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domingo, 11 de octubre de 2015

HECHIZO

Escritores Creativos Experimental de Malvín
Nedy Varela

Hace tiempo que preparo este hechizo, este conjuro. Llevo más de un siglo preparándolo. Tengo los utensilios apropiados.
·        Una olla de barro de las orillas del acantilado, donde las olas rompen su amor acuoso contra las rocas para vencer su dureza.
·        Una cuchara de madera del último árbol que caminó llevando por todo el desierto una manzana para entregarla a dos jóvenes enamorados.
·        Tengo el fuego de todas las libélulas, atizado con mi fuego interior que está quemando.
Voy a atrapar a mi amado con este hechizo. En mi poción he mezclado los ojos de todas las alondras que vieron amanecer mi amor esa mañana, la suela del zapato con el que me tropecé y caí de bruces solo por mirarlo. Las ramas de la enredadera que ha atrapado al muro entre sus brazos, porque también así quiero apretarlo, pero le he agregado alguna pluma de churrinche para que de vez en cuando se sienta liberado.
Estoy usando para este brebaje de hace más de un siglo y lo vengo mezclando:
·        un vaso de vino de la pasión que tomamos juntos una noche,
·        pizcas del sabor de sus besos y
·        toda la humedad que dejó en mi piel antes de irse.
Hace tiempo que preparo este hechizo, lo he sacado del libro de las brujas más sabias, de las brujas blancas con escobas de plata.
Más de un siglo, pero de agitar esta poción no dejo y no me importa que mi amado vuelva aunque cuando regrese ya esté viejo.

LA CASA HELADA

Escritores Creativos Experimental de Malvín
Stella Duarte

Salimos muy contentas, un fin de semana sin horarios, cargamos el auto, ningún lugar determinado, las dos solas. Carla siempre decía que había que organizar y yo que no ¿Dónde está escrito eso?
Las mujeres, siempre teníamos que avisar a dónde íbamos. Tomé la ruta que iba hacia el norte, gritando: ya, por favor, ¿para qué están los celulares? Por suerte a pesar del invierno, había una temperatura agradable y un débil sol.
Encontramos unas cabañas y nos quedamos a pasar la noche. Al otro día, desayunamos y salimos a caminar tranquilas a más relajadas.
Detrás empezaba una zona de humedales con una gran cantidad de diferentes especies de árboles, unos con las raíces extendidas al ras del suelo, otras que parecían esqueletos gigantes, que nos impedían pasar. Primero la tierra era firme, pero luego empezó una mezcla con arena y cal y se hundían nuestros pies.
El lugar era muy solitario, cruzamos por un puentecito y a lo lejos, vimos una hermosa casa, extraña, ya que no era común en esos parajes encontrar ese tipo de construcción. Eso nos brindó una cierta tranquilidad y le comenté a Carla descansar allí, ya que la noté cansada.
Llegamos después de caminar un par de horas y decidimos ver si estaba ocupada y si permitían visitarla. Subimos por los anchos escalones de piedra. La puerta estaba entornada y al entrar, vimos que era una capilla y se escuchaba suavemente un órgano. Nos sentamos abrazadas en uno de los bancos de madera, la música nos fue llevando hacia el mundo anterior, a nuestros principios cristianos, una paz nos envolvió.
Despertamos al atardecer, ateridas de frío, temblando y en nuestras manos apretadas, una llave, que correspondía a la puerta que cerramos al salir. Nos retiramos sin hablar y nunca comentamos lo sucedido en la casa helada. Nos acompañó la música del órgano.


EQUILIBRIO

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Al Mar


Armonía entre cosas diversas. Ecuanimidad, mesura, sensatez. Las palabras son ritmo, poesía, tienen vuelo. Ellas nos llevan a paraísos lejanos en su andar. Desdeñarlas, encerrarlas en numerarios me da pesar. No sentir su candor, su color alienta mi consuelo. La brisa las posee, las ondula las eleva a lejanas corrientes. Su unión, su fuerza, su bravura me emociona y saber que en la blancura encierran todo eso que apasiona. Miro las montañas, las sierras y las veo nacer hasta en vertientes. Su silabeo atento a su crecimiento. Las necesito libres y sueltas para exponerlas a mi conciencia. Emoción, desengaño, dolor en su unión hacen pensar En un nacimiento. Festejo quien pueda combinar el arte de escribir con la ciencia de calcular porque ellas son para mí, doncellas que se reúnen solas resueltas y en su profundo relacionamiento quisiera penetrar.

LA CASA HELADA

Escritores Creativos Experimental de Malvín
Diego Fernández

La casa tenía, al frente, una reja caída, oxidada, un portón enclenque que el viento hacía chirriar. La fachada era musgosa, antigua, con dos jarrones de mampostería acribillados por el tiempo y era, a la vez, perpetuamente triste y otoñal.

Ella, que buscaba conmigo por esos prados del olvido, casas abandonadas donde hacer el amor como si fuéramos un par de estudiantes de bolsillos flacos. Era rubia y de pocas palabras. Yo perseguía su sexo como a la más vaporosa flor de las praderas, contenía algo acechante y violento antes de estar con ella a solas. Teníamos que hacer el amor. Las miradas hablaban de esa urgencia entonces superior al hombre. Era factible descargar nuestras ansias en esa casa decadente y vacía. Tirados en cualquier rincón, vestidos para evitar el abrazo de la humedad y el frío de años que estaba metido en ese interior manchado.

-No hay nadie en ningún de los cuartos, le dije. Todos están vacíos.
Entonces tiré mi campera al suelo y ella se acostó solícitamente. Nos besamos como dudando que existiera otra vez, sus gemidos subían, vagaban por aquel vacío mientras yo me deleitaba con su perfume corporal. Ella me decía que no me fuera nunca cuando la tuve y yo le decía que sí, que me quedaba. Todo lo que quisiera oír se lo decía aunque era evidente que muy pronto me tendría que ir. De manera que mentí hasta el éxtasis, hasta que volvió el olor a humedad, ese tedio posterior a los coitos perdidos y fugaces.

No hubo tiempo para el reproche conocido cuando empezaron a cantar las goteras y yo creí ver una sombra contra la luz aguachenta de la ventana con las persianas podridas. La silueta que había imaginado llegó por fin. Allí estaba, contemplándonos, dentro de la sucia luz del atardecer lluvioso que croaba lejos, para dar ese aullido atroz que derrumbaría aquel techo a dos aguas que ya no vacilaría entre caer y quedarse un poco más.



LA CASA HELADA

Escritores Creativos Experimental de Malvín
Walter Ferrarese

Cuando éramos niños y vivía mi abuelo Juan, nos juntábamos alrededor de la estufa a leña, mi hermano Tito y yo a escuchar sus cuentos. Viajábamos por los caminos intrincados de las selvas, por las frías nieves del ártico, en fin, por un montón de lugares y aventuras.
Para nosotros dos, tan reales eran sus historias que pensábamos que él era nuestro máximo héroe. Más que Superman o Batman, a quienes leíamos con avidez, en aquellas revistas que mis padres nos compraban.
Qué calor familiar había en aquella casa. Mamá nos preparaba el delicioso café con leche y bizcochos en aquellas frías tardecitas de invierno. Al volver de la escuela, hacíamos rápido los deberes para poder escuchar los fantásticos relatos del abuelo Juan.

Cuando él se fue a alguna tierra lejana de la que no se vuelve, aquella casa, otrora cálida, quedó helada. Como si ella misma se diera cuenta que faltaba la presencia afable y cariñosa del abuelo Juan, nuestro máximo héroe, que recordamos por siempre con amor.

VIDRIERA


Escritores Creativos Experimental de Malvín

Célica Trías

-¡Vamos Ramón, sirve las mesas!¿Qué mirás?
-Al hombre y la mujer que vienen todas las tardes.
-Uh que historia esa…apurate.
A la madrugada a punto de cerrar:
-Ana, ¿Me contás la historia?
-Es su padre, ella viene tres meses al año a verlo. Conversan mucho, él habla con pausa como dando lo mejor de sí. El resto del año viene con amigos, apenas habla, es muy callado. Me contó un amigo que él tiene familia, hijos, nietos, posición. Ésta hija es de un amor robado, de una pasión. Su madre lo conoció de jovencita. Decían que era por su dinero. Con él aprendió a escribir y leer y al final, nació esta hermosa joven. Vivieron juntos los ratos que el disponía y un día se marchó…
Esta joven conoce a toda su familia, pero, son gente que a pesar de ser inteligentes, de ideas avanzadas y de mentes abiertas, no pudieron aceptar el error o el acierto de su padre, eso no. Hijos de sótanos, de baúl, hijos que no se muestran, seres humanos de segunda que no están en la vidriera.
-Vamos ya, estas historias de vidas, me agobian.
Al otro día hombre y mujer conversaban animadamente, cuando de pronto se oye: Abuelo, ¿Qué hacés? ¿Todo bien? Un joven de la misma edad que ella, le sonríe.


EL SUEÑO DEL PIBE

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera 
María del Pilar Leivas

-Pablo, ¿qué haces en el cuarto, encerrado? Vamos, apurate ¿tenés todo pronto? ¿zapatos? ¿bolso? ¿todavía no te pusiste el equipo? ¿qué están haciendo todos disfrazados?
Pablo abre sus grandes ojos oscuros y le contesta temeroso.
-¡Papá, estoy ensayando una obra de teatro para la escuela, tengo que memorizarla!
-¿Obra de teatro? ¡Lo que me faltaba! ¡No quiero verte más haciendo esas cosas, estás comprometido con el club y debes practicar todos los días!
-¡Pero papá! A mí me gusta. La maestra me dijo que hacía muy bien el papel y es para la fiesta de fin de año.
-¡Yo voy a ir a hablar con la maestra! ¡Le voy a meter lío y vas a ver cómo se termina acá la cosa! A la escuela vas a aprender a leer, escribir y hacer cuentas ¡Qué teatro ni teatro!
-No papá, mejor no vayas, no le digas nada, mejor yo le digo que no voy a actuar porque no me acuerdo de nada…
-¡Mmm, ya veremos!... ahora dale, ponete el equipo que se hace tarde.
En la cancha, los padres se paran en el borde, alentando a sus hijos, mientras algunas madres charlan y toman mate a la sombra. Una voz resalta sobre el resto.
         -¡Dale Pablo! ¡Márcalo fuerte! ¡No dejes pasar la pelota…¡No! ¡Otra vez la perdiste! ¡Dale, corré más rápido! Es tuya, ¡tirá!, que abombado, no podés errar eso, dale fuerte, marcá ahí… no lo dejes pasar, no seas flojo…
El pobre Pablo, corre angustiado, tratando de hacer lo que oye gritar a su padre. El regreso es en medio de protestas contra el juez, contra los jugadores y contra Pablo, que no pudo hacer un gol y perdieron 4 a 1.
Al llegar a la casa, el padre enfrenta a su esposa.

-Magdalena, ¿Qué es eso de que a tu hijo le gusta el teatro y pierde el tiempo en esas mariconeadas en lugar de entrenar?
-Pero Luis, solo es un ensayo para la fiesta de fin de año, a Pablo de chiquito siempre le gustó el teatro ¿te acordás? Me pedía que lo llevara y disfrutaba mucho. No le atrae mucho el fútbol.
-Se terminó, se terminó acá, estas hipotecando el futuro de tu hijo. Que se dedique al fútbol, ¡eso sí que es carrera!, mirá Forlán, mirá Suárez, Cavani, Godín… esos sí que la amasan. A entrenar y vas a ver que lo logra. ¡Teatro! ¿Quién vive del teatro? ¿Querés que se vuelva un maricón? Vos tenés la culpa por fomentarle esas cosas, vos y la maestra. Desde ahora se terminó el teatro, solo puede ir al club. ¡Yo lo voy a sacar hombre! Y no se habla más.
Magdalena bajó la cabeza y se calló, como siempre, para evitar más violencia.
En la escuela, Pablo se comunica con Daniel, quién juega en el equipo rival el sábado.

-Daniel, este sábado jugamos…
-Sí, ¿Qué pasa?
-Nada, quiero que me hagas un favor. Marcame y dame una patada bien fuerte. Te doy mi gorro favorito de Peñarol…
-¿Estás loco? Me pueden echar y no juego por dos partidos, además, soy más grande y te puedo lastimar.
-No importa,¡hacelo!. Mirá tengo $200 y también te los doy.
-Bueno, no sé, el sábado vemos.
En el escritorio, el padre de Pablo acude citado por la maestra.
-Buenas tardes, Sr. Antúnez, quería hablar con usted.
-Yo también, capaz que es por lo mismo.
-Puede ser, estoy preocupada porque Pablo me planteó que no quiere seguir en la obra de teatro; dice que no tiene memoria, lo cual no es cierto porque había aprendido su papel enseguida. Es más, tiene una actuación destacada en todo lo que es expresión oral. Desde años anteriores ha sido elegido por maestros y compañeros para actuar en todas las oportunidades. Tiene un talento especial y disfruta haciendo esa actividad. ¿Qué pasó?
-Nada pasó, va a pasar si sigue… yo quiero que se dedique al fútbol, en donde tiene más futuro y para lo cual también tiene condiciones. No tiene tiempo para el teatro. Así que yo, que soy el padre, le prohíbo que ponga a mi hijo en esas actuaciones…y no se habla más de esto. La madre también está de acuerdo ¡Buenas tardes!

Ese sábado, Pablo jugó como nunca; marcaba fuerte, corría enceguecido, esperando el fierrazo prometido de Daniel, que no llegó.
-¡Qué bien! ¡Ese es mi hijo! ¡Dale más! ¡corré! ¡pisá! ¡empujalo que te quita la bola! -Se oía desde el borde de la cancha.
El domingo de tarde, tocan timbre en la casa. Un vecino preocupado, le dice a Luis que Pablito se cayó de la azotea y está algo herido.

-Parece que estaba jugando al fútbol en el terreno del fondo de la casa y se cayó la pelota en el techo. Puso una escalera y al bajar con la pelota, se resbaló. Ya viene la urgencia en camino. Quedó con él mi esposa. No lo movimos. Me parece que se fracturó una pierna, pero no perdió el conocimiento. Tranquilícese, está bien…son cosas que pasan…