una tarea que disfruta. Adora a esa niña de cabello rubio y figura espigada y se siente orgulloso de ella.

Al llegar al edificio donde está su despacho, saluda a José el portero, por quien siente simpatía. Sube al segundo piso. Una vez en su oficina, se dispone a encender su ordenador cuando siente el timbre de su teléfono. Lo deja sonar por espacio de quince a veinte segundos. Toma el tubo y con voz  clara  dice:
                 -Hola,aquí estudio jurídico del Dr. Mauricio Vidal, ¿en qué puedo servirle?
                          -Necesito comunicarme con el Dr. se encuentra ?
                          -Él habla, con quién tengo el gusto?
                          -Soy Elizabeth Brum, amiga de Estela, su prometida. Las dos concurrimos al gimnasio Vikingo. Ayer al salir de nuestra clase nos entretuvimos conversando. Entre otros temas le comenté que me encuentro en aprietos a causa de una clienta que se rehúsa a  abonar mis honorarios.

Me desempeño como decoradora de ambientes y no sólo realizo proyectos sino que acompaño a mis clientes en la búsqueda del equipamiento.
Mi trabajo es reconocido lo cual me llena de satisfacción. Estela me dio su celular.

                      -¡Ah... si !, algo me anticipó sobre el tema que a Ud. le preocupa. ¿Qué le parece si pasa por mi estudio el miércoles entre las 9 y 11 horas?, es en Germán Barbato 1394 esc. 207.
                      -Encantada, allí estaré.
Llegado el día Elizabeth Brum se presentó en el estudio del Dr. Vidal. Al entrar al despacho del mismo, se encontró frente a un hombre amable que le tendió la mano con una amplia sonrisa .
                    -Buen día Dr. le aseguro que en mis años de trabajo es la primera vez que me pasa esto.
                     -¡Ojalá que  con su ayuda logre  cobrarle mi trabajo a la Sra. Fernández!
                     -¡Por supuesto que sí!, confíe en mí. ¿Tiene Ud. algún documento que avale su desempeño en la tarea encomendada?

                     -Por supuesto Dr. acá tiene la hoja membretada con el detalle de los trabajos de decoración que realicé. Como verá tiene la firma  de la clienta. Ella se quedó con una hoja de iguales características firmada por mí.
                    -Excelente, tiene Ud., el teléfono de la Sra Fernández?
                    -Sí, lo tengo ,el número fijo y el celular.
                    -La llamaré-le dijo-, ¿está Ud. segura?- vacilando.

El Dr. Vidal toma su celular y se comunica con la Sra. Fernández.
                  -Hola. Soy el Dr. Mauricio Vidal. En mi despacho se encuentra la Sra. Elizabeth Brum quien esta reclamando el pago de sus honorarios por un proyecto de decoración que ella realizó por encargo suyo.
                  -Si...pero...no concreté nada...por qué debo abonar?
                  -Ocurre Sra., que Ud aceptó el proyecto realizado por la Sra Brum como lo demuestra la hoja membretada firmada por Ud., por esa razón está obligada a abonarlo.
La Sra. Julia Fernández comenzó a titubear. La llamada de un abogado no era algo para dejar pasar por alto. Quedó preocupada.
               -Bueno...pero...en este momento...
               -Sra., mi cliente está reclamando con toda justicia el pago por su trabajo. 

Haremos lo siguiente: en cuatro días volveré a llamarla,espero que en ese plazo Ud pueda resolver y dar una respuesta favorable. Será lo mejor para ambas.
Elizabeth  puesta al tanto de lo conversado se retiró más confiada del estudio.
Pasada una semana recibió la llamada del Dr Vidal.


                 -Tengo que darle una buena noticia, la Sra. Fernández vino a pagar su deuda. Puede pasar a retirar el dinero. La gestión realizada había resultado exitosa. 

El Dr. Vidal atendiendo a su amistad con Estela no quiso cobrarle. Ella, muy solícita se ofreció a decorar el hogar donde él y su amiga del gimnasio se aprestaban a compartir en un  tiempo muy breve.

martes, 1 de septiembre de 2015

LA CARICIA MÁS PROFUNDA

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
 Rosa Cimbler

Aquella fue la sensación de mayor plenitud que pude sentir. Muchas veces, desde mi adolescencia había fantaseado con aquel momento en que alguien me hiciese sentir mujer. Había esperado con una mezcla de expectativa y miedo experimentar la caricia más profunda que implica relacionarse íntimamente en cuerpo y alma con otro ser.
Y hete aquí, que, ahora enfrentada a aquel muchacho respetuoso y cortés con quien hacía ya dos meses salía, sentía que ambos nos moríamos de ganas de llegar hasta ese punto.
A pesar de mis veinticinco años, nunca había tenido relaciones sexuales. Los besos, las caricias ya no eran suficientes para calmarnos.
Nuestra excitación crecía. Esa tarde, Pedro y yo fuimos al cine. De regreso, noté que mis padres no estaban en casa. Sentí la mirada ansiosa de Pedro. Encendí el equipo de audio; a los dos nos encantaban los blues y los oldies. Al son de la música comenzamos a bailar muy amarrados, sintiéndonos uno solo. No pudimos ni quisimos evitarlo. ¡Con qué delicadeza me trataba aquel hombre!
Sentí un placer inusitado para mí y también un pequeño dolor que no impidió que experimentara una laxitud total.

Pasaron ya cuatro años de esa experiencia. Por diversas razones no continuamos la relación. Ahora, con veintinueve, tengo otra pareja. Pensamos formalizar en dos meses. Sin embargo, nunca olvidaré a Pedro quien con manos de artista cinceló mi iniciación sexual.



domingo, 23 de agosto de 2015

VENCIENDO MI VIEJA FOBIA

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Rosa Cimbler

Aquel día de agosto, Sara despertó más temprano que de costumbre. Sabía que debía concurrir a su mutualista a los efectos de llevarle los últimos estudios que se había efectuado a su urólogo.
Hacía ya dos años que mediante una ecografía la habían detectado dos cálculos en su riñón izquierdo. Se sentía nerviosa, un extraño desasosiego la embargaba, ya que a su problema se agregaba el hecho de que el médico atendía en un quinto piso, al cual debía acceder por medio del ascensor.

Al entrar en él, sintió un rubor intenso cubriéndole sus mejillas, el conocido pánico que la ganaba cuando se hallaba en lugares cerrados, se apoderó de ella.
Tres señoras y un hombre que compartían el estrecho ámbito parecían notarlo y tenían sus ojos clavados en su rostro.
-Piso quinto, urología –anunció la ascensorista, una bella muchacha de ojos azules.
Sara tomó asiento, sacó de su bolso un libro  y se dispuso a leer tratando de calmarse. Transcurrieron algo más de veinte minutos hasta que una voz varonil se oyó por el altavoz.
         -Sara Moreira, consultorio tres.
Abrió la puerta del mismo. Sentado detrás de su escritorio la esperaba el Dr. Malfatto. La saludó incorporándose. Era alto, de grueso bigote y pelo entrecano. Luego de leer los análisis, controló los resultados en su computadora. La invitó a subir a la camilla y palpó su vientre para ver si había dolor.
Sara se quejó, cuando el médico presionó su lado izquierdo.

-Convendría realizar una tomografía –acotó. Tráigala cuando la tenga.
Salió del consultorio más nerviosa aún que al entrar. Sabía por su amiga Gladys que para realizarse la tomografía la introducían en un compartimiento estrecho. Pero, ¿Qué hacer? ¿Cómo decirle al médico que ella era claustrofóbica? No, no, sin duda, debería afrontarlo. La había fijado para el 23 de agosto a las 9hs…faltaban pocos días.

Éstos se sucedían rápidamente. El 23 amaneció lluvioso; Sara debía hallarse en ayunas, lo cual incrementaba sus malestar.
Una vez en la sala contigua a la del tomógrafo, el técnico le inyectó la sustancia de contraste. Sara se sintió desfallecer, intentó con todas sus fuerzas distraer la mente repitiendo con énfasis un mantra que su amiga le había recomendado: “Soy una mujer fuerte, capaz de vencer”

La acostó en el pequeño habitáculo donde sólo cabía su cuerpo. Le pidieron que se quedara inmóvil. El estudio no tardó más de quince minutos.
Desde ese día, decidió consultar a un sicólogo, quien la derivó a un terapeuta gestáltico, quien le aseguró que su claustrofobia podía ser vencida con un tratamiento adecuado.

Sara estaba dispuesta a vencer su fobia a cualquier precio. Ya estaba en camino de hacerlo…



domingo, 9 de agosto de 2015

¿TRAICIÓN O ATRACCIÓN INCONTROLABLE?

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Rosa Cimbler

Esperaba con mucha ansiedad el comienzo de mi licencia anual.
Habíamos acordado con Walter que ambos la pediríamos a mediados de noviembre. Como trabajábamos desde hacía varios años en dos empresas donde nos desempeñábamos eficientemente en cargos de importancia, descontábamos que nos sería concedida sin dificultades.

Nuestros hijos, adultos jóvenes eran independientes, así que estas vacaciones eran sólo de Walter y mías.
Hacía un mes que él había comprado un paquete para vacacionar en Florianópolis y aunque ya conocíamos el lugar, las playas de Brasil nos encantaban a ambos.

El verde de la vegetación, las arenas muy blancas y un paisaje privilegiado de morros en cuyas laderas se recortaban humildes casitas, lograban conquistar numerosos turistas.
Viajamos en un ómnibus de EGA durante dieciocho horas. El cansancio nos ganaba pero a pesar de ello, el día de nuestra llegada acomodamos nuestro equipaje en la espaciosa habitación del Hotel.

Nos interesaba más que la vida nocturna, disfrutar de la exuberante naturaleza.
Al día siguiente, luego del desayuno y provistos de dos reposeras que nos prestaron, fuimos a la playa que distaba unas cinco cuadras. Me había protegido con crema protectora ya que el dermatólogo me había alertado de que debía hacerlo treinta minutos antes de la exposición. Recordaba sus palabras:
-Sea cauta. Cuídese del sol, evite ir entre 11 y 17 hs. A pesar de ello, ya eran casi las 11.
-Walter, nos quedaremos solo un rato –le dije.
-De acuerdo –contestó mientras buscaba en el bolso el libro de Stephen King.
Decidí embadurnarme de nuevo asustada por la incidencia cada vez mayor del cáncer de piel.
Tomé el frasco de crema y vertí una generosa cantidad en mi mano derecha. De inmediato sentí el aroma de coco y papaya en mis narinas. Con delicadeza cubrí mi mi rostro, luego hombros, pecho, brazos y abdomen. No olvidé muslos y pantorrillas.
El rostro de mi esposo quedaba oculto detrás del libro en cuya carátula con caracteres dorados en relieve decía: “La carretera”.

De pronto al levantar la vista, lo vi. Un ejemplar de macho brasileño cuya imagen me impactó. No solo poseía un físico privilegiado que seguramente unía lo genético con el trabajo rutinario para mantenerlo y mejorarlo.

También una mirada cálida en sus ojos color café y una boca sensual de sonrisa fácil. Éste “vecino” sin duda, me había movido la estantería. Me sonrió y yo le devolví la sonrisa. Fue un momento mágico y para la tranquilidad de mi pareja, solo quedó allí.

Si bien amaba a mi esposo, mi ego de mujer todavía deseable, me dominó. Walter ni siquiera advirtió aquello, pero yo volví al Hotel renovada, ya que constaté que aún podía despertar admiración en el sexo opuesto.



domingo, 2 de agosto de 2015

LA HISTORIA DE JHONY DARK

DISPARADOR: Tiene los ojos azul hielo. Un sexo indefinido, el pelo rapado, las uñas pintadas de negro. Todo su cuerpo es fibra y viaja en moto. Vive en Nueva York.

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Rosa Cimbler

Entreabrí los ojos con enorme dificultad. La blanca luz de un plafón hirió mis pupilas.  Me sentía emergiendo de un largo túnel arropado con una tela nívea y vaporosa. Como flotando en su interior.
Mi garganta, seca, mis labios, cuarteados y un martilleante dolor en mis sienes. En mi seminconsciencia percibí el goteo cadencioso del suero que penetraba en mi mano a través de una vía.

Alguien me tomaba la mano derecha y me trasmitía su calor. Al cabo de un rato, caí en la cuenta de que pertenecía a mi madre.
Al ver mis ojos azul hielo parpadear, puso su boca sobre mi mejilla y me dijo emocionada.
-¡Hijo querido! ¡Cómo esperé este momento! ¡Qué felicidad!
Era evidente que me hallaba en un hospital. Recordé que me había accidentado de regreso del festival de rock en que había actuado The Cure.
Ese día había llegado sobre el comienzo, deseando pasar una velada inolvidable. Volaba sobre mi reluciente Harley Davidson sintiendo en mi cara el viento azotándola. Un sentimiento de libertad me embargaba.
Las calles de Nueva York fueron testigo de mi alocado viaje hasta la enorme carpa montada en las afueras.
Me maquillé con polvos blancos. Delineé mis ojos con lápiz negro y cubrí mis labios con labial marrón-oscuro. Mis uñas, las pinté de negro. Mi pelo, rapado.
Cubrí mi cuerpo, todo fibra, con una túnica negra de amplias mangas. Colgué de mi cuello un enorme crucifijo de bronce y strass.
Me miré, la imagen me satisfizo; era un completo dark, de sexo indefinido. La disconformidad con las normas también se revelaba en mi aspecto físico.
El festival fue realmente IM-PRE-SIO-NAN-TE bebimos cerveza y tragos que en la vorágine de la noche, resultaron excesivos. No quise escuchar cuando mi amigo Henry me dijo:
         -Te llevo, no podés conducir en ese estado. A pesar de ello, arranqué mi moto de alta cilindrada y aceleré impulsivamente. De pronto, sentí un estruendo aterrador y luego, la nada.
Había impactado contra una columna y a consecuencia de ello había sufrido traumatismos internos que provocaron el coma. Por suerte hoy puedo contarlo.


domingo, 5 de julio de 2015

UNA DECISIÓN DIFÍCIL

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
 Rosa Cimbler

La familia Sánchez Ibarburu había adquirido aquella casa a través de una inmobiliaria de reconocido prestigio de la ciudad de Maldonado.

El matrimonio de Estela y Javier, tenía tres niños y por lo tanto necesitaban las comodidades que ella les ofrecía. Amén de tres espaciosos dormitorios, tenía un altillo donde los chicos jugaban a ser personajes de cuentos, armaban castillos o se entretenían recortando figuras de brillantes revistas. La cocina tenía horno a leña y en ella la mamá preparaba exquisiteces que la familia devoraba.

Poco después de instalarse allí, comenzaron a observar diferentes hechos que no lograban explicar. Puertas y ventanas que se golpeaban sin motivo, objetos que desaparecían o caían, eran sucesos que les despertaban inquietud la cual no deseaban transmitir a sus hijos.
Ya crecidos, los niños convertidos en jóvenes ávidos de conocimientos, solían pasar largas horas leyendo libros que su padre les compraba. Víctor, el mayor adoraba leer la Divina Comedia de Dante.

Un día observó que ésta faltaba de su lugar acostumbrado. Se hallaba cavilando sobre el hecho, cuando un rayo de luz iluminó el rincón cercano a la puerta de calle.
Cuando miró hacia allí, vio un anciano peinándose con el libro buscado. A su lado una joven mujer de abanicaba con un cucharón y en su regazo, un bebé succionaba un tenedor.


Cuando se acercó los tres desaparecieron sin dejar rastro. Les contó lo vivido a sus padres que compartieron con él, otros hechos. Solo les cabía aceptar que allí convivían con fantasmas de una época que se negaban a abandonar la casa

lunes, 29 de junio de 2015

DISPARADOR

EL SEÑOR DESTINO Y SUS JUGARRETAS
Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Rosa Cimbler

Hoy voy a contarles las travesuras de un personaje que determina con sus cabriolas, pasado, presente y futuro de nosotros los seres humanos, frágiles marionetas ente su inmenso poder.
Este ser omnipresente no es más ni menos que el señor destino. Basta observar su cuerpo apolíneo, su musculatura acentuada y su mirada penetrante para percibir cuán difícil es evitar sus designios.

La historia comienza así:
Érase una ciudad distante setenta kilómetros de la capital rochense. Su nombre: Lascano. Allí vivían Irina Tabeira con sus padres José y Manuela y su hermana mayor, Cecilia.

Los primeros eran ambos empleados municipales y su hermano se desempeñaba como mecánico dental. Con ella, tenían una relación fraterna con los altibajos naturales de los hermanos, pero siempre los desencuentros los superaban fácilmente.
Irina, de diecisiete años, había pasado de ser casi sin darse cuenta, de una adolescente esmirriada a una joven de cuerpo esbelto y de enormes ojos castaños. Tenía además una hermosa sonrisa. Que le conferían a su rostro un toque de sensualidad inocente y provocador a la vez. Despertaba en muchos jóvenes una atracción natural reflejada en sus miradas, pero ella se mantenía indiferente a la espera del hombre de sus sueños.
Era tímida y sensible a pesar de su juventud, tenía madurez suficiente como para saber cuál era su meta. Deseaba conocer un amor sincero al cual poder entregarse en cuerpo y alma.
Sabía también ser aplicada en el estudio y su vocación era trabajar como educadora preescolar. Cierto día Irina estaba indispuesta, faltó a sus clases. A las diez de la mañana sonó el timbre de calle. Se sobresaltó, puesto que estaba sola.
Miró por la mirilla y divisó a un joven a través de ella.

         -¿Quién es? –preguntó.
         -Soy Andrés, hermano de Antonia, amiga de Cecilia, vengo a devolverle esta cuadernola.
Irina abrió. Un muchacho veinteañero de cabello castaño y mirada risueña de se encontró frente a ella. Irina aún lucía el pijama de florcitas y el pelo algo desordenado.
         -Déjame, Cecilia llega al mediodía.
         -Bueno, gracias, disculpa si te he despertado. La voz suave del joven la atrapó.
Supo que Andrés trabajaba en la mejor farmacia de la ciudad. 

Irina comenzó entonces a buscar excusas para concurrir a ella, un medicamento para su mamá hoy, un cosmético para ella mañana. Cierto día, Andrés la abordó.
         -¿Podemos tomar un café mañana?
Ella accedió luego de unos instantes. La cita era en una pequeña cafetería “El rincón azul” frente a la plaza principal. Allí llegó Irina a las dieciocho con su tapado de tweed gris, sus botas de gamuza beige y su mejor sonrisa.

Tomó asiento frente a la ventana. Al pasar un cuarto de hora, comprendió que Andrés no vendría. En eso estaba, cuando un hombre muy extraño tomó asiento frente a ella.

Soy el señor destino. Sé que esperas a alguien pero a esta hora estoy abrumado por el cansancio, debo dormir al menos cinco minutos para recobrar fuerzas.

Diciendo esto se quitó el yelmo que portaba sobre su cabeza y se desplomó dormido sobre la mesa. Irina tenía el alma desosegada y dolorida. Era su primera cita.
Se marchó calla abajo, gruesos lagrimones descendía de sus ojos. Al contarle lo vivido a su hermana, ella trató de contenerla. Todos sabían que Andrés había tenido una relación con una ex-compañera de trabajo. Quizás habrían retomado la relación.

Pasaron días. No sabía nada de Andrés. Un día mientras cenaba, sintió un golpecito en la ventana del fondo. Se acercó a mirar. Vio al señor destino haciendo señas para que le abriera. Ella accedió porque sintió que le inspiraba confianza.

         -Voy a reparar mi error. Discúlpame por dormirme aquél día. Te prometo repararlo pronto. Al otro día sonó el timbre de calle.
         -Soy amigo de Irina, sintió que alguien le decía a su madre.
Se acercó. Vio entonces a Andrés que tenía en su mano un enorme ramo de rosas amarillas.
         -¡Hola amor! Perdona el plantón. Debí arreglar ciertos asuntos pendientes. Espero sepas disculparme. Quiero que desde hoy seamos novios. Caminaremos siempre juntos por la vida y prometo convertirte en la más feliz de las esposas.




lunes, 22 de junio de 2015

UN INSTANTE DE DESTINO

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Rosa Cimbler

Era un abrasador día de enero. Caminaba por Fernández Crespo hacia 18 de Julio. Desde horas cercanas al mediodía, el bochorno envolvía la atmósfera acrecentado por un so desgarrante.

Presentía dentro de mí que aquella jornada no iba a pasar desapercibida como tantas otras en mi vida rutinaria de hombre cargado de obligaciones.
Por suerte, el comercio marchaba aceptablemente con los altibajos propios de las pequeñas empresas. Lo atendíamos mi esposa y yo, a veces ayudados por nuestros hijos.

Nos habíamos conocido siendo liceales, y nos enamoramos desde que nos tocó formar un grupo de estudio, lo que nos obligó a encontrarnos más seguido. Nos casamos muy jóvenes, yo contaba con veinte y ella con dieciocho años. Al año llegó Ramón, y a los seis, Regina, una rubiecita regordeta que pronto se convirtió en un torbellino revoltoso y a la que había que mirar casi permanentemente.
La gente nos miraba con una mezcla de simpatía y admiración. Así lo sentíamos. Aún hoy, ellos son los que me dan fuerza para enfrentar los desafíos de la vida.
Sin embargo, aquel día, una sonrisa blanquísima y unas piernas largar y torneadas me atraparon.
         -¿En qué puedo servirle señor?
-Ramírez, Jorge Ramírez –dije procurando darle a mi voz un sonido cálido-. ¿Es en ésta oficina donde puedo consultar la planilla de pagos? Debo comprobar si no omití el pago de algún mes.
-Si me da la razón social y Nº de RUT, puedo ayudarlo.

Le di los datos que me pedía, sin dejar de mirarla. Bajó sus ojos hacia el teclado y digitó los datos, al instante comenzó a buscar la numeración correspondiente. Sus pestañas eran las más bellas que había visto en mi vida. Tuve que pagar dos meses atrasados. Una vez que aboné, no pude resistir la tentación de volver a la oficina de la chica que tan impactado me  había dejado.
         -¿Puedo invitarla a tomar un café?
Un leve movimiento de su cabeza me indicó que ella aceptaba. Sentado en el “Sportman” me preguntaba si aquel minón se presentaría allí. ¡Qué ansioso estaba! Parecía un adolescente en la primera vez que se encuentra con una mujer.
Me había despertado los instintos más lujuriosos. Su piel me llamaba a gritos, tentándome para ser acariciada. ¿Cómo podía sustraerme a semejante diosa?

Seis meses duró aquella relación que comenzara en la oficina de la D.G.I.
Una noche, mi esposa Marta volviéndose hacia mí, me dijo pausadamente.
         -Jorge, he descubierto que existe otra mujer en tu vida. No intentes negarlo, tengo pruebas.

Yo palidecí. Aquella mujer con la que había compartido momentos bellos y de los otros, no se merecía lo que le estaba haciendo. Me di cuenta en ese breve instante que no quería ni podía perder el verdadero amor, un amor constituido en base a sacrificio, lucha y compañerismo. Le pedí perdón; ella supo entender y aquella relación voluptuosa de solo seis meses pasó a ser una anécdota que ninguno de los dos volvió a desenterrar.


lunes, 8 de junio de 2015

PROSA POÉTICA

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Del Amor Romántico

Rosa Cimbler
Mi amor azul
Mi hermosa dama que enciendes mis sentidos.
De tu belleza enceguecí con fuerza prendado.
Eres luz que guía mi camino
De tus blancas manos, soy fiel enamorado.
Tu azul mirada, me hace sentir privilegiado
Tus tiernos ojos, logran enternecer mi corazón
¡Oh, dulce amor! Llegarás a saber un día
Qué poder ejerces en mi emoción.
Soy yo, este soldado rebosante de amor que te implora sin consuelo
Repara en mi presencia, atiende mi dolor.
Serás Reina y señora

Y yo, esclavo de mi ardor.