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lunes, 8 de junio de 2015

DISPARADOR: Estaba levantando los restos del desayuno, cuando...

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera


Águeda Gondolveu

Estaba levantando los restos del desayuno cuando el cristal de la ventana se hizo añicos cayendo a mis pies. ¿Quién podría haber arrojado una piedra? Me puse un abrigo sobre el pijama y con gran cautela salí al exterior. No vi a nadie ¿Será un accidente? No podrás creer que alguien tuviera interés en lastimarnos.

Hacía poco habíamos llegado al barrio, mi esposo, un abogado criminalista, mi hijo adolescente y yo.
La casa estaba en silencio, Jorge mi esposo había ido a su despacho y Javier al instituto donde cursaba sus estudios. Al acercarme a la casa vecina advertí que algo estaba ocurriendo los gritos de un hombre, los sollozos de una mujer y el llanto de una niña, me alertaron de lo que pasaba. La violencia de hacía sentir claramente y en ese caso, aparte de las víctimas de la ira de ese hombre, involuntariamente yo había sido involucrada.

Afortunadamente sólo tuve que lamentar la sustitución de un vidrio, pero ¿Esa familia cómo podía salir de ella? ¿Qué hacer? ¿Acudiré a la Policía? ¿Me lavo las manos como si nada hubiera ocurrido?

No debería tomar partido y así lo hice.
Con mi intervención, lamentablemente no lograría que las cosas tomaran un rumbo normal, pero debía intentarlo.
Al tratar de entablar un diálogo me di cuenta que nada podría hacer. Generalmente este tipo de cosas no son denunciadas por quienes las padecen y el infierno se desataría en esa casa una y mil veces más.

Di media vuelta y regresé, no podía alejar esa escena de mi memoria y calladamente agradecí la seguridad de mi hogar, basado en el respeto y en el amor.


SECCIÓN: CARTAS DE AMOR

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
María Cristina Bossio
Leerdam, 27 de mayo, 2015
Querida Silvia

¿Te acuerdas cuando nos conocimos por Internet? Fue en aquel foro sobre los Guns and Roses. Un día que recordaré por siempre. Chateando empezamos una linda amistad que poco a poco sentimos como se fue transformando en cariño verdadero.

Tú estabas en la universidad y yo estaba trabajando en un astillero en Amsterdam. Un día, me levanté con un propósito determinado, sentado como estaba en la computadora reservé un pasaje para Sudamérica, para conocerte personalmente. En el fondo me sentía asustado, nunca había salido de mi País.

Llegué un frío día invernal  y con un “Nice to meet you”, me presenté a tus padres y hermanos que me estaban esperando en tu casa. Recuerdo que me daban la bienvenida queriendo abrazarme, como es la costumbre allá. Yo en cambio, me conduje parco, manteniendo la distancia, porque no me gusta que me toquen. Con el tiempo conocí el mate, esa infusión que se sirve en calabaza y se toma con bombilla, y se pasa de boca en boca. Jamás lo probé. Sin embargo, me gustó muchísimo la cocina uruguaya, la pasta rellena de tu mamá y el asado con papas y…sweet potatoes o boniatos como le llaman ustedes. En poco tiempo me hice ciudadano legal. Ahora podía trabajar. Era tu madre la que me acompañaba a las entrevistas de trabajo y con un perfecto spanglish nos hacíamos entender. Tenía que aprender un nuevo idioma, me dije.

Sin querer empezaron los problemas. El jornal que yo ganaba no me permitía mandarles dinero a mis padres, dependían de mí. Por lo que decidimos volver a Holanda juntos a probar suerte. Allí empezaron los contratiempos. Podías quedarte con visa de turista sólo por tres meses, luego debías salir del País y volver a entrar. 

No conseguí la visa de residencia para ti. Vivíamos en la casa de mis padres, o sea que la situación era la misma que en Uruguay. En mi trabajo me despedían cada tres meses, en el período de prueba para no pagarme el despido, y si bien nos manejábamos con el subsidio estatal, no nos daba suficiente estabilidad económica para hacer planes de futuro. These ups and downs were the worst for our relationship. 

No obstante, contigo conocí los museos de mi País, el Rijksmuseum en Amsterdam con cuadros de Rubens, Van Gogh o Vermeer, el Museum Rembrandt, que no conocía a pesar de tenerlos tan cerca.


En el fondo no queríamos separarnos, pero decidimos volver cada uno a su País y seguir carteando a través de Internet. Fue una decisión equivocada, poco a poco nuestros sentimientos se fueron debilitando, nos sentimos fracasados por no haber podido hacer realidad nuestro sueño. 
Yo no fui capaz de retenerte a mi lado, soy el único culpable de nuestra separación, no fui capaz de encarar el problema económico con la suficiente madurez. Tenía claro de que yo quería casarme contigo y no supe como sortearlos con inteligencia.

Esta carta es una carta de despedida, no llores por mí. Estoy seguro que conocerás a otra persona a quien puedas querer y que te de la estabilidad económica que yo no pude darte.

Adiós mi Princesa, mi querida y encantadora Silvia.

Tuyo por siempre

Cornelis

PROSA POÉTICA

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Del Amor Romántico

Rosa Cimbler
Mi amor azul
Mi hermosa dama que enciendes mis sentidos.
De tu belleza enceguecí con fuerza prendado.
Eres luz que guía mi camino
De tus blancas manos, soy fiel enamorado.
Tu azul mirada, me hace sentir privilegiado
Tus tiernos ojos, logran enternecer mi corazón
¡Oh, dulce amor! Llegarás a saber un día
Qué poder ejerces en mi emoción.
Soy yo, este soldado rebosante de amor que te implora sin consuelo
Repara en mi presencia, atiende mi dolor.
Serás Reina y señora

Y yo, esclavo de mi ardor.

SECCIÓN: CARTAS DE AMOR

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
AL Mar
Brasil
Brasilia D/F
27 de Mayo de 1985

Querido mío

Quiero que tomes en cuenta que esta será la última carta que recibirás de mí. Cuando aquel día entraste a la oficina, no sospechaba que eso sería un comienzo.
El salón estaba casi desierto y decidí intervenir.

         -¿Puedo ayudarlo?, están todos en una reunión. Me miraste  y se formó en  tus labios una sonrisa de aprobación…¿Recuerdas? Me lo agradeciste diciendo que tenías que hablar con el Gerente y que volverías. Tus ojos brillaban, no dejabas de mirarme.
Volviste si, vaya que volviste. Tus visitas con la carpeta azul se hicieron asiduas como también se hicieron cada vez más cálidas tus miradas.

Te lo pido nuevamente, no me escribas más.

Al principio nada perturbó mi pacífica existencia. Fuiste persistente y comencé a pensar que contigo iba a comprender el significado de la palabra amor.
Aquel día frío y lluvioso llegaste a la misma hora. No hablaste con el Gerente, en cambio, me ofreciste llevarme a casa. Tenía que suceder.

         Días después cuando atendí el llamado a la puerta de calle y te vi ahí, parado en el porche con tu bondadosa sonrisa, quedé paralizada.

Luego, tus cálidas palabras: -“Vengo a hacer contacto con tus padres, los quiero conocer”. Estas flores son para tu madre. Supongo que captaste que no pude emitir sonido alguno. Era muy notorio que mis padres no estaban al tanto de la situación. En tu forma tan natural de ser, simplemente pasaste sin que te lo pidiera.

Esa forma de ser tan tuya, hizo que ellos te aceptaran en una forma casi espontánea.
         -Es un amigo –dije.

Te lo repito, no quiero saber más de ti.

Esperaba tus cartas con alegría, con ansiedad. Querías llevarme contigo a un lugar muy lejano. Mi pensamiento no cubría para nada lo que pudieran pensar mis padres, mi familia, al alejarme de ellos.

Eran los proyectos que tenías para tu futuro, en el que me incluías, aún sin decírmelo desde un principio.

Cierto día se apoderó de mí un sentimiento de aventura y viajé a verte. Al llegar me sentí afortunada. Nadie me había esperado con tanto anhelo. Te lo digo, querido mío, no supe si se posesionó de mí el amor o un sentimiento de liberación.
Fue en el segundo viaje. Cuando llegué, te comenté que mi familia parecía aceptar la situación no sin cierta tristeza. Estabas algo serio desde que salimos del aeropuerto. Al llegar comentaste.

-Amor, ella va a venir. Quiere saber cómo estoy. Voy a tratar de que se vuelva cuanto antes…
         Sólo tú sabrás si mi semblante cambió. Yo sí sé que mi interior soportó sin palabras mi enojo una enorme presión. En ese momento crucial de nuestras vidas, fuiste el arquero que disparó el dardo, dando en el lugar certero.
-¡No!, no te culpes, el dardo no era venenoso. Sé positivamente que tus sentimientos eras reales. No solo eso, me impulsaste al verdadero gran amor.

Guardo bajo llave tus cartas, las numero, las protejo de miradas indiscretas en una cajita de madera labrada con un corazón.

Ese corazón es el mío y ni la caja ni él, admiten una sola línea más.

         Siempre voy a estar agradecida. La primera experiencia no siempre es positiva y sabrás que la guardo y te guardo en un lugar muy importante de mi corazón.
Nuestros caminos ya no se unen y aun así, esto es un hasta siempre.

Almar


domingo, 7 de junio de 2015

EL ARBOLITO

CAJA DE IDEAS. Asociación de imagen con frase aplicando marcadores
Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera

Al Mar
La quinta exhalaba fragancias. Hasta los macachines le sonreían al sol.
Solo dos árboles se erguía añejos y fuertes e ella. El ciruelo con ciruelas blancas y el manzano que en la época de la maduración dejaba caer su última joya de una pequeña producción sin siquiera madurar.

Aparte, junto al almácigo de perejil se destacaba por su delicadeza en el rosado un altivo duraznero.

En el fondo, se sentía el más joven. Orgulloso de su colorido y juventud, dejaba que el viento acariciara sus pétalos y pistilos en suave ondulación.

En cualquier caso, Don Pascualino se encargaba con esmero de los tres con la misma perseverancia, sulfatando, podando y recogiendo el producto de la fecundación. Don Pascualino se había dedicado a la tierra desde muy joven, era su mayor pasión. Trabajó como peón en las cosechas, luego pasó a jornalero y después de años pasó a ser efectivo en la estancia de los Amoretto.

De igual modo, este corso y su familia; esposa, dos hijos y Labrador, el perro, se dedicaban al cultivo de la tierra, dejando pastar a tres ovejas para mantener el pasto a una altura considerable.

De hecho, depositaron toda la confianza en este hombre que con sus ochenta años, cumplía la labor con alegre dedicación. De lejos se le escuchaba silbar, costumbre muy común en su generación.
Sin embargo algo empañaba la tranquilidad del buen samaritano. Una de las ovejas se acercaba al duraznero golpeando contra él su inmenso lanar. El arbolito era el orgullo del hombre de campo. Él lo había plantado, regado y abonado.

Es decir que se sentía al padre del arbolito. Mejor aún, era orgullo con orgullo. Don Pascualino no sentía ninguna simpatía con el proceder del animal y con el tiempo le fue tomando encono. Cuando no silbaba, se sabía que el merino se iba acercando al duraznero, indefenso al ataque.

Además, este estaba en esa primavera en todo su esplendor. Algo en la mente del padre del arbolito se iba iniciando. Un día encaró al italiano y con su carácter no siempre demostrado dijo: -“Mire patrón”, me gustaría que se deshaga de las ovejas. Andan dejando por todo el campo unas bolitas negras que ya no tengo ganas de juntar. Me cuesta estar agachado. Las junto cuando y cuando me doy vuelta, ahí están otra vez como aparecidas de la nada. Estas ovejas parecen tomarle el pelo a uno y yo ya tengo mis años. En realidad, merezco más respeto.

Don Luis Amoretto quedó bastante confundido, apreciaba mucho al agricultor pero no obstante, quedó sin respuesta.
-En algunos días le contesto –dijo- y partió raudo hacia el caserío. En dos días llegó la respuesta.

-Pues bien, ya que las ovejas le juegan una mala pasada, he decidido juntarlas en un corral. Cuando el pasto esté crecido, usted va a elegir una de ellas para cortarlo. La va a llevar atada con una soga al cuello. Cuando note que ya se alimentó lo suficiente, va a hacer lo mismo con las otras dos. Satisfecho con la respuesta se aprestó a seguir las nuevas directivas, incluso con más bríos.

Así fue como Don Pascualino y el duraznero siguieron erguidos y orgullosos el uno del otro por mucho tiempo y el labrador ya no dejó de silbar.



sábado, 6 de junio de 2015

VENENO

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera

Susana Maly

Bajo la cordura de mis sueños
Aún me duele
Caminé piedras agudas

Y no dolieron más
Que una puerta cerrada
A tus espaldas

La puerta que golpeó mi rostro
Como el granizo golpea la ventana
Aún me duele
Y mastico y trago amargo
Las ganas de llamarte
Y es mentira… no hay orgullo

Solo hay brazos caídos
Y cama vacía
Y querer arrastrarse pidiendo que vuelvas
Y para que… si el trago de veneno

Ya me consumió

martes, 2 de junio de 2015

¿POR QUÉ TRAES UNA OLLA EN LA CABEZA?

Juego en red de Escritores Creativos Palacio Salvo
Integrantes:
Gustavo oxehufwud
Borja González
Luisina González

Habrá que cubrirse bien Don Aldonzo Lorenzo, replicó su voz dándose ánimo a él mismo en la soledad de la pieza, que sólo él habitaba. Cucharón en mano, olla a la cabeza, colador gigante atado al pecho, dos platos pequeños de metal uno en cada codo, y calzoncillos al viento con las pantuflas deshechas, de tanta batalla liberada, enfiló por la puerta de entrada, saludando a todo el mundo, y salió a Millán como si nada.
Y sacándose la olla de la cabeza para saludar a la amable audiencia que esperaba en la parada, dijo: -lindo día para cazar dragones.

  Doña Euclides Partisiana fumaba un pitillo apoyando la espalda en el tubo de metal que sostenía el voladizo de la parada de ómnibus, cuando advirtió que sobre Millán Don Aldonzo Lorenzo se quitaba la olla de la cabeza y exclamaba su ilusión de cazar dragones. Era la primera vez que se cruzaban, Euclides se acercó a Aldonzo y muy pausadamente le dijo:

- Señor, creo que se ha equivocado de barrio, aquí no hay dragones.
Don Aldonzo observó a Doña Euclides achinando los ojos, cómo quien mira a las doce del mediodía al sol en un día despejado, y le dijo:
- ¿Es usted la señorita Euclides Partisiana?
- Si, pero yo no….

- Usted sabe que van a venir - Alcanzó a responderle; cuando una enorme estela luminosa, rojiza, e intermitente, acompañada de música y un fuerte aroma a lluvia, pasó flotando frente a sus cabezas. De la parte superior de aquella luz se desprendían unos alborotados fuegos artificiales a poca altura. De la parte inferior, un arcoíris de color predominantemente magenta cayo allá abajo en la avenida, que modificó el paisaje, sorprendiendo a los transeúntes.
Todos volvieron la mirada hacia atrás.

Don Aldonzo vio que la mujer estaba a lomo de un animal y entendió que era la que había dado la orden.
Entreabrió los ojos, y observo que una patrulla policial liderada por un francés, lo estaba buscando