Responsable: Mónica Marchesky

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viernes, 14 de noviembre de 2014

EL LUGAR EN DONDE ESCRIBO


Gitano, de camaleónica estampa, es mi mosca personal orbitándome en sus horas de soledad.
Ese es mi escritorio, mesa o rinconcito donde trabajo, escribo o creo. 
Hoy es un pueblo sin tierra, por eso su geografía se las debo, de tan difusa que es aún.
Su mejor version es un pedacito de la mesa de la cocina, la punta que mas da hacia la ventana, una silla de madera simple, un cuaderno con mucha "hoja en blanco", la vieja latita de coca-cola repleta de lápices y lapiceras (muchos de ellos que funcionan como quieren), un termo y un mate con su alfombra repasador para no armar lío, el insustituible dicccionario de mamá y la guitarra a mano, por las dudas...


Gustavo Oxehufwud

Integrante de Escritores Creativos 2014.

jueves, 22 de agosto de 2013

HAY ALGUIEN EN MI CAMA

ATENDIENDO A LA CONSIGNA DE: HAY ALGUIEN EN MI CAMA, VEMOS DISTINTAS VISIONES DE UNA MISMA SITUACIÓN.
 Debemos tener en cuenta que se dieron 10 minutos para elaborar el tema.




Ejercicio Hay alguien en  mi cama
En esta situación el personaje es sordo.    



Después de tantos encuentros y que no ocurriera nada, esta vez podía decir: ¡Hay alguien en mi cama!
Era triste no poder escuchar, claro que lo era, pero la música que ponían sus besos y sus caricias al resbalar por mi cuerpo, eran como una tibia lluvia de verano.
Le pedí que pusiera un pañuelo cubriendo mis ojos. Ahora, además de mi falta de audición, también me faltaría la posibilidad de ver.
Sentí que algo muy frío se escurría por mi vientre y dibujaba mis relieves, derritiéndose, a la vez que algo tibio viajaba por mi cuerpo, bebiendo lo que se fundía. Me vi urgida de quitarme el pañuelo pero no quería perder la oportunidad de jugar con mi sordera.
Exclamé un grito que no pude contener, por supuesto que nunca sabré como se sentía. Él me quitó el pañuelo y pude ver su cara de asombro.
Me habló con las manos y me dijo: - ¿Ese fue tu orgasmo?
No –le dije- me pellizcaste un pezón.

Patricia Bertacchi.





Ejercicio Hay alguien en  mi cama
En esta situación el personaje es un gato. 




Me di cuenta que había llegado la tía Eulalia, pues solamente ella podría ser la causante de tantos sinsabores.
Yo, como gato de la casa, siempre estuve acostumbrado a dormir mi siesta en la cama de mis patrones.
Justo de 14 a 16 horas, el sol suele entrar por el gran ventanal y se queda adormecido
sobre la colcha del dormitorio. Yo me suelo acurrucar plácido al calor y quedar dormido, casi petrificado, luego del radioteatro.
Debería decir solía quedarme... pues esta podrida de Eulalia no tuvo mejor idea que la de venir de visita con su perro "Fausto" que no solamente me odia sino que, conoce mis horarios.
Eran las 13 horas. mas o menos cuando "Fausto" tomó posesión de mi lecho y por supuesto, hizo cambiar mis planes abruptamente.
¡ Maldita la tía Eulalia !
¡ Maldito el perro Fausto !
¡ Maldita la siesta perdida !
¡ Malditos los que odian la Paz de los gatos !

 José David.



martes, 25 de junio de 2013

Me rasgo como la tierra


Tierra tan solo. Tierra
Es lo que dejaste en mis manos
y en mis uñas al hundirse en tu lodo.

Apretado te tengo en mis puños de crema
impidiendo que te marches de mi vida.

Un puñado de dolor cala mi tierra
esa tierra herrumbre donde posaste tus besos
besos que dormirían para siempre
enroscados en mi cuerpo y enraizados en mi alma.

Huye tierra entre mis dedos
donde se pierden tus caricias encrespadas
trayendo la brisa nuestro perfume de jazmines y rosas
confundidos en algodones pardos.

Me rasgo como la tierra
sucumbiendo en la potencia de tu nervio
entregada a la bravura que ha nacido para amarte
aunque quemen mis lamentos en el cielo
y los gemidos se dibujen en el prado.


Aún así te he perdonado.
Aún así te sigo amando.



Patricia Bertacchi

sábado, 23 de marzo de 2013

Soltaré el vestido







Patricia Bertacchi Pepe
Paysandú
Mención de Honor - Categoría Poesía
Obra: Soltaré el vestido
35° Certamen Literario "Dr. Manini Ríos"
Asociación de Escritores del Interior - AEDI






  

Soltaré el vestido

 

Soltaré el vestido que volará mis curvas

gota a gota

acariciará mi cuerpo el agua tibia bendecida

mientras la espuma buscará desnudar

aún más

mi piel irreverente

abriendo infinitos poros

intranquilos y atormentados por recibirlo.


Me envolverá la suavidad

del esponjado blanco de un toallón colgado

se deslizará en mis torneadas piernas

arrullando mi sangre dispersa

como esas manos

que estallan mis sentidos

cuando me viajan

elevando al cielo regado de soles de ocasos

la necesidad de mi apetencia.


Mi cabello suelto

y encendido

y rubio ensortijado

perfumado de mimados jazmines

y tenues vainillas

darán un marco perfecto

a la ventana de mi evidente rostro

cuando ilumine mis labios

acariciados de “rose dévètu” para esa boca.


Vestiré de emulsiones y aceites mi cuerpo

darán la sensación de humectados pétalos de rosas

para esos labios

como perfumes

y esencias

y aromas

y tersuras

que no perderán el rastro cierto

de mi impaciente refugio.


El mejor encaje negro se estampará en mi piel

para esos ojos verdes

antes del vestido rojo de diseño lujurioso

que he dispuesto para este encuentro.

El cierre en la espalda

lo subiré sin detenerme y sin mirarlo

con la ansiedad de que caiga

en mis pies de una buena vez.


Unas gotas de mi peregrina fragancia

rosas blancas y de oriente

en cada lugar de los que visitará su olfato voluptuoso

calzaré stilettos

y de paso decidido, firme y aguerrido

iré a su encuentro

para no volver siendo la misma mujer.








 
Patricia Bertacchi

sábado, 6 de octubre de 2012

Guión de Casa tomada

Estamos realizando un guión colectivo del cuento de Julio Cortázar "Casa tomada".
Se estám delineando las cuatro primeras secuencias, el toque fantástico estará presente y dominará casi todo el corto.
Es una experiencia positiva porque atendemos a todos los aspectos de la escritura: ambientación, personajes, anécdota, diálogos y técnicas creativas.
Mónica

jueves, 31 de mayo de 2012

Patricia Bertacchi

Jorge Luis Borges
(1899-1986)

Trabajo de taller basado en el cuento

Emma Zunz

Jorge Luis Borges

(1899-1986)



Reportaje a Emma Zunz





Buenos Aires, 14 de enero de 1974.

Periodista Santiago Viale Revetria



Accedimos a una entrevista con Emma Zunz.

Esta mujer de 70 años, nos ha permitido desentrañar una de las historias más oscuras de los crímenes por venganza.

Emma Zunz, durante el año 1922, con apenas 18 años de edad, se desempeñaba como obrera en la fábrica de tejidos Tarbuch & Lowenthal, propiedad de Aaron Lowenthal.

A raíz del suicidio de su padre con una fuerte dosis de veronal, se sucederán una serie de hechos que van a dejar a Emma tras las rejas por más de 20 años.

Así conversamos con ella.

-      Buenas tardes Emma.

-      Buenas tardes

-      ¿Qué recuerda de aquel día que le dieron la noticia del suicidio de su padre?

-      Regresaba de trabajar en la fábrica. Era el 14 de enero de 1922. Al entrar a mi casa encuentro una carta. Venía de Bagé y me informaba que mi padre se había auto eliminado con una dosis muy fuerte de veronal el día 3 de enero.  Eran unas pocas líneas borroneadas, firmadas por un amigo de pensión de mi padre, el Sr.Fein.

-      ¿Qué sintió Emma al recibir la noticia?

-      Me sentí con un malestar general. Con dolor en el vientre. Sentí culpa, miedo, frío. Intenté que esto no me pasara pero no podía evitar sentirme mal. Para mí esta era la peor noticia y lo único que me importaba. Recuerdo que lloré mucho y se venían imágenes de nuestros veranos en la chacra, cercana a Gualeguay, mi madre, nuestra casa en Lanús, cosas que hablaba con mi padre acerca del desfalco del cajero de la fábrica, que había sido Lowenthal. Era un secreto que guardé siempre.

-      ¿Cómo siguieron sus días Emma?

-      Recuerdo que aquella noche no dormí. Planificaba en mi mente todo el plan que luego llevaría a cabo. Al levantarme, las horas del día parecía que no pasaban. Hubo rumores de huelga pero yo siempre estuve contra la violencia. Salimos a la tarde con mi amiga Elsa Urstein para inscribirnos en un club que tenía gimnasio y pileta. Nunca fui afecta a los hombres, era algo como patológico por eso me inscribí en aquel gimnasio. No tenía contacto con ellos.

-      ¿Qué cenó aquella noche?

-      ¿Por qué me lo pregunta? Una sopa de tapioca y unas legumbres.

-      Se lo pregunto para situarla aún más en aquel momento

-      No preciso. Tengo todo muy claro. Esa noche cené muy temprano para irme a dormir. Me desperté inquieta el sábado. Leí en La Prensa la noticia de que el buque Nordstjarnan zarpaba esa noche y le hice una llamada a Lowenthal pidiéndole para verlo, pero sin que se enteraran mis compañeras. Le dije que quería hablarle sobre algo de la huelga. Recuerdo que a la hora de la siesta recapitulé el plan que había tramado. Me di cuenta que tenía la carta de Fein en mi cajón de la cómoda y la rompí. No quería dejar rastros, cabos sueltos.

-      ¿Qué hizo durante esa  noche, en su salida a los bares?

-      La noticia del buque que zarpaba a la noche, me dio la idea de buscar a esos hombres para llevar a cabo parte de mi plan. Salí a ver a algunos bares, como se manejaban las chicas. Luego de observar, me dirigí a otro bar en donde estaban los hombres del  Nordstjarnan. Era importante que se marcharan de la ciudad esos hombres, para que no hubieran pruebas de los que yo iba a hacer. Elegir uno de ellos, para entregar mi virginidad.

-      ¿Por qué sacrificó así Emma su virginidad?

-      Por mi padre. Por la venganza de su muerte. Fue horrible lo que sentí cuando tuve a aquel hombre encima de mí. Lo único que pensé es que yo servía para su goce y él era mi instrumento para la justicia. Recuerdo que mi pensamiento era acerca de lo que mi padre le había hecho a mi madre, lo mismo que me hizo ese desconocido a mí. Terminé asqueada y triste. Rompí el dinero que me había dejado este hombre. Me vestí y salí del lugar camino a la fábrica para encontrarme con Lowenthal.

-      ¿Cómo se sintió al llegar?

-      La tristeza se había convertido en fuerza y mi plan seguía claro. Lowenthal era un hombre avaro, tenía pasión por el dinero. Vivía en los altos de la fábrica, solo. Era miedoso de los ladrones. Tenía un perro muy grande y en el cajón del escritorio guardaba, un revólver.

-      ¿Cómo era físicamente?

-      Calvo, corpulento, barba rubia, usaba quevedos ahumados y luto. Era muy religioso y creía que el Señor le perdonaba su mala forma de obrar pagando con oraciones y devociones. Yo pensaba que era un instrumento de Dios para aplicar la Justicia y que por eso no iba a ser castigada.

-      ¿Qué ocurrió cuando se enfrentó a Lowenthal?

-      Sentí que el desgraciado debía pagar el ultraje padecido para vengar la muerte de mi padre. No quería perder tiempo. Hablé algunas cosas sobre la huelga dando nombres y mostré temor haciendo que Lowenthal fuera por un vaso de agua. Cuando regresó yo tenía su revólver en mis manos. Le disparé dos tiros y se desplomó mirándome a la cara con rabia y asombro. Me maldijo y mientras lo hacía le tiré otro tiro y le dije que había vengado la muerte de mi padre y que no me podrían culpar.

-      ¿La pudo escuchar?

-      Aún hoy no lo sé.

-      ¿Qué hizo luego?

-      Desordené el diván, desabroché su camisa, puse sus quevedos encima de un fichero y llamé a la policía diciéndoles que el Sr. Lowenthal me había llevado hasta su casa con la excusa de la huelga y había abusado de mí.

-      ¿Qué la incriminó ante la justicia Emma?

-      Los quevedos. Estaban salpicados de sangre. Se dieron cuenta que la escena del crimen había sido armada por mí.

Patricia Bertacchi