Responsable: Mónica Marchesky

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sábado, 19 de septiembre de 2015

LETICIA

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Pilar Leivas

Esa voz, gutual, diciendo, más que cantando…Leticia, sí, acentuada en la a ¿Te acordás?
Era Alain Delon, sí, yo era una gurisa, igual que vos ¿Qué tendríamos? Catorce, quince, no más ¿Te acordás que juntábamos plata y nos compramos el disco? Lo escuchábamos medio a escondidas, por las desvergüenzas que nos provocaba.

Era algo íntimo, excitante. Su voz nos acariciaba, nos hablaba en un lenguaje único, nos erizaba la piel. Imaginábamos su abrazo, su aliento tibio en nuestro cuello, penetrando hasta lo más hondo de nosotras.
Voz provocadora de desconocidos placeres…
Por algo dicen que el francés es el idioma del amor.


El otro día la “Googlié” y la escuché…y que querés que te diga…¡todavía me puede!

COLORES, SABORES Y FORMAS

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera


María Cristina Bossio

Aquel día cuando toqué el timbre de su puerta, sentí que emanaba un perfume encantador. Abrió su puerta y me condujo al living comedor, como si fuera una reina. Allí había una mesa servida para una cena especial. No faltaba un solo detalle. Un ramo de rosas rojas parecía sonreírme desde el jarrón, las velas encendidas daban un toque de magia al momento.

Observé los platos preparados, la ensalada Waldorf con manzanas, yogurt, nuez, apio y mayonesa, otra ensalada fantasía con repollo cortado en juliana como finos dedos con cuadraditos de jamón cortado finamente. Más allá se confundían traviesamente los colores del pimiento con el tomate y roquefort. La infaltable pasta a la boloñesa que tanto me gustaba. Y a los postres nos esperaba el ananá con cerezas y el omelette Surprise que él diestramente puso en el plato para que lo pudiera degustar.


Eran platos sencillos, pero hechos con amor; se abrieron todos mis sentidos y fuimos eligiendo las porciones amorosamente. Nos acompañaba la música de Chopin para redondear este encuentro tan especial. Al terminar, caminamos lentamente al dormitorio para poner el broche final a esta fiesta de los sentidos de puro erotismo.

viernes, 18 de septiembre de 2015

EL VIOLÍN

Escritores Creativos Palacio Salvo
Gustavo Oxehufwud


Hay un viejo violín hamacando con su inmovilidad la habitación que pendulea entre seguir postrada en pose de silencio y colorearse con el sabor del sonido nuevo.

Esa madera encordada en posición de espera ha sido corroborada por vecinos pasajeros de la ventana, cuando la tensión soltó algún quejido.

¿Hace cuánto que estás ahí? viejo violín, ¿quién te rodeó de ladrillos?

BATANGA O LA FÁBRICA DE NUBES

Escritores Creativos Experimental de Malvin

Disparador  recuerda la historia de Caperucita Roja paso a paso. En el momento que escojas continúa la historia con acciones diferentes a las conocidas

 Ruth Paseyro

 Antes de visitar a su abuela Olivia decidió ir a la plaza para ver a Meir. Mientras corría cuidaba de que su canasta no se volcara. Los dulces que contenía debían llegar intactos a destino.
Las casas pasaban raudas mientras, una vez más, el ovillo de la historia de Meir  se desenrollaba como un sueño.
En primavera  las caricias del sol lo traían.

Cada vez que Meir aparecía en la plaza, los plátanos hacían explotar sus yemas: las tiernas hojas se asomaban a mirarlo y le prometían protección. Como yuyo en tierra pródiga, Meir aparecía de un sol para otro, en la esquina norte. El cilindro giratorio celeste y decorado con nubes era estacionado al pie del plátano más viejo. Allí, haciendo girar un vástago de madera dentro de aquel tabor que nunca se mareaba, fabricaba sus nubes y ovillaba los hilos de azúcar coloridos como sueños,  leves como ángeles y pegajosos como la envidia.

En primavera  y  en verano, los árboles se transformaban en manos de dedos gigantes que parecían invitar a los niños a que hundieran sus bocas en aquel algodón muy dulce y saborearan una historia fantástica.
Débora era la que pintaba y colocaba sobre el tinglado el cartel que decía: Se venden nubes. Ella, a diferencia de su esposo, había conservado la cordura después de aquella noche de la primavera de 1942, cuando el horror los despertó mientras todavía estaban entre dos sueños. Sus hijos ─David, Sara y Rachel─ desaparecieron tragados por la escalera y empujados  por las bayonetas de unas sombras uniformadas. Después de la requisa de la casa ellos fueron metidos junto con los otros vecinos en un camión que los desembarcó en un infierno sin llamas.

  Meir perdió para siempre el sentido de la realidad, y un día decidió preñar a las nubes que pasaban por la ventana del barracón con mensajes soñados para sus hijos. Muchas hambres los mordieron y muchos miedos los apuñalaron, pero David, Sara y Rachel quedaron cristalizados en sus tres, cinco y seis años.
Apenas alboreaba la primavera Meir se instalaba en la esquina acariciada por los plátanos. Al ver  llegar a cada cliente elegía el color de la nube que le iba a vender y la historia que la acompañaría. Después embarazaba el tacho giratorio con el azúcar y lo ayudaba a parir una nueva ilusión.
Los niños miraban pacientes a aquel viejo de larga barba gris que movía sus labios mudos. De vez en cuando, la indiscreta tela de la camisa le dejaba al descubierto los números escarbados en la piel del brazo izquierdo.

El nacimiento de aquellas golosinas que solamente podían descifrarse con lengüetazos-mordiscos era la batanga que le permitía al viejo navegar la vida contactado con sus hijos. Débora lo aceptaba. Cuando comenzaran los primeros vientos fríos del otoño lo acompañaría a Eilat, donde pasarían otra primavera-verano fabricando nubes.
Cascada detenida por la roca Olivia desembocó en la plaza y no lo vio.  Repuesta del aturdimiento enfiló hacia el guardián que embalsamado en su traje gris la sorprendió con su mirada.

-Una tarde del último verano  los clientes fueron muchos y por   primera vez a Meir  se le vio fatigado. Cerró los ojos, se recostó sobre el añoso tronco del  plátano y entonces apareció una nube gorda y densa, llena de cenizas, que lo envolvió y se lo llevó  -dijo el hombre,  mientras el rostro de Olivia era arrasado por dos lágrimas azules.



lunes, 14 de septiembre de 2015

Me gustaría para mí…

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera

Águeda Gondolveu

Me miré al espejo. ¿El me encontraría atractiva? La cita a ciegas que había concertado por internet, más a instancias de mi amiga Clara que por mi propia decisión, me había sacado de mi habitual quietud.

¿Y él, cómo sería? Habíamos conversado de varios temas, teníamos de acuerdo expresiones similares, inquietudes, una multitud de sueños y la necesidad de encontrar alguien con quien compartirlos.
La foto que aparecía lo mostraba alto, atlético, con unos ojos color niebla, al menos así los veía yo.

¿Qué hacer? Me había puesto la blusa que tanto me gustaba, recogí mi cabello rubio y como único adorno la pulsera de perlas, regalo de mi madre.
Bien, lo haré –pensé ¿Qué podía perder?

A lo sumo me llevaré una desilusión más de las tantas que me tocó afrontar. En realidad, lo que me gustaría para mí, sería un ser sensible, amable, tierno. Sin embargo, tenía mucho miedo, no sabía si me animaría a ir a su encuentro.
Pero –pensé, si no me agrada no tengo más que volver a lo cotidiano, a lo seguro. No seas cobarde –me dije- la vida es una prueba y hay que someterse a ella. En cualquier caso, sería una nueva experiencia.


Quizás en este momento se estaría tejiendo mi futuro.

DISPARADOR

Escritores Creativos Experimental de Malvín 

PARTE I

Daniel Garderes

Y si, no queda ninguna duda que la coordinadora estaba volando cuando redactó este disparador.
¿Para dónde disparar? ¿Para la ciudad de los grandes rascacielos con ascensores? ¿Para las muchachas tímidas que al fin no son tales? ¿Para la extranjería? ¿O para Hong Kong?
Elijo seguir achacando a la coordinadora de desvarío.
Esa muchacha nunca viaja en ascensor. Porque vive en una casa de planta baja, en medio del campo, dedicada a tareas rurales.
¿Y en las noches? Vaya si con el cansancio que tiene puede hacer otra cosa que dormir. Sí, tiene razón en lo de tímida. Porque el estereotipo de la mujer rural es de timidez.
También acierta en lo de extranjera, porque es afrodescendiente y está viviendo en Frayle Muerto, aquí en nuestro país. Aunque, si Eva era africana, todos seríamos afrodescendientes y extranjeros en Frayle Muerto.

Pero esta muchacha es excepcional y eso no se menciona para nada. Excepcional porque solo existe en mi imaginación, esa muchacha nació por obra de esas palabras. Existe porque soy subjetivista; creo en que el mundo que conocemos lo creamos en nuestra mente. Nuestra mente: ¿será autómata para crear el mundo a su antojo? Ese es otro cantar.

Y también por eso puedo darle un final a la historia muy de acuerdo a lo que dice a su término de frase.

La muchacha se cansó, vendió su casa, su campo y se fue a vivir a Hong Kong.

PARTE II.

Quien la encuentra en el ascensor piensa que es una muchacha extranjera y tímida. Pero ella por las noches, si pudieran verla, cambiarían de opinión.
Deja su carácter tímido de lado, asume el papel que cree más adecuado a la tarea a realizar y se enfrenta a la realidad valientemente.

Como todo extranjero, tiene que disimular las reacciones que provoca entre la gente a su alrededor. Las diferencias con los lugareños son notorias, aunque deberían ser naturalmente aceptadas por todos. Pero siempre esa aceptación estará supeditada al condicional: deberían.
En lo suyo es muy capaz. Todos lo reconocen. Enseña español en una escuela especializada en idiomas foráneos. Durante el tiempo de clases todo se desarrolla sin problemas, las personas que la rodean la tratan con deferencia y afecto, obteniendo gratificantes momentos.

La noche, cuando es otra la realidad a enfrentar, la obliga a cambiar su actitud. Pero no es solo la noche, son los personajes que en ella habitan y con los que debe convivir, los que imponen cambios.

Debe caminar por barrios oscuros, con gente que no habla su idioma, que tienen costumbres que no conoce bien y donde ella es lo diferente.
Hacer las compras, eso tan simple, se transforma en tarea difícil.
Claro, está en China, todo es diferente. Y no es fácil adecuar toda su persona a ese tremendo cambio social que significó el alejamiento de su ciudad y su afincamiento en China.
Últimamente la ronda una idea atrayente. ¿Y si va a residir en Hong Kong? Queda cerca de su actual trabajo y con transporte fluido entre ambos; y la vida luego de la labor diaria sería más parecida a su vida anterior.

Sí. Ahora vive en Hong Kong.





DISPARADOR

Escritores Creativos Experimental de Malvín

Sebastián Domínguez

En otros sitios, observar gente, sus sonidos diferentes y sus intenciones tan comunes, me fascina.
Como dice Sabina: pongamos que hablo de Madrid. El bar es mi centro de observación, es un teatro de la vida y a él concurro cuando  no tengo que hacer que hago algo. Un disfrute para mis atentos oídos.

Os cuento dos escenas que ilustran estas afirmaciones. Él, atildado y gentil. Ella, bonita y graciosa. La vio venir a través de la ventana y salió a su encuentro. Entraron muy alegres al bar.

Cuando un hombre invita a una mujer a tomar una copa, no le interesa la bebida y cuando ella acepta, es probable que tampoco.
Esa conversación en que ninguno dice lo que realmente quiere decir, es literatura de la mejor. Ellos resultaron maestros en ese arte.

El mozo rompió el encanto y seguramente ellos maldijeron ese silencio. Yo también…disfrutaba mucho de la situación.

Ayer llegó un hombre muy delgado de pelo blanco y abrigo de espiguilla. Antes de tomar asiento sacó un pan de su bolsillo y lo depositó sobre la mesa. ¡Qué tipo tan raro! –me dije. El extraño de pelo largo. Claro que envejecido, ajeno a lo rockero. Ella lo estaba esperando, pasó la vida esperándolo –le dijo.

La conversación fue áspera. Se dijeron todos los reproches. Él se levantó, sus ojos llorosos la miraron fijamente y balbuceó “Hay cosas que un hombre nunca debe contar”.
Loca ella, loco él.
El bar, contrafarsa de la gran ciudad.