Responsable: Mónica Marchesky

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domingo, 11 de octubre de 2015

LA CASA HELADA

Escritores Creativos Experimental de Malvín
Stella Duarte

Salimos muy contentas, un fin de semana sin horarios, cargamos el auto, ningún lugar determinado, las dos solas. Carla siempre decía que había que organizar y yo que no ¿Dónde está escrito eso?
Las mujeres, siempre teníamos que avisar a dónde íbamos. Tomé la ruta que iba hacia el norte, gritando: ya, por favor, ¿para qué están los celulares? Por suerte a pesar del invierno, había una temperatura agradable y un débil sol.
Encontramos unas cabañas y nos quedamos a pasar la noche. Al otro día, desayunamos y salimos a caminar tranquilas a más relajadas.
Detrás empezaba una zona de humedales con una gran cantidad de diferentes especies de árboles, unos con las raíces extendidas al ras del suelo, otras que parecían esqueletos gigantes, que nos impedían pasar. Primero la tierra era firme, pero luego empezó una mezcla con arena y cal y se hundían nuestros pies.
El lugar era muy solitario, cruzamos por un puentecito y a lo lejos, vimos una hermosa casa, extraña, ya que no era común en esos parajes encontrar ese tipo de construcción. Eso nos brindó una cierta tranquilidad y le comenté a Carla descansar allí, ya que la noté cansada.
Llegamos después de caminar un par de horas y decidimos ver si estaba ocupada y si permitían visitarla. Subimos por los anchos escalones de piedra. La puerta estaba entornada y al entrar, vimos que era una capilla y se escuchaba suavemente un órgano. Nos sentamos abrazadas en uno de los bancos de madera, la música nos fue llevando hacia el mundo anterior, a nuestros principios cristianos, una paz nos envolvió.
Despertamos al atardecer, ateridas de frío, temblando y en nuestras manos apretadas, una llave, que correspondía a la puerta que cerramos al salir. Nos retiramos sin hablar y nunca comentamos lo sucedido en la casa helada. Nos acompañó la música del órgano.


viernes, 25 de septiembre de 2015

LA INFANCIA

Escritores Creativos Experimental de Malvín 

Stella Duarte

La infancia, que maravillosos recuerdos vienen a mí, mi barrio, cuadra con su árbol donde jugaban los varones a la bolita en la tierra que lo rodeaba. La puerta de mi casa con su escalón de mármol, donde las nenas nos sentábamos con las muñecas; les cambiábamos la ropa, cantábamos las nanas…

El zaguán, la puerta cancel con sus vidrios esmerilados. Ella era la que separaba el mundo privado que solo nosotros vivíamos. La seguridad del hogar. El patio con los parrales que se llenaban de uva en verano, las cuerdas de tender la ropa y los dos perros, Tony y Chula, que nos acompañaron toda la niñez.

Allí era donde más estábamos. Mis hermanos y yo la más chica, con alguna diablura que hacer. Mi hermano siempre fue el más imaginativo y al ser el mayor y varón, elegía los juegos.
¡Vamos a jugar a los indios y los cowboys! yo te ato al árbol como que te capturé…
Siempre la inocente de mi hermana, decía, ¡pero no me soltás después! y él la engañaba con su carita pícara, si, te juro que te suelto…hasta que mi hermana se ponía a gritar, y ahí venía mi mamá rezongando, y yo, encantada, riendo sin parar…

¡Todos a tomar la leche!.. no me acuerdo si nos lavábamos las manos.

Lo que sí quedó grabado en mí, la mesa con el mantel a cuadros, dulce de membrillo o manteca, mi madre cortando el pan y el olorcito del café con leche de fondo, mi abuela escuchando la radio y en sus manos el tejido a crochet…



domingo, 13 de septiembre de 2015

PERTENEZCO A UN GRUPO DE BAILARINAS

Escritores Creativos Experimental de Malvín.
Stella Duarte

Cuando bajó el telón, sentí un gran alivio. El estreno fue un éxito. Había esperado tanto que llegara ese día…
Los ensayos generales interminables, teniendo que vencer el sueño, el cansancio, el dolor en los músculos, los pies destrozados. Pero gracias a las píldoras milagrosas que traía Alicia, todo era un placer.

Cuando llegué a esta compañía fue diferente. Ahora todo es armonía, disfruto mucho y siento que voy a llegar a brillar en la danza como soñó mamá, después de tanto sacrificio para pagar mis clases y mis exámenes.

No siempre va a pasar igual, siendo la más débil, la relegada, ahora voy a ser fuerte y venceré -divagaba.

Pensé en llamar a Alicia, ella es una gran amiga. También compartimos el secreto con Sara y Ricardo. Siempre vamos a estar unidos, nos comprometimos a ello y vamos a ser los mejores, nadie nos va a superar.
Después de un día, después de la euforia y la fiesta, empecé a sentirme mal, nerviosa, sudorosa y no entendía por qué.

Alicia no contesta, recién tenemos ensayo en tres días, no puedo dormir, quiero comunicarme con Sara y Ricardo y no están, ¡qué puedo hacer, dios mío!

Decidí ir a la casa y esperarla, al rato de estar, la vi llegar, me saludó alegremente y me hizo pasar. Yo empecé preguntar por qué no me contestaba y le expliqué que no había podido dormir. Le pedí las píldoras mágicas como ella las llamaba. Me miró largamente y su voz cambió al decirme: son muy caras y hay que conseguirlas. Si las necesitás las vas a tener que pagar.

Empecé a suplicarle: Alicia, somos amigas, compañeras junto con Sara y Roberto, tenemos sueños de ser los mejores, además no me habías hablado de precio.

Pensé en mi pueblo, en mis padres, en la alegría del grupo. Entendí todo, por algo me las había dado, tiró el anzuelo y yo piqué.