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lunes, 29 de junio de 2015

DISPARADOR

EL SEÑOR DESTINO Y SUS JUGARRETAS
Escritores Creativos Biblioteca Ernesto Herrera
Rosa Cimbler

Hoy voy a contarles las travesuras de un personaje que determina con sus cabriolas, pasado, presente y futuro de nosotros los seres humanos, frágiles marionetas ente su inmenso poder.
Este ser omnipresente no es más ni menos que el señor destino. Basta observar su cuerpo apolíneo, su musculatura acentuada y su mirada penetrante para percibir cuán difícil es evitar sus designios.

La historia comienza así:
Érase una ciudad distante setenta kilómetros de la capital rochense. Su nombre: Lascano. Allí vivían Irina Tabeira con sus padres José y Manuela y su hermana mayor, Cecilia.

Los primeros eran ambos empleados municipales y su hermano se desempeñaba como mecánico dental. Con ella, tenían una relación fraterna con los altibajos naturales de los hermanos, pero siempre los desencuentros los superaban fácilmente.
Irina, de diecisiete años, había pasado de ser casi sin darse cuenta, de una adolescente esmirriada a una joven de cuerpo esbelto y de enormes ojos castaños. Tenía además una hermosa sonrisa. Que le conferían a su rostro un toque de sensualidad inocente y provocador a la vez. Despertaba en muchos jóvenes una atracción natural reflejada en sus miradas, pero ella se mantenía indiferente a la espera del hombre de sus sueños.
Era tímida y sensible a pesar de su juventud, tenía madurez suficiente como para saber cuál era su meta. Deseaba conocer un amor sincero al cual poder entregarse en cuerpo y alma.
Sabía también ser aplicada en el estudio y su vocación era trabajar como educadora preescolar. Cierto día Irina estaba indispuesta, faltó a sus clases. A las diez de la mañana sonó el timbre de calle. Se sobresaltó, puesto que estaba sola.
Miró por la mirilla y divisó a un joven a través de ella.

         -¿Quién es? –preguntó.
         -Soy Andrés, hermano de Antonia, amiga de Cecilia, vengo a devolverle esta cuadernola.
Irina abrió. Un muchacho veinteañero de cabello castaño y mirada risueña de se encontró frente a ella. Irina aún lucía el pijama de florcitas y el pelo algo desordenado.
         -Déjame, Cecilia llega al mediodía.
         -Bueno, gracias, disculpa si te he despertado. La voz suave del joven la atrapó.
Supo que Andrés trabajaba en la mejor farmacia de la ciudad. 

Irina comenzó entonces a buscar excusas para concurrir a ella, un medicamento para su mamá hoy, un cosmético para ella mañana. Cierto día, Andrés la abordó.
         -¿Podemos tomar un café mañana?
Ella accedió luego de unos instantes. La cita era en una pequeña cafetería “El rincón azul” frente a la plaza principal. Allí llegó Irina a las dieciocho con su tapado de tweed gris, sus botas de gamuza beige y su mejor sonrisa.

Tomó asiento frente a la ventana. Al pasar un cuarto de hora, comprendió que Andrés no vendría. En eso estaba, cuando un hombre muy extraño tomó asiento frente a ella.

Soy el señor destino. Sé que esperas a alguien pero a esta hora estoy abrumado por el cansancio, debo dormir al menos cinco minutos para recobrar fuerzas.

Diciendo esto se quitó el yelmo que portaba sobre su cabeza y se desplomó dormido sobre la mesa. Irina tenía el alma desosegada y dolorida. Era su primera cita.
Se marchó calla abajo, gruesos lagrimones descendía de sus ojos. Al contarle lo vivido a su hermana, ella trató de contenerla. Todos sabían que Andrés había tenido una relación con una ex-compañera de trabajo. Quizás habrían retomado la relación.

Pasaron días. No sabía nada de Andrés. Un día mientras cenaba, sintió un golpecito en la ventana del fondo. Se acercó a mirar. Vio al señor destino haciendo señas para que le abriera. Ella accedió porque sintió que le inspiraba confianza.

         -Voy a reparar mi error. Discúlpame por dormirme aquél día. Te prometo repararlo pronto. Al otro día sonó el timbre de calle.
         -Soy amigo de Irina, sintió que alguien le decía a su madre.
Se acercó. Vio entonces a Andrés que tenía en su mano un enorme ramo de rosas amarillas.
         -¡Hola amor! Perdona el plantón. Debí arreglar ciertos asuntos pendientes. Espero sepas disculparme. Quiero que desde hoy seamos novios. Caminaremos siempre juntos por la vida y prometo convertirte en la más feliz de las esposas.




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