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sábado, 25 de julio de 2015

RASHOMÓN

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera


Aquella casa estaba abandonada desde hacía algunos meses. Sus ocupantes se habían ido, dejando todo, mobiliario, recuerdos, fotografías.Cuentan los datos policiales, que la mujer que habitaba la casa, junto a su familia, se había suicidado, en forma dudosa, pues el caso nunca se había cerrado.

EJERCICIO UTILIZANDO LA TÉCNICA DE RASHOMÓN.-  PARTICIPANTES:

  1. Desde el punto de vista del narrador  -  Cristina Bossio. 
  2. Desde el punto de vista de Luis (Esposo)  -  Águeda Gondolveu
  3. Desde el punto de vista de Leonor (Amante) - Alicia Martin
  4. Desde el punto de vista de Ana (Esposa muerta) - Susana Maly
  5. Desde el punto de vista de Leticia (Hija 18 años) - Teresa Escandell.
  6. Desde el punto de vista de Gabriel (Hijo 10 años) - Sonia Martínez
  7. Desde el punto de vista de una vecina (Vecina) - Pilar Leivas.       
  8. Desde el punto de vista de un investigador (Investigador) Elsa Freire.

1.     Cristina Bossio – (Narrador)
En poco tiempo tenía que mudarme de la casa en la que vivía ya que el alquiler se hacía insostenible para mí. Hablé con un agente inmobiliario de la zona por mí buscada y me ofreció entre otras, una casa antigua que conservaba cierto sabor de otra época, cuya puerta de entrada estaba disimulada por las ramas de un pino. Esta casa permanecía vacía desde hacía ya mucho tiempo. Había sido el escenario de una tragedia. Los vecinos se habían tomado el trabajo de ahuyentar a cuanto postulante se acercaba a ella, relatándoles los tristes acontecimientos. Como no soy impresionable, no me importó demasiado lo que me dijo el agente inmobiliario, pero en verdad, me picó la curiosidad.
Cuando entré en la casa, noté en ella unos pocos muebles deteriorados y con mucho polvo acumulado. Constaba de un comedor diario con amplios ventanales que daban al jardín.
A continuación había dos dormitorios grandes. Pero lo que más me llamó la atención fue encontrar un pequeño cuarto pegado a la cocina, un valioso laboratorio fotográfico casi intacto, por lo que, deduje que algún integrante de la familia se dedicaría a la fotografía en forma profesional.
¿Por qué se había abandonado esta casa tan sólida, tan cómoda, tan bien iluminada y con éste equipo fotográfico tan moderno? -me pregunté. Parecía como que alguien en ese preciso momento hubiera terminado de hacer alguna de aquellas ampliaciones fotográficas que se veían colgadas. Noté que a través de ellas se escondía un autor de indudable talento.
Cuando me hallaba asomado a una de las ventanas que daba al jardín, observé la presencia de una persona que parecía intrigada al ver movimientos en la casa. Me acerqué al vecino y después de los saludos de rigor, le manifesté mi interés por ocupar la casa.
         -¿Esta casa? –me preguntó. Y siguió sin escuchar mi respuesta. –Aquí hace tiempo, no se sabe muy bien si hubo un asesinato o un suicidio. En ella vivían un matrimonio con sus dos hijos, uno de ellos adolescente. Lo que más extraño nos pareció fue que después del trágico suceso, no se supo nada más de ellos. Es como si se los hubiese tragado la tierra… Y ahí está la casa que usted piensa alquilar.
Me saludó y sin más siguió cortando el césped, tarea que yo le había interrumpido. Me dijo además que la investigación policial estaba abierta y el expediente según él, dormiría en algún cajón de escritorio, olvidado. Le agradecí su información con la idea en mente de poder ayudar a alguien antes de la remoción de los viejos muebles y se anularan las posibles pruebas.


2.     Águeda Gondolveu –Luis (esposo)
A ocho meses de transcurridos los hechos, conservo en la memoria cada detalle de lo acontecido aquella trágica tarde en la que Ana se quitó la vida. ¿Por qué? Era una fotógrafa muy talentosa y estaba muy satisfecha de su trabajo. No tenía motivos para tomar esa decisión.
Yo por mi parte soy un abogado de prestigio, mi bufete atrae una abultada clientela, a la que procuro servir más allá del beneficio económico que suele ser muy provechoso.
Leonor, mi secretaria, a la que me une una estrecha relación amorosa, se había retirado temprano debido a una indisposición de su madre, por lo que me encaminé a casa sin pasar por el bar de costumbre a compartir una copa con ella. No había recurrido al divorcio para no causarles un pesar a nuestros hijos, Leticia de dieciocho años y Gabriel de diez.
Leonor había aceptado de buen grado su condición de amante, así que no tenía motivos para preocuparme. Ana no estaba enterada de nada y por consiguiente Leonor solía frecuentar mi casa, y en una ocasión, Ana le había tomado unas fotos para una de sus exposiciones.
Mi esposa tenía una afección cardíaca y yo solía tratarla con consideración a pesar que últimamente debido a mi situación con Leonor yo estaba bastante irritable y solía discutir y encontrar defectos a todo lo que ella hacía.
Al llegar a casa me extrañó el silencio, si bien los chicos estaban en sus lugares de estudio, Ana siempre salía a recibirme cuando sentía mi coche.
Colgué mi abrigo y me dirigí al salón para saludarla. Lo que vi me heló la sangre. Ana estaba tumbada en un sillón con la mirada fija y los brazos inertes. Preso del pánico me acerqué y vi que no podía hacer nada por ella. En la mesita había una taza con un resto de té.
¿Habría descubierto mi relación con Leonor y se habría quitado la vida? Esa pregunta aún está sin responder.
No voy a describir lo que sucedió a continuación, la policía, los vecinos, el llanto de los chicos, mi propio estupor.
No pude permanecer más en esa casa y me fui como las ratas cuando abandonan el barco, dejando muebles y todo lo que me recordaba aquella infausta tarde.
Mis hijos no quisieron acompañarme, buscaron el refugio de sus abuelos maternos.
Yo pasé un buen tiempo solo, puesto que me sentí muy afectado por los hechos ya que sentía por Ana, luego de apagado el amor, un sincero afecto. Finalmente, no pudiendo soportar la soledad y ya que amaba a Leonor como siempre, le pedí que viviéramos juntos y tratar de llevar una vida lo más normal posible, a pesar de que sufría frecuentes pesadillas desde aquella tarde.
Me enteré por uno de mis clientes, que es un vecino de la antigua casa que apareció un investigador que está haciendo preguntas, puesto que la policía mantenía abierto el expediente de la muerte de Ana, debido a que habían aparecido algunos indicios que no dejaban claro la hipótesis del suicidio.
Mi pensamiento fue desear que por fin se aclararan los hechos y surgiera la verdad para poder seguir adelante dejando atrás tan trágicos recuerdos.
Una terrible sospecha me asaltó. Si fue un crimen ¿quién lo había cometido? La duda ya estaba en mí…


3.     Alicia Martin – Leonor (amante)
“Luis: para que nunca me olvides, tuya siempre, Leonor”
Ese día me despertó una fuerte lluvia que golpeaba contra las ventanas con un ruido amenazante. Hacía ya tres años que trabajaba con Luis. El bufete quedaba en el centro y solía llegar antes que él. El primer año fue fácil.
A medida que pasaba el tiempo, algo me molestaba, yo acostumbraba a poner su escritorio en orden. Cierto día, no recuerdo cuándo, empecé a colocar el portarretrato contra el mueble. No quería ver en él a Ana y Luis sonriendo. No lograba comprender el porqué de esta molesta sensación. Pero cuando él llegaba, todo estaba en su lugar.
Luis era alto, moreno con lentes que mejoraba aún más su aspecto intelectual. Se había recibido con veinticuatro años y en los últimos diecinueve se había destacado como gran profesional. Se sentía muy conforme con mi forma de trabajar. Me confiaba tareas difíciles que cumplía a la perfección. Yo contaba con dos años de abogacía.
Ana, la esposa se dedicaba a la fotografía en desfiles de moda. Estaba bien conceptuada en el ambiente. En cierta ocasión me obsequió una foto en la cual le serví de modelo para un aviso de lencería. Me decía que tenía condiciones. Esa misma foto se la dediqué a Luis, sin saber que iba con ella, a detonar un imprevisto desenlace.
Ocasionalmente Luis me pedía que pasara por su casa por motivos de trabajo. Fue un de las tantas veces que frecuenté aquella casa donde no faltaban fotografías familiares. Quedé maravillada ante tanta belleza y tanta vida. A través de los amplios ventanales corría una brisa, apenas detenida por las cortinas,  dejando entrar una luz que hacía resplandecer un cálido ambiente. Supe que eso era lo que yo quería.
Trataba con Ana en forma natural. Con su cabello castaño, suelto y delicada belleza, me hablaba de él y de sus hijos.
Sentía necesidad de volver y hasta me ofrecía para hacerlo. En tantas conversaciones me confesó que tenía problemas con su corazón y por tal motivo Luis la complacía en todo.
En una de esas tantas visitas, Ana me mostró su laboratorio en el cual había muchos frascos. Uno de ellos resaltaba en rojo la etiqueta en la que se leía: NITRATO DE PLATA. Lo tomé y lo coloqué en mi bolso. Ella seguía mostrándome fotos.
Transcurrido cierto tiempo, los sentimientos con Luis se hicieron más intensos. Ya no soportaba la dualidad de la relación.
Sonó el teléfono. Era Ana que me invitaba a tomar el té. Desde hacía un tiempo tenía en mente quitarla de nuestra relación. Quizás ahora se me presentaba la ocasión perfecta. Con la excusa de la enfermedad de mi madre, me retiré más temprano, disfrazando así el motivo real. El recibimiento a abrirse la puerta no fue el mismo de siempre. Su rostro estaba surcado por una sombra de desasosiego. Nos sentamos y ella sirvió el té. Sin espera alguna me confesó el haber descubierto mi relación con Luis. Quedé mirándola estática hasta que la vi desaparecer en la oscuridad. Mi corazón se fue aquietando, me armé de coraje y vertí unas gotas de Nitrato de plata en su taza. Cuando regresó, la vi caminar con pasos lentos, traía con ella la foto que yo le había dedicado a su esposo.
Solo la miré y le dije: Tomemos el té, así lo hicimos. Ella callaba. Tomé la foto de sus manos y subí las escaleras tirándola al piso en la primera habitación que encontré. Descendí rápidamente. Ella seguía callada, algo balbuceé y ella ya no contestó. Llevé mi taza a la cocina y limpié todo sin dejar rastros de mi presencia en la casa. Quedé por unos minutos, extasiada y con  mi cuerpo empapado en sudor. La adrenalina corría por mis venas, traté de calmarme y cuando regresaban las primeras sombras de la tarde, desaparecí entre ellas.


4.     Susana Maly – Ana (esposa)
Estoy harta del cambio de actitud de Luis, no entiendo su extraño comportamiento, antes tan solícito, cariñoso. Ahora sus quejas, que la comida, su ropa, que todo lo hago mal.
Yo también trabajo, si bien tengo más libertad el tomar las fotografías, preparar las exposiciones, entrevistar los clientes me  llevan mi tiempo. Todo esto se cruzaba por mi cabeza  mientras, justamente acondicionaba su ropa y al querer poner su saco sport en una percha se me resbaló de las manos, lo levanté y vi que una cartulina asomaba de su bolsillo interior. La saqué y al verla tuve que sentarme en la cama a recuperar el aliento, mi corazón me latía en la garganta con tanta fuerza que me sentí desmayar. Era una foto de Leonor con una dedicatoria que decía: Luis: Para que nunca me olvides, tuya siempre  Leonor.
No lo podía creer, Leonor, la secretaria de Luis, ahora entendía su cambio de actitud, tenía amante. Recordé esa foto, yo misma se la había regalado a ella. El año pasado cuando organicé una exposición en el Atrio de la Intendencia, la temática fue ¨Rostros Femeninos¨ Le pedí permiso  a ella para fotografiarla ya que su rostro es muy bello  y expresivo y así fue como le regalé una de las muestras.
Y ahora la veía acá y dedicada, tenía que pensar,  quería saber qué estaba pasando realmente, hablar primero con ella, después lo haría con Luis. Así que decidí llamarla e invitarla a casa a tomar el té como antes, como si no supiera nada. Ella frecuentaba mi casa, se sentaba a la mesa con nosotros, que descaro, y se decía mi amiga.
Sé que no soy tan joven  como ella, con cuarenta años me mantengo muy bien, Luis con cuarenta y tres tampoco está nada mal, claro es atractivo y lo sabe. En nuestras vidas  en común pasamos momentos muy duros, pero ahora con dos hijos hermosos y una situación económica estable, no podía creer que pasara algo así, tan devastador para mí.
Tenía que terminar con esto así que la llamé diciéndole que debía hablar con ella en privado. Llegó temprano, a eso de las cuatro y media, le había puesto una excusa a Luis, yo preparé el té, lo serví y sentadas frente a frente le dije- ya sé lo que hay entre Luis y vos, como te da el coraje para fingirte amiga mía y de mis hijos y ser su amante, y antes de que ella dijera nada me levanté diciéndole que traería una prueba y fui al dormitorio a buscar la foto.
Bajé y al mostrársela ella quedó sin palabras, bebimos el té, Leonor se puso de pie todavía sin hablar, quedé esperando…


5.     Teresa Escandell – Leticia (hija 18 años)
No puedo creer que mi padre esté traicionando a mi madre con esa mujer. ¿Quién sabe cuánto tiempo hace que tienen relaciones? Ella es mucho más joven que él, hace más de tres años que trabaja ahí y tuvo muchas oportunidades para envolverlo, en los ratos libres, tomando un café o mirando algún expediente, que si llueve la puede acercar a su casa, confidencias, como pasar las vacaciones, cosas comunes que surgen en el día a día y claro, se presenta siempre con esas faldas bien cortas, o esos pantalones súper ajustados, de los escotes, ni hablar. Mamá en casa, dedicada a su trabajo sin percatarse de nada, mientras mi Papá se pasa más con su secretaria que en casa.
No son inventos míos, vi cómo se la comía con los ojos cuando lo visité en el estudio el otro día. Si mi madre llega a saber, se muere de angustia.
En casa, discute por cualquier cosa y en el trabajo, una seda. Menos mal que mamá está ocupada con la fotografía que le apasiona. Trabaja en casa y fuera también.
Conseguí un trabajo con unos colegas de mi padre que me permite seguir con mis estudios de abogacía. Estaba en el trabajo cuando recibí la noticia de la muerte de mi madre. Quedé en shock, no sabía qué pensar ni qué hacer. Fui por mi hermano al colegio y salimos para casa de los abuelos, mi hermano quiso pasar por nuestra casa. Fue un momento horrible y triste. Traté de que fuera lo menos cruel posible, pero todavía estaba ahí, no pudimos tocarla. Salimos para la casa de los abuelos y al verlos nos abrazaron sin decir una palabra.
Les pedí que se comunicaran con mi padre y decirle que esa noche nos quedábamos con ellos.
Al día siguiente regresé a la casa a buscar algunas cosas nuestras. Cuando entré, hice todo rápido porque el ambiente me ahogaba, decidí que no entraría más a nuestra casa. Veía a mamá en todas partes.
Tenía la seguridad que ninguno de los dos se iría con papá, viviríamos discutiendo, porque la culpa de todo es suya y yo lo sabía. Mi hermano viene conmigo, con los abuelos vamos a estar bien. Compartiremos con Gabriel el dormitorio de soltera de mamá.


6.     Sonia Martínez – Gabriel (hijo 10 años)
¡Yo no sé qué fue lo que pasó con papá y mamá! Últimamente vivían discutiendo y por todo se llevaban la contra. Antes, los cuatro éramos felices. Papá siempre fue un poco gruñón. Leticia y yo estábamos acostumbrados a sus rezongos, pero sabemos que no es malo. Mamá por el contrario siempre estaba a las risas. Tanto, que nos terminaba contagiando a todos. Cualquier motivo lo transformaba en una fiesta. Desde hacía un tiempo los dos casi no se hablaban y nos miraban con cara de enojo. Mamá se levantaba con los ojos hinchados, me parecía que había estado llorando.
Hoy Leticia me fue a buscar a la salida del colegio. Es raro que lo haga porque yo siempre vuelvo en la camioneta del colegio, además ella está trabajando. Por su cara, algo malo pasó. Me tomó de la mano y me dijo…
-Gabriel, no sé cómo decírtelo pero tengo que hacerlo…mamá ya no está con nosotros.
-¿Qué? Nos abandonó, ¿se fue a vivir a otro lado?
-¡No Gabriel, a mamá le dió un infarto, creo y ya no la veremos!
-¡No! No puede ser si mamá estaba bien… ¡No puede ser, quiero ver a mi mamá!
Llegamos a casa. En medio del living apenas vi a mamá, tumbada en el sillón, Leticia se paró delante de mí, luego me sacó de la habitación y no me dejó verla. Siento ganas de vomitar y me duele la cabeza.
Con Leticia nos fuimos enseguida a la casa de los abuelos, los papás de mamá. Ellos son muy cariñosos, nos recibieron con un fuerte abrazo. Mi abuela está preocupada porque hace días que no tengo ganas de comer. Leticia, después del trabajo, pasa horas conmigo; está más cariñosa que antes.
Desde lo que pasó con mamá, no veo a papá. Es raro que no venga a la casa de los abuelos ¿Se habrá olvidado de nosotros? Mi hermana dice que no, que está muy triste por eso no nos ve, para no angustiarnos más. Estaba pensando justo en él, cuando el abuelo me dice que tengo teléfono… ¡Es papá!
         -¡Hola Gabriel! ¿Querés que papá te pase para ir a pasear?
         -¡Sí! ¡Sí!.. Te espero.
Me vestí rápidamente porque papá me dijo que en una hora vendría, tal cual lo hizo. Fuimos a la heladería a tomar un enorme helado de chocolate y frambuesa. Después, aprovechando el día lindo y caluroso, nos sentamos a la sombra de los árboles del Parque Rodó. Allí papá me dijo si quería ir a vivir con él y con Leonor, su secretaria. Que la casa donde viven es muy linda, que yo tengo un dormitorio precioso para mí solo y que estoy cerca del colegio. Además me dijo que iríamos los fines de semana a jugar al fútbol.
-¿Y Leticia viene con nosotros? –le pregunté. Él me dijo que no, que Leticia quiere quedarse en casa con los abuelos. Entonces yo le dije que no quiero separarme de Leticia y que me gusta vivir con los abuelos, que yo los quiero mucho y ellos a nosotros también.
Quedé con papá que nos vamos a ver los fines de semana. Que él me va a venir a buscar para ir a la cancha a jugar fútbol.


7.     Pilar Leivas Vecina-( testigo).
Me llamo Adela Furtado, tengo 62 años, mi casa se encuentra enfrente de la casa de la familia Bermúdez.
Aquí viví desde que me casé, unos 38 años. Mi hija vive en Barcelona, se fue hace 10 años, allí se casó y tiene una hermosa niñita.
Al quedarme viuda, mi hija, que había venido a ver al padre que se encontraba internado por una grave enfermedad, me instó a irme a vivir con ella. En esa oportunidad, no me decidí, pero meses más tarde, me anunció que estaba embarazada y quería que fuera. Acá no me retenía nada, arreglé trámites jubilatorios  y cobros de pensión y marché a compartir mi vida con mi nieta y su familia.
Luego de unos meses, regresé para poner la casa en venta, y así me enteré de la tragedia ocurrida con los vecinos de enfrente.
Cuando citaron a todos los vecinos a declarar nuevamente al retomarse el caso ante la aparición de nuevas pruebas, mi sorpresa fue grande, pues supe que yo estaba ese día en casa, lo recuerdo perfectamente porque era el día de mi partida a España, en mi primer vuelo en avión.
Esa última semana, me había despedido de todos los vecinos, incluidos Ana y Luis y sus hijos.
Todos sabían que me iba; soy modista y tenía una gran clientela entre las señoras y las niñas, además de compartir un poco las historias de cada uno.
Ese día, tenía ya las maletas prontas, recorrí la casa por última vez, revisé mis documentos y pasajes y me senté en la ventana esperando el taxi que me llevaría al aeropuerto. Serían las 4 de la tarde, aún no habían salido los niños de la escuela y la cuadra estaba solitaria. Llegó el taxi y con el chofer fuimos llevando las maletas para colocarlas en el baúl del coche.
En eso, veo detenerse un auto azul, pequeño, que nunca había visto por el barrio, bajándose de él, una joven de ropa moderna y colorida, llamándome la atención un gran mechón muy claro que cruzaba su frente en una larga cabellera castaña .Toca timbre en la casa de enfrente, veo que le abre Ana y me extrañó que no se saludaran. La hizo pasar directamente.
Yo partí enseguida, mi vuelo estaba programado para las 19 horas y debía estar temprano en el aeropuerto.
Nunca más recordé ese hecho, hasta ahora, en que me mostraron una foto y grande fue mi sorpresa cuando reconocí a la chica del mechón que había bajado del coche el día de mi partida.
Peco de muy observadora, recuerdo los detalles, por eso me llamó la atención esa chica que era desconocida para mí.
Uno que vive años en este barrio, conoce a sus vecinos, los muchachos, sus amigos, clientes, familiares, y en esta circunstancia, era alguien que no había visto nunca.


8.     Elsa Freire (Investigador)
A ocho meses de la muerte de Ana Bermúdez, ocurrida el tres de noviembre de 2014, el departamento de Investigaciones de la Policía de la Capital me asignó la tarea de retomar las investigaciones iniciadas en aquella oportunidad y que habían finalizado sin haber podido determinar la causa del deceso. Luego del examen minucioso de todas las pruebas encontradas, éstas no fueron suficientes para determinar si se estaba ente un caso de homicidio o de suicidio.
La víctima había sido encontrada sin vida en el living de su casa recostada sobre un sofá. La autopsia reveló que había fallecido entre las 17 y las 19 horas por la ingestión de una dosis letal de nitrato de plata diluido en té. La sustancia es altamente tóxica y puede provocar la muerte en un corto lapso de tiempo.
Asimismo, la autopsia sicológica realizada reveló que no había rasgos en su personalidad que pudieran haberla inducido a un suicidio como tampoco existían esas pautas dentro de su entorno familiar, personal o laboral.
La Sra. Bermúdez estaba casada con un abogado desde hacía veintidós años, era madre de dos hijos, de dieciocho y diez años respectivamente y trabajaba como fotógrafa profesional para algunas empresas de plaza y también hacía trabajos en forma particular.
Ante estos hechos decidí revisar todas las pruebas nuevamente y concurrir al escenario del hecho. El administrador me facilitó las llaves de la casa para visitarla. Ésta, permanecía sin ocupantes ya que la familia se había ido pocos días después de la tragedia. Aún conservaba muebles y el alhajamiento general aunque en estado de abandono y desorden.
Realicé un recorrido por todos los ambientes de la vivienda muy atento a todos los detalles y tratando de captar la atmósfera del lugar cuando sus moradores la habitaban. En una habitación de la planta alta que era utilizada como escritorio del esposo, tirada en un rincón, había una fotografía de una mujer  muy bonita, sonriente, de alrededor de treinta años, cabello castaño y un mechón rubio que caía hacia un lado de la frente. Inmediatamente pensé que era el retrato de la víctima, pero en el reverso había una dedicatoria afectuosa al esposo de Ana y firmaba “Leonor”.
Abandoné el lugar llevando aquél retrato que supuse la policía no había visto porque de lo contrario, lo hubiera retirado de la casa y agregado a las pruebas.
Seguidamente conversé con los vecinos, que ya habían brindado sus declaraciones, pero ésta vez además, les mostré la fotografía que había encontrado y a todos, el rostro les resultaba desconocido.
En mi recorrida por el vecindario, con expediente en mano, me llamó la atención que no existía declaración de ninguna persona que estuviera domiciliada en la casa ubicada frente a la de la víctima. Allí conocí a la Sra., Adela Furtado quien me manifestó que era modista y hacía muchos años que vivía y trabajaba en ese lugar. Conocía bien a Ana y a su familia y también de vista a otras personas, amistades o familiares, que concurrían a la casa.
Aquel tres de noviembre de 2014, la Sra.  Furtado, viajaba a España a visitar a su hija y su vuelo despegaba de Carrasco a las 19.00 horas. Alrededor de las 16.30 horas ultimaba los detalles para partir hacia el aeropuerto y estando parada detrás de una ventana, esperando un taxi, vio a la mujer de la fotografía estacionando un auto, bajar y tocar timbre en la casa de la víctima. Era alta, joven, elegante y le pareció muy llamativo aquel mechón que le cruzaba la frente y por eso la recordaba. Vio que Ana le abrió la puerta y entraron a la casa.
Relató también que permaneció con su hija en España durante unos meses, y como vive sola, su casa estuvo cerrada por ese tiempo. Al regresar, sus vecinos le relataron lo ocurrido y también que la policía continuaba la investigación porque el caso aún estaba abierto.







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