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sábado, 30 de mayo de 2015

SECCIÓN: CARTAS DE AMOR

Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera   

Rosa Cimbler

Montevideo, 26 de mayo de 2015
Mí muy amado Enrique

Te sorprenderá que te escriba cuando hace apenas dos días nos encontramos en nuestro lugar habitual, aquel barcito encantador a cuatro cuadras de tu casa.
Desde aquel día inolvidable de febrero cuando el destino nos cruzó en aquella estación de servicio, mi existencia gris, adquirió como por encanto un color y un brillo que hacía tiempo había perdido.

¡Qué estremecimiento recorrió mi cuerpo cuando mi mirada se encontró con la tuya! Supe al instante que llegarías a ser más que una simple aventura para mí. Yo tenía el status de las damas respetables que conocen al dedillo los Shopping y los mejores coiffeurs de la ciudad. A mi paso, los hombres se giraban y me observaban con algo más que interés. Me sentía sexy a pesar de mi cincuentena que las cremas y los tratamientos estéticos ayudaban a disimular. Sin embargo, lejos estaba de sentirme feliz. Al contrario, estaba presa dentro de un matrimonio teñido por la rutina y el mutuo desinterés.

Mario y yo apenas dialogábamos sobre temas irrelevantes. Nuestra intimidad carecía del brillo y la pasión que ninguno de los dos se ocupaba de alimentar.
Cuando nos conocimos, la atracción fue mutua. Sentía tus ojos clavados en mí como desnudándome exterior e interiormente. Y además… ¡Cuanta conexión en nuestros gustos deseos y temas de interés!

Podíamos hablar durante horas sin aburrirnos y hacer el amor era siempre algo mágico y distinto. ¡Qué plenitud sentía! Hubiera deseado permanecer contigo hasta el último de mis días.
No obstante, amado Enrique, debo decirte algo que no me animé a contarte personalmente.
No volveremos a vernos.
Por razones de trabajo, viajaremos en los próximos días. Mi esposo ha sido trasladado por el Gerente de la empresa donde se desempeña a una agencia en Nueva York.
Te amo más que a mi vida. Contigo me sentí mujer, respetada, valorada y amada como nunca. Sin embargo no puedo abandonar a Mario. Es ya un hombre gastado, con un corazón que de vez en cuando le juega malas pasadas.

Nos conocimos siendo adolescentes y el mes próximo cumpliremos treinta y cinco años de matrimonio. ¿Cómo abandonarlo? Él me apoyó cuando el ginecólogo me informó que ya no iba a emprender más tratamientos de fertilidad, que anatómicamente era imposible que pudiera tener hijos.

No te pido que compartas mi decisión, sentirás bronca al principio, supongo. Eres diez años más joven que yo, estoy segura que volverás a enamorarte y podrás formar una familia feliz.

Te lo deseo de todo corazón.
Siempre tuya, Margot.



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