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miércoles, 22 de abril de 2015

DISPARADOR: "Estaba levantando los restos del desayuno, cuando..."

"Taller Escritores Creativos Palacio Salvo"

LA NOCHE CON ÉL

Celia Pierina Gola

El día se presentaba gris y ya eran casi las once cuando decidió salir de la cama. No estaba yendo a trabajar, su madre le había conseguido un certificado. Sabía que debía ir al médico, pero antes probaría a cambiar un poco su dieta.

Era mientras levantaba los restos del desayuno cuando se acordó de la noche con él. Había sido irresponsable al invitar a un desconocido a su casa, tan solo por el hecho de que su mirada le había atraído. Unos ojitos de un marrón profundo, con un marco tan poético como su manera de conversar. Lo deseaba, lo quería.

Fue pasión sexual al estado puro. Al cruzar la puerta un deseo de búsqueda incesante los gobernó. Ambos parecían en la creciente necesidad de encontrar algo en el otro. Besos sin direcciones, manos que cerraban extractos de piel marcándolos en profundidad, abrazos fundidos en un único ser. Aun sentía viva la excitación, esa adrenalina mezcla de deseo y goce, el temblor de él al llegar al clímax. Nunca había sentido tanto placer en una noche. Oleadas eléctricas la inundaban cada vez que tocaba la cima pero de cuidarse ni la sombra…


Se despertaba con el estómago revuelto y una sensación nauseante que le impedía probar bocado hasta mañana pasada. En el último mes, sobre siete mañanas cinco se había sentido así. Estaba completamente concentrada en sus pensamientos cuando el teléfono sonó. Dejó que la contestadora hiciera su trabajo y se sentó en el sillón…¡Estoy embarazada! 

martes, 21 de abril de 2015

DISPARADOR: Estaba levantando los restos del desayuno, cuando...

"Taller Escritores Creativos: Biblioteca Ernesto Herrera"

DESPUÉS DE MEDIANOCHE


Susana  Maly

Estaba  recogiendo los  restos del desayuno cuando escuchó ligeros y repetitivos rasguños en la puerta delantera.
Dejó las tazas en la cocina y con intriga se encaminó a abrir la puerta. Un grito ahogado salió de su garganta al ver los árboles, que hasta el día anterior rodeaban el pequeño terreno delantero de su casa,  en el zaguán y sus ramas al moverse con el viento, eran las que rasguñaban la puerta.

Le  pareció ver en sus troncos rugosos, ceños fruncidos, rasgos de enojo. Sus ramas se curvaban como brazos y manos deseosas de cerrarse  sobre el marco de la ventana y algunas se extendían ya para  tomar  el picaporte.

Con espanto cerró la puerta  con llave arrimando un sofá  contra ésta. Corrió a la puerta trasera escuchando un  ligero zumbido como si muchas voces se comunicaran.
Una  prisión en su propia casa ¿Cómo  escapar?  Las tejas  crujían y caían, sintió que le faltaba el aire y gritó hasta que despertó.

Saltó de la cama y rápidamente fue hasta la ventana, todo estaba en calma.  Los árboles se mecían  suavemente dejando caer algunas hojas amarillas.  

Suspiró sonriendo y  pensó: Esta  noche  no cenaré.

 

DISPARADOR: Estaba levantando los restos del desayuno, cuando..."

"Taller Escritores Creativos: Palacio Salvo"

VIERNES
Luisina González
  Los días viernes eran para Julia el milagro semanal. De lunes a jueves todo tenía sentido, porque existía el viernes.
  Había tenido una semana larga, tapada de papeles, trámites y demasiado trabajo, pero allí estaba él: el viernes.
  Ese día todo era mejor. Era un momento exaltante. No había apuros ni pretensiones. Incluso cuando las ciudades se replegaban ante la tarde de los viernes, preparándose para las fiestas nocturnas, eran las horas más agitadas y la ponían en alerta máxima de todos sus sentidos. Hasta solía verse más delgada los viernes.
  El aroma del río ese día también olía distinto, más distinguido, más dulce.
  En viernes, llegaba a su casa como de costumbre. Entraba a la cocina a paso lento y una sonrisa sostenida. Era ese el momento, mientras estaba levantando los restos del desayuno, cuando Julia comenzaba a vivir la inmensidad de ese día, a acariciar el tiempo que parecía correr más lento.
  Se despertaba pensando que al siguiente podría dormir sin escuchar alarmas.    
Eso la hacía feliz.
  Julia era una persona solitaria. Amaba los quehaceres domésticos y le apasionaba la decoración de su casa.
  Caía la tarde y se dispuso a escribir.  Se instaló como siempre en el sillón ubicado estratégicamente cerca de la ventana que daba al patio. Acomodó todo a su alrededor, no podía concentrarse si había siquiera un objeto fuera de lugar. Preparó un trago para beber, acercó los cigarrillos, tomó su cuaderno y su bolígrafo.
  Y allí estaba, como si hubiera estado en el mismo sitio por siglos.
  Para ella existía durante el acto de escribir, un momento intenso y plácido, en el que las ideas se trascendían a sí mismas. Ese momento en que no interactúan las palabras escritas, donde el pensamiento se eleva a lo más alto. Julia alzó la vista y con los ojos bien abiertos que no veían sin embargo nada del exterior, la fijó en algún punto impreciso, hasta rebalsar su mente de historias sin sentido y palabras inconexas.   Pero esta vez no fue alegría ni placer lo que sintió, sino un vacío.
  Cada vez que volvía en sí, dispuesta a escribir, solo se asomaba alguna frase de un tema sin importancia, pero no lograban formar una historia entre sí.
  A Julia no le gustaba esa sensación de hoja en blanco.  
Tomó un trago, y lanzó una mueca de disconformidad. ¿Cómo podía ser que durante el día se le ocurrieran tantas historias maravillosas para escribir, una mejor que otra y ahora estuviese allí: ausente?
  Estuvo así, durante unas horas.
  El ambiente ya olía a humo y la perturbaba más de lo normal.
 -Este tampoco es mi momento- volvió a decir, como tantas otras veces.
   
  El timbre del celular la dispersó por completo. No solía sentarse a escribir con el teléfono encendido, pero ese día lo olvidó.
  Era Ana, su compañera de trabajo que la invitaba a tomar algo porque “es una noche de viernes divina” le habría escrito.
 Lo dudó. Le pareció una falta de respeto a aquel viernes negarse a salir. Y después de todo, quizá, le haría bien a su inspiración.
  Era un bar irlandés. De esos que abundan en ciudades como Buenos Aires.
  Julia no era una gran observadora, sin embargo le pareció que no había dos personas allí que hablaran el mismo idioma. Gente diversa y música exótica desfilaban por el lugar.   Le resultó divertido, y se relajó.
  Indiferentes a lo que sucedía a su alrededor, hablaron durante horas de su viaje a Europa. Ana le dio unos cuantos consejos útiles al respecto.
  Los sonidos se fueron dispersando y se alejaron tanto, que pronto ambas notaron que los mozos eran las únicas personas que hablaban español. Habían bebido cerveza artesanal, y dos tragos de la casa. Comenzaron a reírse a medida que Ana iba explicando su punto de vista con respecto a la cantidad de mozos del lugar, las habían atendido no menos de cuatro, a razón de uno por pedido.
  A decir verdad, eran casi las 3 a.m. y prácticamente hasta el silencio las hacia reír.
  Decidieron reservar un taxi para volver. Consultaron si podrían abonar la cuenta en dólares. “Mozo número dos”, apodo que se había ganado, demoró una eternidad en regresar. “mozos uno, tres y cuatro” ya habían hecho su desaparición. La dosis moderada de alcohol que habían tomado, comenzaba  a producirles efecto, manifestándose en una euforia poco usual.
  La calle estaba solitaria.
  Pagaron la cuenta y Julia notó que el mozo fumaba mirando hacia la esquina. Era seguro que solo él prestaba atención a aquella escena.
  Todos los demás negocios habían cerrado. El mozo seguía inmóvil, analizando la escena.
  En cuestión de segundos, la calle se iluminó de un modo que parecía cualquier hora de una tarde soleada. La música comenzó a sonar nuevamente, los extranjeros que estaban en el bar unas horas antes, invadieron el lugar multiplicándose. Había luces de todos los colores, tan potentes que lastimaban los ojos.
Ana y Julia, desconcertadas, atinaron apenas a levantarse de la mesa cuando fueron sorprendidas por los mozos uno, tres y cuatro que estaban junto a ellas nuevamente como por arte de magia.
  Desde la esquina se oyó un grito de victoria… ¡Toma final, grabando!
  La publicidad de Coca-Cola había sido un éxito total.
  A Julia le resulto divertida su historia acerca de la atípica noche de viernes.
  Y por fin, escribió.



domingo, 19 de abril de 2015

DISPARADOR: Estaba levantando los restos del desayuno, cuando...

Taller 15/4/2015

"Taller Escritores Creativos: Biblioteca Ernesto Herrera"


EL DUELO                        
Myriam Gesto

Estaba levantando los restos del desayuno cuando vi la tarántula en el techo que me miraba fijo. Me quedé mirándola, paralizada, no respiraba. Mi mente se anuló. El único de mis sentidos que quedó en función fue el de la vista.
Pensé .¿Qué hago ahora? ¿Grito?, estaba sola, quién iba a venir.¿Le daré con la escoba?, pero el arácnido tenía su cabeza horrible como levantada y se le veían  varios ojos mirándome.

Alguien me había dicho alguna vez que si no le das un golpe directo, seco, te saltan. Entonces dudé si con la escoba yo pudiera llegar al techo, donde ella estaba.Nunca había visto una, pero sus ojos, para su tamaño eran gigantes, y parecían varios.No podía tragar saliva. Caminé un poco hacia atrás y ella quedó quieta.Fui a buscar la escalera a la terraza, siempre caminando para atrás y sin perdernos de vista. Era un duelo visual.

Puse la escalera, subí un escalón, pero cada vez nuestras caras se acercaban y yo estaba entrando en pánico. No sentía si tenía muchas palpitaciones o si mi corazón había quedado en receso. Sólo sentía mi cuerpo enfriarse cada vez más.

Lo único que me pasaba por la mente era “ella o yo”. Agarré la escoba, sólo torcí los ojos un segundo para ver bien el extremo del arma homicida. Apliqué toda mi fuerza y di un golpe.Saltó en menos de un segundo sobre la mesa de la cocina, y continuó mirándome.

Me tiré de la escalera,  ella se asustó de mi acción, porque volvió a saltar y no la vi más.No me animaba a moverme, pero debía hacer algo. Encontré un spray mata polillas y pensé que tal vez eso la mataría.

Moví todos los muebles echando el veneno por todos lados. Tanto que casi la intoxicada resulté yo.No apareció más. Me di por vencida.
Al día siguiente, cuando estaba levantando los restos del desayuno ahí estaba la araña otra vez batiéndome a duelo.
                                                                                  

domingo, 21 de diciembre de 2014

Seven Trailer (Subtitulos en Español)

SEVEN

                                                                                     


Siete pecados capitales
 Gustavo oxehufwud

LUJURIA

Lujuria salió ese día como siempre. El color que llevaba reventaba los ojos  del más prevenido. ¡Qué andar¡, era imposible ignorar ese llevar, parecía desarmarse con tanto cadereo promiscuo.
-A cazar Lujuria, se decía dándose ánimo;  con su hipnótica lengua de serpiente saliendo y entrando, con ojos de fuego quemando nobles corazones,  con sus caricias bebe (de lo que esconden), con su palabras falo y sus voluptuoso silencio. 
Amores perdidos, familias destrozadas, pérdidas de trabajo, quiebres financieros; eran algunas de su bendiciones.
Lujuria que tiene la cara de todos y no se parece a nadie,  esa mañana cayó en la tentación y se metió en tierras enemigas. Tomó el camino del medio, y quedó de frente a uno que estaba crucificado como ofrenda, pensó. Esa desnudez no era igual a las otras que le aceleraban las palpitaciones, vió que había un altar, miró a su alrededor, miró hacia arriba también y dijo: -¡qué obsceno!


GULA

Es imposible parar, es como estar poseído por el mundo.
Devoro todo lo que llega o soy devorado, no sé, pero también robo de guante blanco con la coartada de una nueva belleza que no es otra cosa que mis fueros.
Soy rabdomante de la palabra, mi lapicera y mi pequeña libreta son mi orqueta, envío sondas a excavar mundos paronímicos de ahí vienen mis personajes, exhumo el homónimo que por cada palabra habita en el silencio, y el sinónimo y el antónimo se me vuelven perfume y sudor de cada palabra sin saber cual es cual, y cuando, aunque no creo en ninguno de ellos.
Hay olor a palabra, es la hora de comer y que importa que sea a deshora, ingerir para crear siempre da hambre aunque más no sea para saciar el regurgite. Y para que la palabra hable lo quiero todo bailando en mi base de datos de carne y hueso:  el chistido del mate en infusión meditativa, el tac de un nuevo enter, el sonar del pizarrón con el menú del día martes al mediodía contra el suelo porque el viento manda, el sinsabor de un domingo a las seis de la tarde, aunque me vuelva caníbal conmigo.


IRA

Instrumento musical agridulce con forma de corazón. Tañir la ira significa traer cosas pasadas al presente y vestirlas del futuro.
En un pueblo llamado “Olvido”, que existió antes del gran diluvio, la gente se reunía cada tanto en la plaza principal a escuchar a los tocadores de Ira. Aquella humanidad disfrutaba de tan enérgicas ejecuciones donde descubrían las causas de sus males que rápidamente volvían a olvidar.
Asimilados a historiadores aquellos músicos eran sospechados de jamás alcanzar el sueño debido a que habían efectuado pactos con entidades maléficas, sobretodo con el demonio de la consciencia.


PEREZA

Tengo pereza. Me cuestan mucho algunas cosas, y creo que será perjudicial en algún momento de mi vida. Tengo pereza para quedarme a dormir y perderme la mañana, ese rayo verde que no encuentro todavía pero dicen que existe y que algunos si lo vieron, entre ellos los pájaros que se niegan a dar testimonio.
Me dá mucha fiaca acostarme temprano y rifarme los encantos de la noche cuando la musa que siempre es la misma se desnuda por otra punta. Soy un perezoso empedernido lo reconozco, no puedo engancharme con ninguna telenovela, porque sigo corriendo detrás de una pelota dos o tres veces a la semana.
No puedo quedarme a durar mejor seguir arriesgando día a día a contrapelo del mundo si es necesario, prefiero la comodidad de aprender cosas nuevas y la seguridad de los cambios radicales.
Ser tan perezoso hizo que colgara de mis sábanas la depresión y me fuera al laburo con el sabor del día gris en un paisaje soleado, aunque estoy pensando que cuando está pereza se vaya la vida será un castigo.

ENVIDIA

Envidia estaba acostada sobre una enorme piedra roja, esperando tal vez un beso que la despertara, porque había nacido así, sin vigilia en el cuerpo.
El colectivo la ignoraba, era tal la desidia que parecían no verla, como si no estuviera, como si la razón de su existencia fuera prescindir de ella.
Pelaban frutos, cortaban ramas, recogían leña para mantener el fuego que desde apenas dos o tres generaciones habían aprendido a manejar, sus manos ya no estaban dormidas. A su habilidad para trepar árboles y lograr buenos atalayas, le sumaron una cierta maleabilidad de la naturaleza con la cual vengaron tantos años de pasividad ante el accionar de las fieras que ahora mantenían a raya.
Así la torpeza original vino a ser sustituida, así fuimos abandonando los árboles y salimos de la zona roja de la extinción.
Con el día venía la preocupación del alimento, y que los más pequeños, mujeres y ancianos comieran primero, el refugio para congregarse también era una necesidad y recrearse en el juego de la persecución era otra de las necesidades.
El cielo había rugido y la noche se desasía en agua, alguien del grupo  se quejaba sin parar lo cual perturbaba el sueño de primero.
Era una hembra, vieja y que estaba en el final de su existencia. Se acercó con los ojos inyectos en rabia como para hacerla callar de un gruñido y hasta de un golpe  si era necesario. Al verla algo lo precipitó a cambiar el ánimo, su odió lo cambió por algo que no podía explicar pero se movía y crecía es su interior. Tuvo un sentimiento de cercanía con ese ser, le tomó la mano y la puso en su rostro, los se le habían  nublado de humedad.
Esa noche dejó de la cueva para enterrarla en el amar no sin antes percatarse de que había una piedra roja enorme en la entrada, y pensó en destruirla al volver.


SOBERBIA

Detrás de los espejos hay un mundo que late, que camina y sueña. En Sobervia todos le hacen honor al significado del nombre de su pueblo. Este Kurdistán del reflejo, que aún no está en el mapa ha vivido por siempre a la sombra de la humanidad. En una sociedad donde todos son soberbios la soberbia no puede existir. Presumir no tiene sentido, uno se repite.
Fue así que nos han manipulado desde siempre haciéndonos creer que lo que veíamos era la realidad, subjetiva, fuera de todo entusiasmo o desazón. De ahí esa posibilidad de sentirse dios, los hizo soberbios a través de nosotros dado que en su tierra nunca fueron profetas.

AVARICIA

Avaricia fue su madre. El avaro es un viejo con cara de niño sobre una montaña llamada soledad.
Y hasta ahí, no quiero dar……., digo, no tengo más nada que decir.